¿Qué de tu vida es tuyo?

Día 264

Santiago 4:13-17

Dr. Luis Gómez Chávez

Lectura del Nuevo Testamento

El ser humano por naturaleza es jactancioso, le gusta sentirse grande, superior, independiente, y hasta dueño de todo.  Por naturaleza no le gusta obedecer, estar sujeto a reglas, tener a otros que le orden, pues su placer esta en ganar, estar arriba, tenerlo todo, y que el mundo este a sus pies.   Tal es el caso que el ser humano ve la vida como que si es algo que le pertenece, ve el tiempo como que si lo puede manejar, usa su cuerpo como que si es de su propiedad, vive la vida pensando en que nunca se le acabará.

Lea con cuidado este pasaje. ¿No es verdad que aun el hombre y la mujer común sienten, piensas y actúan así algunas veces?   Todos de pronto hacemos planes como que si el tiempo y la vida nos perteneciera, como que si el mundo  está a nuestros pies, como que si Dios no existiera.   Imagínese, nos acostamos sin reflexionar en los peligros del día, y quien se encargo de darnos el aire que respiramos, o la protección en la calle.  Al amanecer, vemos salir el sol como una obligación del día, tan normal, tan natural, que no pensamos en que pudo haber tenido complicación en el sistema planetario, y que es Dios quien está pendiente de todo para que funcione a la perfección.

Es normal que nosotros los humanos sentimos, pensamos, planeamos, actuamos y hacemos cosas  con tanta libertad y soberanía como que si fuéramos dueños absolutos de nuestra vida, del tiempo, bienes, familia, trabajo, talentos, dinero, etc, y hasta la tierra completa.    Decimos, sin tomar en cuenta a Dios, “mañana iré a tal lugar, hare tal cosa, compra un carro, comeré algo rico, etc.”.  Este es un gran error, error digo, es un claro pecado de soberbia, arrogancia, superioridad, independencia, y jactancia.

Según el salmo 24:1, lo que hay en el cielo y en la tierra, incluyendo los seres humanos, todo pertenece a Dios.   Luego 1 Co. 4:1-2 dice que todos somos administradores de lo que Dios nos ha encomendado, y que solo somos responsables de ser fieles, pues no somos dueños de nada, porque todo pertenece a Dios.  Quiere decir entonces que ni nuestra vida, ni mucho menos lo que decimos tener nos pertenece, pues  somos mayordomos o administradores de esto delante de Dios.

En una próxima, antes de hacer o planear algo, pida la aprobación y dirección a Dios.   Las cosas siempre salen mejor cuando se recibe la aprobación de Dios y se hace en las dimensiones de la obediencia.

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Otra faceta del respeto

Dia 263

Santiago 4:11-12

Dr. Luis Alberto Gómez Chávez

Lectura del Nuevo Testamento

Esto es posible que a todos nos haya pasado  ya, el emitir un juicio de una persona, a veces in conocerla.   Es más frecuente que hagamos esto acerca de una persona que ya conocemos.  Esto dice la Biblia que es juzgar, pero Santiago dice que no juzguemos a los demás. El sentido de Santiago es no emitamos un juicio, opinión, un veredicto acerca de una persona, evento, lugar o cosa con la intención de dañar, u beneficio personal, sino que si se hace se debe ser justo.

Parece ser que en estos dos versículos, si recordamos la secuencia del argumento que trae el escritor, antes nos ha dicho que el mal uso de la lengua, los pleitos y las guerras son el resultado de nosotros mismos.  Por consiguiente, cuando estamos juzgando injustamente, o a la ligera sin conocimiento, es falta de respeto, no somos objetivos, y la intención no solo es maligna y destructiva.  Cuando emitimos un criterio, una opinión y una posición acerca de alguien solo por su apariencia o su forma de pensar, sentir y actuar, se está siendo injusto.

Jesús dijo, tú que juzgas, mira primero la viga que hay en tus ojos antes de señalar la paja del otro.    Por otro lado, el consejo es, no juzgues para que no seáis juzgados. Hay diferentes maneras de juzgar a otra persona, práctica que se estaban dando entre los cristianos en la diáspora.    Santiago dice que murmurar viene a ser una manera de juzgar, quienes usan la ley a su manera, y rechazan la manera como Dios la ha dejado, es otra manera de juzgar o emitir un veredicto o conclusión acerca de algo o alguien.

