Hablando de misterio, ¿De dónde salió la Iglesia?

Día 188

Efesios 2-3

Dr. Luis Gómez Chávez

Lectura del Nuevo Testamento

Si en la mente de los discípulos, el termino y el proyecto de la Iglesia no existía, mucho menos en la perspectiva de los profetas del Antiguo Testamento.    Algunos han llegado a decir que la Iglesia como pueblo de Dios ya existía en el Antiguo Testamento.  Sin embargo, lo que encontramos en el viejo testamento es la palabra qahal que entre sus traducciones esta “convocatoria, reunión, asamblea, llamado”.    Palabra que era usada por los príncipes de Israel cuando convocaban a la congregación del pueblo judío para reunirse.   A finales del siglo I antes de Cristo y en el inicio del Siglo I después de Cristo se comenzó a usar la palabra “Sinagogue” que mantiene el significado de Qahal, con la diferencia que ahora agrega el lugar de reunión.  En otras palabras, en el tiempo de Jesus, las sinagogas eran los lugares donde se reunían los escribas, fariseos y saduceos y los judíos que deseaban estudiar la Ley de Moisés.

Cuando  Jesús utiliza por primera vez la palabra Ekklesia en Mateo 16:16-18, no está pensando en el significado de qahal ni sinagogue, que era convocación donde se invita al pueblo de Israel a reunirse en un lugar determinado. Aquí, el maestro está pensando en el nuevo pueblo que levantara, lo cual es un misterio, algo desconocido para los apóstoles, pero que es lo que da sentido al plan de Dios y a la escritura de Juan 1:11-12, o y de Moisés en Ge. 12:1-3, donde dice que en Abraham, o en Jesús serán benditas todas las familias de la tierra.

Jesús en Juan 17 dice que ora no solo por los discípulos sino por aquellos que habrán de creer en el mensaje de los doce.   Es más, en Juan 10, Jesús como el buen pastor dice que tiene otras ovejas que no son de su rebano, y que esas también ha de atraer para hacerlas entrar por la puerta al redil, y El mismo es la puerta.    Estas dos referencias son directas a nosotros los gentiles, luego para confirmar la visión de Jesús, en Mateo 28 y Hechos 1:8  envía a los discípulos a predicar el evangelio y a hacer discípulos  a toda criatura, lo cual sugiere un alcance universal, territorial, escatológico, y sin acepción de personas.

Con todo, cuando leemos Efesios 2, descubrimos que los cristianos de Éfeso no saben del plan de Dios que levantara un nuevo pueblo, aun no se les ha explicado lo que sucedió en Hechos 2, donde se inauguro el nuevo pueblo de Dios, la Ekklesia de Dios.   Es por ello que Pablo, a quien Jesús  mismo le  revelo y explico muy bien el tema del misterio (Ga. 1:12-18), con autoridad, confianza y seguridad explica la manera como Dios formo su nuevo pueblo, la Iglesia, de dos pueblos que no eran pueblos (judíos y gentiles) (Ef. 2:11-22).

Quien hace posible esta unión entre dos pueblos que no se querían (v.11), los gentiles por su parte, no tenían ni esperanza, estaba alejados, ajenos de promesa alguna (v.12), pero por la obra de Cristo en la cruz, han sido acercados (v.13), derribando la pared de enemistad que dividía a ambos pueblos (v.14-15,17), y así crear de dos un solo y nuevo hombre (pueblo) (v.15) con la posibilidad de ser salvos por Cristo y entrar a la presencia misma del Padre por un mismo Espíritu (v.18).    Ahora, todos los que creen en Jesús, sean judíos o gentiles, vienen a ser parte de la familia de Dios (v.19), la Iglesia que tiene un único fundamento, Jesús y la enseñanza de los  apóstoles y profetas (Antiguo y Nuevo Testamento), la Palabra de Dios.

La iglesia es el nuevo pueblo formado por Jesucristo al morir en la cruz y todo por el profundo amor de Dios (3:14-21).  Era la única manera para cumplir Génesis 3:15, 12:1-3, Isa. 42, o sea el plan de Dios.   La iglesia somos el pueblo de Dios, que comienza en Hechos 2 en el día de Pentecostés, y será levantada cuando Cristo venga en las nubes, en el día del arrebatamiento (1 Te. 4: 13-18).   Alabe a Dios, alabemos a Dios por este gran misterio que fue develado pues en este estaba escrito que nosotros los que merecíamos solo la muerte eterna, Dios que es rico en misericordia (Ef. 2:1,5) nos dio vida juntamente con Cristo.    Amen por ese plan, pero aun más, amen por el amor y misericordia de Dios (3:17-19).  ¡Viva para alabar y agradecer a Dios por su amor, perdón y salvación! (Jn. 1:11-12, 3:16).

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