Vivir contentos es lo mejor

Día 212

1 Ti. 6

Dr. Luis Gómez Chávez

Lectura del Nuevo Testamento

 

Contentamiento es una virtud espiritual muy poco entendida y practicada. “Luis, mire lo que tengo en mi cuenta bancaria,” dijo Eusebio. “Solo quiero completar otros $10,000 dólares más para enviarlos a mi país. Ya compré una casa, varias vacas lecheras, y tengo una buena cantidad de dinero en los bancos. Trabajo hasta diez horas al día porque quiero tener más”. En el rostro, en la voz y en los gestos de Eusebio se mostraba la sed y el hambre por el dinero.

La persona que no ha experimentado el contentamiento como una virtud transmitida por el Espíritu Santo sufre muchos problemas. La falta de contentamiento se demuestra en la insatisfacción, avaricia, desconfianza, intranquilidad, codicia, egoísmo, falta de dependencia de Dios, falsa espiritualidad, quejas, lamentos, reclamos contra Dios y mezquindad. Se duerme poco, se piensa mucho, olvida lo prioritario, no piensa en los demás, no está tranquilo en un solo lugar, hace muchos planes, siempre está haciendo números, ahorra lo que gana y nunca está feliz con lo que tiene. Hay personas que ni duermen por trabajar. Otros ven a sus hijos y esposa solo el domingo porque el resto de la semana está ganando dinero.

¿Conoce usted a una persona así? Puede que cerca de usted haya personas insatisfechas y descontentas con la vida, con lo que son y tienen. ¿Es usted una persona satisfecha con lo que es, lo que hace y con lo que tiene? Eva, la primera mujer en la Biblia, por ambición e insatisfacción, desobedeció a Dios (Gé. 3). Acán, por su avaricia y descontento robó un manto y dinero (Jos. 7). Judas, uno de los doce discípulos de Jesús, por amor al dinero, vendió a su maestro (Mt. 26:14-16). Ananías y Safira por la ambición mintieron al Espíritu Santo (Hch.5:1-11). La codicia es opuesta al contentamiento, pero “Gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento,” (1 Ti. 6:6).

El contentamiento es una virtud divina que da tranquilidad, satisfacción, seguridad, estabilidad, y optimismo en tiempos de abundancia o de escasez. Una de las cosas que más produce inconformidad, insatisfacción y descontento son las posesiones materiales. Lucas. 3:14-22 enseña a estar contentos con el salario y en toda situación y Mateo 6:14-34 enfatiza que el mejor antídoto para el afán y la ansiedad es confiar en Dios. ¿Soy feliz con lo que hago, recibo y hago? ¿Está satisfecha mi esposa e hijos material y espiritualmente? ¿Hay algo que mi esposa desearía tener, mi hija quisiera comprar y mis hijos anhelan conocer?

Cuando estoy contento, satisfecho, conforme y tranquilo con relación al dinero, veo la vida con otra perspectiva. El contentamiento es más que dinero o bienes materiales, es una vida de entrega, dependencia, confianza y satisfacción en Dios y su Palabra. Es una relación estrecha, fresca, transparente, sincera, limpia, constante y de fe entre el cristiano y Dios. El reto es aprender a vivir confiado en Dios y agradecido por cada circunstancia, pues estas son parte del proceso divino que busca lo mejor para cada persona. Creer en que Dios está en control de todo lo que nos sucede como dijo Pablo: “He aprendido a saber vivir en toda circunstancia, de bonanza o escasez”, es más importante que lo que hacemos para sentirnos satisfechos (Fil. 4:4-6, 12, 13,19).

El contentamiento no lo producen las cosas, sino Dios porque él se encarga de dar gozo, regocijo y alegría. En Nehemías 12:43, contentamiento significa “regocijo y alegría”. Es el pueblo de Israel quien dice: “tenemos alegría, regocijo después que hemos ofrendado a Dios”. El resultado de dar a Dios no solo los bienes materiales, sino la vida misma es la alegría, la satisfacción, y la realización. Dios es el que produce el verdadero contentamiento no las cosas. Este no viene por lo que damos sino porque a Dios le place dárnosla.

El contentamiento del que habla la Biblia, tiene su base en Dios, en la relación madura con el Espíritu, en el grado de obediencia de la Palabra y en las profundas convicciones de fe. Por lo tanto, el verdadero contentamiento no depende de la abundancia o de la escasez; sino de la constante relación con Dios (Jn. 15:5,8; Fil. 4:13). San Pablo destaca dos aspectos de Dios en relación al contentamiento: la provisión de Dios para sus necesidades y la suficiencia de la gracia de Dios para cada circunstancia (Fil 4:6, 7, 13,19). Así que, tenemos contentamiento porque Dios es fiel, soberano, provisor, justo, cuidadoso, libre e independiente para hacer su voluntad. Dios provee para todas las necesidades materiales y obra en cada circunstancia para el bien de cada uno (Sal.23, Ro. 8:28). Quien teme y espera en Dios ha encontrado satisfacción y descanso para su alma.

Todo lo que somos, hacemos y tenemos viene de Dios como resultado de su gracia, su amor y su fidelidad. Pablo aprendió que la gracia de Dios es suficiente para vivir contento en toda circunstancia. La gracia como favor inmerecido de Dios hacia nosotros a través de Cristo y la ayuda divina que él da a través del Espíritu Santo, ambas dimensiones son necesarias para el contentamiento. La primera tiene que ver con nuestra relación con el Dios soberano que nos da todo aun cuando no merecemos. La segunda tiene que ver con nuestra relación de dependencia con Dios por medio de la acción diaria del Espíritu Santo.

De esta forma Bridge concluye: “Debemos aprender que aunque nuestras circunstancias sean difíciles y frustrantes, la ayuda de Dios a través del Espíritu Santo nos es accesible para ayudarnos a responder en una manera piadosa y a contentarnos.” El Espíritu Santo como Consolador, Ayudador, Intercesor, Protector y Proveedor nos aclara cuando no entendemos las cosas que pasan e intercede delante del Padre para que su gracia se manifieste en nuestra debilidad y necesidad.

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