El problema está en que cuando hacemos eso, no solo nos convertimos en jueces, sino que estamos desobedeciendo la ley la cual con claridad nos dice que hacer y qué no hacer.  La misma palabra sugiere la acción de reconocer, valorar, estimar y apreciar lo correcto, bueno y efectivo de una persona. Sin embargo, la idea de Santiago es que había personas que estaban murmurando, hablando, criticando y emitiendo opiniones acerca de alguien.  Hacer esto de manera maligna y mal intencionado es otra faceta de la falta del respeto, y creo que esto se repite mucho consciente e inconscientemente.

El único que tiene derecho y poder para juzgar nuestras vidas es Dios, quien es el Creador de la ley.  Juzgar significa gobernar, dirigir, reinar, pero en el sentido de Santiago es sobre la acción de criticar, señalar, hablar, murmurar, y emitir un criterio sobre otra persona sin saber quién es, como es, y lo hace sin ser justo.  Hay cosas de las personas que uno puede ver que no están bien, o que hace mal, o que viste mal, actúa mal, lo mejor que se debe hacer es ir donde está la persona y hacerle ver las cosas para el bien de esta persona no es juzgar, pero hacerlo a espaldas es juzgar, es incorrecto.

Aprendamos a respetar a los demás como personas que son…. Y si de pronto ve o escucha algo mal en esta persona, búsquela y con amor hágale saber.

 

 

Hay paz que no es paz

Día 262

Santiago 4:1-10

Dr. Luis Gómez Chávez

Lectura del Nuevo Testamento

Santiago comienza el capitulo 4 diciendo, ¿de dónde vienen las guerras y los pleitos? Si la finalidad de nuestra vida son los placeres, lo único que se tendrá son pleitos, conflictos, guerras, odios y divisiones, etc. Pero si la finalidad es honrar a Dios, lo primero que se tendrá es satisfacción en el corazón.  Platón escribió: “La sola causa de los pleitos y las guerras, no es otra cosa que el cuerpo y los deseos”.  De los deseos surgen los pleitos, desacuerdos, divisiones, odios,  discordias,  enemistades y guerras.  Cuando se hacen las cosas sin depender de Dios, recurramos  a nuestros medios, y esto, generalmente termina en pleitos o fracaso. (v.1-2).  El descontento o insatisfacción se da cuando tenemos motivaciones equivocadas (v.3-4). Buscamos con egoísmo quedar bien con los demás y no en hacer la voluntad de Dios.  Buscan asociarse con el mundo y tener beneficios personales, es egoísmo (v.5-6).

En 1993 se firmaron los acuerdos de paz en El Salvador entre la Guerrilla y el ejercito; sin embargo, nunca ha habido paz, solo guerra psicológica, verbal, emocional, intencional, abierta.   La paz que el mundo dice que es paz es una utopía, no es verdad, siempre, aunque se firmen acuerdos, convenios, tratos y alianzas, no hay una genuina y honesta relación.   Hoy vemos con claridad lo que sucede en el país que en el 93 se firmaron los acuerdos de paz, que yo sepa, desde ese día, no se ha vivido un día de completa paz, que si es verdad que terminaron los enfrentamientos entre la guerrilla y el ejército, pero una nueva  guerra se propicio, y esta guerra es más cruel y sin valores que la anterior.

El gran error siempre ha sido el mismo, y estoy seguro que seguirá siendo el mismo, el no tomar en cuenta a Dios. Es que la verdadera paz comienza en el alma, en el corazón, comienza en Dios.  El hombre con todo lo que tenga y con lo que sea, y con todo lo que haga por conseguir la paz, si en caso lograra sosegar su alama por un tiempo, lograra que cese la guerra literal, pero en lo profundo del ser de cada uno siempre habrá una lucha que no le dejara tranquilo, y es porque está en enemistad con su propio Creador.  Es por consiguiente que, la paz humana, la paz de este mundo, es muy diferente a la paz que solo Dios puede dar.

