Privilegios y responsabilidades por ser hijos de Dios

Día 247
He. 12:18-29
Dr. Luis Gómez Chávez
Lectura del Nuevo Testamento

 

Para recibir el pacto antiguo, los israelitas tuvieron que venir a las humeantes y secas laderas del Sinaí.  En un sentido el antiguo pacto visible fue terreno, terrible que hacia variable la relación entre Dios e Israel.  Era un pacto de temor (v. 20, 21).

 

En contraste, los lectores de Hebreos han venido al monte de Dios, que representa la celestial, invisible, gloriosa y naturaleza de gracia del nuevo pacto.  A través de la sangre de Cristo y su mediación nos hace partícipes del nuevo pacto pudiendo venir a la presencia de Dios, no con miedo y temblor como los israelitas al monte Sinaí,  sino con seguridad y confianza.

Podrá notarse que el término, “Iglesia de los primogénitos” del verso 23 está en plural en el griego y se refiere a aquellos creyentes quienes se consideran primogénitos con sus derechos de nacimiento y herederos como hijos de Dios, en contraste con Esaú quien despreció su primogenitura.  La frase, “los cuales están escritos en los cielos” (v. 23  K.J.V.) sugiere que los “primogénitos” están aún en la tierra pero han sido anotados en los registros celestiales.  Entonces, cuando una persona cree en Cristo, él o ella tiene acceso inmediato en la presencia de Dios y se convierte en un habitante teórico de la Jerusalén celestial, la cual está formada de millares de ángeles; de los creyentes que están sobre la tierra, y los “espíritus de los justos hechos perfectos” (los justos muertos en ambos pactos cap. 10: 14, 11:40).

La sección final del verso 25 -29  trae a una conclusión en el argumento del autor que los grandes privilegios del nuevo pacto demandan grandes responsabilidades.  El verso 25 exhorta a los lectores a ser cuidadosos y no desecharlo a “El” (Dios) que habla. La exhortación podría revocar la declaración dada en el prólogo de la carta que “en los postreros días (Dios) ha hablado a nosotros por su hijo” (1:2).  En el Sinaí los israelitas trataron de quitar su oído de la voz de Dios (Éxodo 20:18,19). Pero si los israelitas, quienes tuvieron una parcial y limitada revelación, no pudieron escapar del juicio de Dios a causa de su desobediencia a lo que oyeron ¿Cómo podrán aquellos quienes han oído la palabra de Dios hablada desde los cielos por su Hijo, escapar de su ira, si ellos rechazan la suprema revelación y bendiciones del nuevo pacto?  Cristianos, por su inmutable fundamento en Cristo podríamos ser agradecidos y adorar a Dios con reverencia y temor (v. 28).

¿Estamos aprovechando estos privilegios y cumpliendo con estas responsabilidades como hijos del Dios altísimo que somos?

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