El poder de la misericordia de Dios

Día 207

1 Timoteo 1

Dr. Luis Gómez Chávez

Lectura del Nuevo Testamento

 

No hay duda alguna que Dios es Grande y Maravilloso, lástima que el mundo no quiere comprobar esta gran verdad.  San Pablo nos cuenta de estas virtudes o atributos de Dios: perdonador y misericordioso.  Lea con mucho cuidado este capítulo, específicamente los vv. 12-20 y  lo descubrirá.  ¿Quién era Pablo, que hacia Pablo y que merecía Pablo? Era perseguidor, blasfemo e injuriador.   Miembro del Sanedrín, fariseo, enemigos declarados de los cristianos, dispuesto a encarcelar a todos, de ser posible arrastrados.

Según el pensamiento de Pablo, lo que él hacía, el perseguir a los cristianos, el hablar mal de los cristianos y del evangelio, y el injuriar en contra de los seguidores de Jesús era cumplimiento de la ley, era algo aceptable, y Dios lo aprobaba.  No obstante, era todo lo opuesto, porque estaba luchando contra Dios mismo, se había vuelto enemigo de Dios, y del plan de Dios.   Realmente, lo que Pablo merecía era que Dios lo castigara de tal manera como él se lo merecía.

Me encanta apreciar la misericordia de Dios en el v.13 después de leer el v.13 donde dice lo que Pablo era, es algo delicado: blasfemo, perseguidor e injuriador, pero luego dice el v. 14 “pero la gracia de nuestro Señor fue más abundante” en el sentido que lo perdonó.    Eso es misericordia, que mereciendo uno castigo, por amor, Dios decide perdonarnos.  Qué lindo es esto, saber esto es confortante.  Y no solo lo perdonó, sino que lo escogió como instrumento de su gracia, (v.16) “pero para esto fui recibido a misericordia”, para mostrar el amor, la clemencia de Jesús.

Dios no ha cambiado.   Dios sigue mostrando su misericordia, su gracia, su clemencia, su amor y su perdón.    Ningún pecado, ningún pecados le es imposible a Dios perdonarlo, mostrar misericordia y clemencia.  Dios puede perdonar hasta el más vil pecador, todo está en que el pecador reconozca su pecado y la necesidad de creer en  Jesús como su Salvador personal.  Cuando una persona, por muy pecadora que sea, hace eso, la misericordia, el amor, y la gracia de Dios se desborda a torrentes, no hay nada que Dios no pueda perdonar.

Así como Pablo reconoce y agradece  a Dios por el perdón, por la misericordia, y por su amor, y como experimentó la gracia transformadora de Dios; toda persona, no importa su pasado y presente, no importa su condición moral, si cree en Jesús; la experimentará también.  El poder de la misericordia de Dios es más grande que todo.    Pase este mensaje por favor, a quienes aun no lo han experimentado.

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