Jesús dijo, la paz que yo os doy no es como la paz que el mundo os da.    Sabe, en el tiempo que escribió Pablo, era muy conocida la pax romana, y se refería a que buscaban que el Cesar fuese reconocido como el único rey… Fue un período de relativa calma, durante el cual no hubo que hacer frente ni a guerras civiles del calibre de las del siglo I a. C., ni a grandes conflictos con potencias extranjeras, como en las Guerras Púnicas (siglos III y II a. C.).  Se refiere a un estado de calma donde no hay guerra física, más la guerra interna, la del corazón, la espiritual, siempre estuvo ahí presente.

La paz que el mundo logra llegar a obtener no es la paz que Dios da, la que Jesús promete.  La paz que Dios ofrece se recibe solo por medio de Jesucristo.    El ser humano sin Cristo está en una repeine y declarada enemistad con Dios, la cual no puede ser abolida a menos que se tenga fe en Cristo, y se reciba a él como Salvador y Señor.     Solo por medio de Cristo es que somos reconciliados con Dios por medio de la justificación en Cristo, lo cual nos permite vivir en paz y amistad con Dios.   Lo hermoso de todo esto es que Cristo sigue reconciliando al hombre con Dios, todos los días,  no importa el nivel de enemistad que tenga con Dios.

El ser humano está buscando salida a sus problemas solo que esta  buscamos mal, pues no toma en cuenta a Dios.  Santiago  propone un camino mejor: confiar en Dios y someter su vida a él.  No importa lo que esté pasando ahorita, confiemos en Dios,  y con seguridad que todo saldrá mucho mejor.  La verdadera paz es en Dios, está en tener a Cristo en el corazón, esta vivir en obediencia a la Biblia, en hacer lo que Dios desea que haga.   No importa como vivas, lo que estés pasando, lo que estés sintiendo, sea doloroso o triste; deja que la paz de Dios repose en tu vida.

 

 

Habla con sabiduría

Día 361

Santiago 3:13-18

Dr. Luis Gómez Chávez

Lectura del Nuevo Testamento

 

Santiago 3:1-12 es un pasaje fuerte, descriptivo, y exhortativo. Desde el v.1-2 el escritor establece una verdad universal basada en una verdad bíblica. Todos ofendemos porque todos somos pecadores. Si en caso hay una persona que no ofende con su lengua, dice Santiago, es perfecto, y eso es mentira, pues todos por hablar mucho corremos el peligro de decir algo que ofenda (v.3). Universalmente, todos ofendemos, la razón es porque ninguno es perfecto. Claro, estas verdades no pueden ser la justificación de todos para ofender a diestra y a siniestra. Ese es el cuidado del cual Santiago nos advierte, es verdad que ninguno esta excepto de ofender, lastimar, y dañar a otra persona con algunas palabra que dice, y esto puede pasar. Una cosa es hacerlo sin mala intención, inconscientemente, sin previa intención. Acá lo delicado es cuando se dicen cosas sabedores del objetivo por lo cual lo dice, que es para denigrar, para desquitarse, para lastimar, para manchar, o para hacerle un mal.

El reto es este, y ese es el propósito de Santiago, que aprendamos a refrenarla, dominarla, y controlarla para que digamos las cosas con coherencia a la persona, a lo que hay en el corazón, en la mente y a nuestra identidad de hijos de Dios. Una verdad delicada establece el escritor de este libro en el v.8 “pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal”. Humanamente no podemos controlar lo que sentimos, pensamos y decimos, pues esto depende del espacio que le damos al Espíritu, y el grado de sometimiento que tengamos hacia Dios, el grado de conocimiento y obediencia que tengamos hacia la Biblia, y cuan saturados estemos del amor de Dios.

