Hay paz que no es paz

Día 262

Santiago 4:1-10

Dr. Luis Gómez Chávez

Lectura del Nuevo Testamento

Santiago comienza el capitulo 4 diciendo, ¿de dónde vienen las guerras y los pleitos? Si la finalidad de nuestra vida son los placeres, lo único que se tendrá son pleitos, conflictos, guerras, odios y divisiones, etc. Pero si la finalidad es honrar a Dios, lo primero que se tendrá es satisfacción en el corazón.  Platón escribió: “La sola causa de los pleitos y las guerras, no es otra cosa que el cuerpo y los deseos”.  De los deseos surgen los pleitos, desacuerdos, divisiones, odios,  discordias,  enemistades y guerras.  Cuando se hacen las cosas sin depender de Dios, recurramos  a nuestros medios, y esto, generalmente termina en pleitos o fracaso. (v.1-2).  El descontento o insatisfacción se da cuando tenemos motivaciones equivocadas (v.3-4). Buscamos con egoísmo quedar bien con los demás y no en hacer la voluntad de Dios.  Buscan asociarse con el mundo y tener beneficios personales, es egoísmo (v.5-6).

En 1993 se firmaron los acuerdos de paz en El Salvador entre la Guerrilla y el ejercito; sin embargo, nunca ha habido paz, solo guerra psicológica, verbal, emocional, intencional, abierta.   La paz que el mundo dice que es paz es una utopía, no es verdad, siempre, aunque se firmen acuerdos, convenios, tratos y alianzas, no hay una genuina y honesta relación.   Hoy vemos con claridad lo que sucede en el país que en el 93 se firmaron los acuerdos de paz, que yo sepa, desde ese día, no se ha vivido un día de completa paz, que si es verdad que terminaron los enfrentamientos entre la guerrilla y el ejército, pero una nueva  guerra se propicio, y esta guerra es más cruel y sin valores que la anterior.

El gran error siempre ha sido el mismo, y estoy seguro que seguirá siendo el mismo, el no tomar en cuenta a Dios. Es que la verdadera paz comienza en el alma, en el corazón, comienza en Dios.  El hombre con todo lo que tenga y con lo que sea, y con todo lo que haga por conseguir la paz, si en caso lograra sosegar su alama por un tiempo, lograra que cese la guerra literal, pero en lo profundo del ser de cada uno siempre habrá una lucha que no le dejara tranquilo, y es porque está en enemistad con su propio Creador.  Es por consiguiente que, la paz humana, la paz de este mundo, es muy diferente a la paz que solo Dios puede dar.

Jesús dijo, la paz que yo os doy no es como la paz que el mundo os da.    Sabe, en el tiempo que escribió Pablo, era muy conocida la pax romana, y se refería a que buscaban que el Cesar fuese reconocido como el único rey… Fue un período de relativa calma, durante el cual no hubo que hacer frente ni a guerras civiles del calibre de las del siglo I a. C., ni a grandes conflictos con potencias extranjeras, como en las Guerras Púnicas (siglos III y II a. C.).  Se refiere a un estado de calma donde no hay guerra física, más la guerra interna, la del corazón, la espiritual, siempre estuvo ahí presente.

La paz que el mundo logra llegar a obtener no es la paz que Dios da, la que Jesús promete.  La paz que Dios ofrece se recibe solo por medio de Jesucristo.    El ser humano sin Cristo está en una repeine y declarada enemistad con Dios, la cual no puede ser abolida a menos que se tenga fe en Cristo, y se reciba a él como Salvador y Señor.     Solo por medio de Cristo es que somos reconciliados con Dios por medio de la justificación en Cristo, lo cual nos permite vivir en paz y amistad con Dios.   Lo hermoso de todo esto es que Cristo sigue reconciliando al hombre con Dios, todos los días,  no importa el nivel de enemistad que tenga con Dios.

El ser humano está buscando salida a sus problemas solo que esta  buscamos mal, pues no toma en cuenta a Dios.  Santiago  propone un camino mejor: confiar en Dios y someter su vida a él.  No importa lo que esté pasando ahorita, confiemos en Dios,  y con seguridad que todo saldrá mucho mejor.  La verdadera paz es en Dios, está en tener a Cristo en el corazón, esta vivir en obediencia a la Biblia, en hacer lo que Dios desea que haga.   No importa como vivas, lo que estés pasando, lo que estés sintiendo, sea doloroso o triste; deja que la paz de Dios repose en tu vida.

 

 

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