Pon en acción lo que conoces de Dios

Día 232

Heb. 6:9-20

Dr. Luis Gómez Chávez

Lectura del Nuevo Testamento

 

               Esto es lo que he llamado “coherencia en la vida cristiana” en mi primer libro, “Un nuevo estilo de vida”,[1] y me refiero, vivir la fe cristiana según lo que hemos recibido. En Hebreos 6:9-10, el escritor de este libro ofrece otro paso más para superar la infancia espiritual y avanzar hacia la madurez espiritual. Una persona que ha recibido la Palabra de Dios y la ha entendido en su corazón la convierte en acción en su vida diaria. Un cristiano maduro es hacedor de buenas obras, (Ef. 2:10), mismas que Dios preparó de ante mano para que las practicara. Hebreos 6:9-11 dice, “estamos persuadidos de cosas mejores”, “Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor”  “que cada uno muestra la misma solicitud hasta el fin”.   El tema de buenas obras acá es la evidencia de madurez espiritual. En este punto, las obras tienen un valor de recompensa futura, no son méritos salvíficos, sino señal de la nueva identidad en Cristo, que ya se es salvo y que se avanza hacia la madurez espiritual.  Es ser hacedor de la Palabra (Stg. 1:19-23), vivir lo que cree y practicar lo que enseña.

Este mismo pensamiento lo comparte Juan, “Si un cristiano ve a su hermano pasar necesidad y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él? (1 Jn. 3:17).   Esto quiere decir que cuando un cristiano ve que su prójimo padece necesidad, y no lo ayuda, aun no ha alcanzado la madurez en el amor.   Recuerde 1 Co. 13:1-3, que todo lo que hagamos, seamos y pensemos debe estar motivado, acompañado y respaldado por el amor.   Cuando el amor de Dios es maduro en nosotros (estamos saturados), hacemos buenas obras (apegados a la Palabra) en obediencia al Espíritu Santo, entonces está cumpliendo la misión de Jesús.  Hebreos 6:10 llama a esto “trabajo de amor”, servicio, ministerio, entrega, compromiso, generosidad, acciones por amor.   Cuando somos cimentados en la Palabra, y nos apropiamos de la Palabra, esta nos mueve a mostrar el amor hacia los demás, y esto nos ayuda a crecer espiritualmente.

La madurez de una persona se ve en la manera que responde ante una necesidad detectada.   Por ejemplo, si un padre o una  madre ven en la sala un periódico, un libro, o un plato tirado, se espera que lo levante.   Es probable que el hijo no lo haga porque esta pequeño, pero al enseñarle,  adquiere responsabilidad, y luego cada vez que ve algo que hacer lo hará porque va madurando. La madurez espiritual se va desarrollando en la medida que el cristiano se va involucrando en la vida de servicio de la iglesia, pues aunque no sea experto, poco a poco va aprendiendo hasta ser expertos en algo, esto es madurez.

 

             [1] El libro “Un nuevo Estilo de vida, partiendo de la restauración de la Iglesia”, publicado en julio 2012 por Palibrio, puede adquirirlo en amazon.com o Barnes and noble.com.

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