Cuando amamos a Dios, obedecemos su Palabra, estamos guiados por el Espíritu, y estamos comprometidos en dar testimonio de quien es Dios, no diremos nada que ofenda, dañe, lastime o denigre a otra persona. Es verdad que en alguna vez lo hará, dirá algo que ofenda a alguien pero sin mala intención, sin premeditación, e inconscientemente. Santiago dice es inaceptable que un cristiano, en quien mora el Espíritu, quien tiene la mente de Cristo, que sabe lo que es bueno y lo que es malo, que en un momento use su lengua para bendecir y adorar a Dios y en otro para maldecir al prójimo (v.9), esto no debe ser así (v.10), como cristianos que somos debemos siempre hablar bien (v.12), para edificación, y honra de Dios.

En ambos casos se debe pedir perdón, se debe disculpar, pero más aun cuando se ha hecho con propósitos malignos o de la carne. El no pedir perdón o disculparse por algo que se dijo que ofendió, daño, denigro o mancho la imagen de otra persona, es más delicado aun, es soberbia, y eso no es parte del fruto del Espíritu. Dios premia al que reconoce su falta, y pide perdón. Estas acciones es lo que engalana el testimonio del evangelio, promueve la armonía y la paz. Todos somos responsables de buscar la armonía, promover la paz, de estar bien con todos.

En los vv. 13-18 el consejo de Santiago es que cuando hablemos lo hagamos con sabiduría, la cual viene de Dios.    Cuando ofendemos por hablar mal, estamos hablando según la sabiduría de la carne, y no la que Dios da por medio del Espíritu.   El v. 17 dice que cuando hablamos y actuamos con la sabiduría de Dios, somos puros, pacíficos, amables, benignos, honestos, y misericordiosos.  Siempre que hablamos y actuamos dirigidos por Dios, siempre buscaremos estar en paz con todo.  Así que, deje que el Espíritu lo guie en el momento de  sentir, pensar, hablar y actuar.

Cuidemos la lengua

Día 260

Santiago 3:1-12

Dr. Luis Gómez Chávez

Lectura del Nuevo Testamento

Este es un pasaje muy interesante que atañe a todos los seres humanos, todos los que tenemos lengua.   No se refiere al tamaño, color, grosor de ese órgano importantísimo del cuerpo y que es indispensable para el habla.    Ninguna persona puede hablar audiblemente si no tiene lengua.  Es más, cuando una persona tiene la lengua pero está pegada al paladar, no puede modular la voz, no puede mover la lengua para ir formando las palabras. Es por ello que, la lengua cumple una función importantísima en el cuerpo de cada ser humano, solo que se debe saber usar.

Santiago nos ha hablado en el final del capítulo 2 a que seamos prontos para escuchar la Palabra, y lentos para reaccionar y hablar.  Proverbios dice en varios lugares que sabio es quien sabe callar o guardar silencio porque en las muchas palabras hay pecado.   No obstante, cuando una persona sabe hablar, y usa correctamente su lengua, porque solo la utiliza para honrar a Dios, bendecir a los demás, y dar a conocer el amor de Dios, es agradable escucharla hablar.    Y claro, ese es el deseo de Dios, que todos utilicemos nuestra lengua para eso, honrar a Dios, edificar a los demás, y dar a conocer a Dios.

Es probable que en la iglesia a la cual Santiago escribe ya habían personas que les gustaba hablar más de la cuenta, o si hablaban poco pero cuando lo hacían, sus palabras eran como puñal que golpeaban a diestra y a siniestra sin ninguna compasión  y miramiento.    Lo que hacen las palabras dichas sin cuidado, sin amor, sin sabiduría, sin dirección del Espíritu Santo, y sin discernimiento o control es que ofenden, dañan, lastiman, destruyen, confunden y hasta hacen llorar.  Y en ninguna circunstancia se debe hablar así, máxime si se hace deliberadamente, con premeditación y alegocia.

Lo que está diciendo Santiago es que ninguno es perfecto, y quienes dicen que no ofenden con su lengua, es mentiroso (v.2).  Da ejemplos de cómo se  ponen frenos a los animales para ser controlados, como un solo timón puede controlar un barco, un bus, y un carro, y el timón es tan pequeño pero capaz de dominar, controlar y hasta manipular todo.   Así es la lengua, miembro tan pequeño en el cuerpo humano, pero es capaz no solo de controlar al cuerpo, sino se jacta de ser grande, habla hasta por los codos, sus palabras pueden ser buenas o malas, destructivas o edificativas.    Una sola palabra de la lengua mal dicha puede dañar a toda una familia, que digo a toda una iglesia.

Sin embargo, quien es hijo de Dios, al ejercitar su fe en Dios, deja guiarse por el Espíritu, se apega a la Palabra, habla con amor, y se limita a cumplir la misión de Jesús, lo más seguro es que sus palabras bendecirán, honraran a Dios, y edificaran a los demás.  Es por ello mis hermanos y amigos, cuidemos ese pequeño miembro que Dios nos ha dado para honrarlo y no para deshonrarlo, para amar al prójimo y no para lastimarlo, dañarlo, ofenderlo, y destruirlo.

Antes de hablar, piense lo que va a decir, antes de reaccionar medite en lo que va a decir, y cuando hable, hágalo con amor, sabiduría, con mucho cuidado, hable solo lo que honra a Dios y edifica a los demás. Cuide su lengua, porque si no la somete al Espíritu, y habla bíblicamente, se meterá en problemas. No hable a la ligera, no hable cuando está enojado (a), no hable con malas intenciones, no hable para vengarse, no hable solo por hablar, no hable lo que no le compete, no hable de las personas,hable solo para honrar a Dios, hable con amor y por amor.

Fe versus obras o fe más obras

Día 259

Santiago 2:14-26

Dr. Luis Gómez Chávez

Lectura del Nuevo Testamento

Santiago está tratando de resolver asuntos de la vida práctica de los creyentes.   El énfasis esta en el comportamiento siendo ya hijos de Dios, lo cual atañe también a los cristianos de este día.   Muchos cristianos de aquel tiempo como los de hoy viven la vida cristiana muy estéril, sin dar frutos, sin hacer obras coherentes con la nueva identidad en Cristo.   Por el otro lado, hay un mal uso acerca de la función o valor de las obras, ya que muchos creen que por las obras se es salvo.  Si uno lee a la ligera este pasaje terminara creyendo que Santiago está diciendo que las obras son para salvación, al decir que la fe sin obras está muerta.

El escritor cita a Abraham quien fue justificado por su fe, no por sus obras.   ¿Qué le dijo Dios a Abram?   “Vete de tu tierra y de tu parentela a la tierra que yo te mostrare”. ¿Qué hizo Abram?  Eso, dejo su tierra y su parentela y se fue a una tierra que ni conocía.  ¿Qué es eso, fe u obra?    Como unos 40 años más tarde, Dios le dijo, “Entrégame a tu hijo Isaac, el Hijo de la promesa”  ¿Qué hizo Abraham?   Llevo a su hijo hasta al lugar que Dios le indicó y en el momento de sacrificar a Isaac, Dios proveyó un Cordero en su lugar.  ¿Qué demostró Abraham, sus obras o su fe en Dios?

Una vez más diré que la definición más exacta para fe es obediencia, y obedecer no es obras, sino la demostración clara que tenemos fe en Dios.     Entonces, dice el v. 22 que la fe actúa juntamente con las obras y que la fe se perfecciona, desarrolla, se demuestra en las obras.   El v. 23 termina dando la respuesta a todo este dilema, “Abraham creyó a Dios y le fue contada por justicia”.  En otras palabras, Abraham fue justificado, declarado libre de culpa o de condenación porque tuvo fe en Dios, y porque creyó en las palabras que él le dijo es que obedeció.

En síntesis, Santiago está insistiendo que si creemos en Dios, si tenemos fe en Dios, debemos ser obedientes, y vivir de acuerdo a su Palabra, a la nueva identidad, demostrando el fruto del Espíritu.  Todo aquel que ha creído en Jesús, debe demostrarlo, no para ser justificado sino como demostración que ya es hijo de Dios.  Y este es el gran vacío eclesiológico de este tiempo también, solo hay una religiosidad mas no una relación personal, fresca, sincera y transparente con Dios.  Mas del 60% de los cristianos viven sin hacer obras que lo definan como un autentico cristiano, y para eso Dios nos ha salvado (Ef. 2:8-10), para que hagamos obras de arrepentimiento, para que obedezcamos siguiendo el orden de prioridad, a Dios, su Palabra, al Espíritu, a los padres, a las autoridades… que practiquemos el amor, la justicia, la misericordia.

Dime con quién andas y te diré quien eres, dime qué haces y te diré quién eres.   Si ya eres hijo (a) de Dios, compórtate como tal, porque si no lo haces, te estás exponiendo a que Dios actúe con justicia y amor.  El otro lado del amor es la disciplina. ¿Qué deseas  que Dios te de una palmadita de felicitación, o una palmadita de corrección?

¿Quién dijo que tú no puedes?

Dr. Luis Gómez Chávez

Hay personas que se vuelven inútiles por decisión propia llevando su estima al nivel más bajo a tal grado que sienten que nada pueden hacer, que no sirven para nada, que no tienen ninguna virtud o habilidad.  He escuchado a muchas personas decir cosas tales como: “Yo nada puedo hacer” “Yo no sirvo para nada”  “A mi nada me ha dado Dios”  “Cuando se repartieron las virtudes, los dones y habilidades, yo llegué tarde”. Sin embargo, todos tenemos algo que Dios nos ha dado. Un ejemplo:

Tras siete días de recibir atención en el Hospital Metropolitano, el futbolista Luis Bolaños, de Liga de Quito, quien el pasado 25 de febrero fue agredido con impactos de bala en el hombro y brazo derecho, recibió ayer el alta médica y agradeció a Dios por haberlo protegido en momentos difíciles. “Dios me dio una nueva vida y tengo que saber aprovecharla. Él está conmigo, siempre ha estado protegiéndome a mí y a mi familia; ahora solo debo pensar en mi recuperación”, sostuvo el Chucho, a quien se le dio tratamiento por tres heridas en el hombro derecho y una cerca del codo del mismo brazo.

            Dios nos ha dado todo, no solo la salvación sino que nos ha capacitado para cumplir su voluntad. El nos ha dado dones espirituales: oportunidad para servir y agradar a Dios.    La Biblia dice: “Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para toda buena obra” (Ef. 2:10), usa la palabra “poema” para decir que somos una obra de arte, no un producto de ensamblaje, sino alguien hecho por la mano de Dios.  Un diseño hecho a la medida, y deseo de Dios, él te hizo basado en el propósito divino, crearte para que le sirvieras (Sal. 139:13-14).  De manera que todo lo que nos pasa día a día, Dios lo utiliza para formarnos y  cumplir el propósito por el cual Dios nos creó, para servirle (Salmo 139:16).

El conformismo de muchos cristianos hoy es asombroso, uno por no valorar lo que Cristo ha hecho en su vida, dos por falta de amor, agradecimiento y obediencia a Dios, y tres por falta de reconocimiento que todo lo que Dios le ha dado es para que le sea útil.   A cada uno, si cada cristiano, ha recibido por lo menos UN don “carisma” “favor” “habilidad” sobrenatural con la cual puede servir a Dios y edificar a la iglesia.  Dios da los dones para provecho o beneficio de la Iglesia, el Cuerpo de Cristo (Ef. 4:11-13, Ro. 12:4-5). Cada cristiano tiene la manifestación de la energía, dínamos, y poder de Dios para hacer crecer y desarrollar su obra.   Es por ello que, los dones espirituales no son para sentirse superiores que los demás, orgullosos y envanecidos, sino privilegiado y responsable por la edificación y perfección de los santos y bienestar de la iglesia.

Los dones, las habilidades y las virtudes que Dios le ha dado a cada miembro de la iglesia, jamás deben ser motivo de discusión, celos, y envidia, sino que se deben aprovechar, respetar y usar de buena forma para cumplir el deseo original de Dios, su gloria y la edificación de la iglesia.  Después de saber lo que Dios nos ha dado, el Espíritu Santo, dones espirituales y la manera como Él quiere que los usemos, Pablo afirma que lo que Dios espera de nosotros, es una vida de servicio acompañado de amor (1 Co. 13:1-3).  Tú tienes lo necesario para poder servir no solo a Dios y tu iglesia sino a tu familia y tu comunidad, solo que se debe saber hacer.  Tú puedes…