Cuidado, de eso todos podemos padecer.

Día 177

2 Corintios 11

Dr. Luis A Gómez Chávez

Lectura del Nuevo Testamento

La verdad es que si hay una persona que podría tener suficientes bases para sentirse grande, superior, y tener suficientes motivos de grandeza hasta la soberbia es el apóstol Pablo. La lista de eventos, cosas y pruebas que él tuvo que pasar para cumplir la misión encomendada por Jesús es inigualable, y es probable que ningún de nosotros en este tiempo estaría dispuesto a soportar y mantener al mismo tiempo un espíritu de humildad y no sentirse importante.

La lealtad de Pablo a Dios y al ministerio a pesar de los sufrimientos que experimentó (v.16-33),  no le subieron los humos de grandeza como lo hacen los falsos.  Los versículos 16-22 describen el espíritu aventurero de Pablo al realizar sus viajes vía marítima, era peligros por muchos ladrones. Y en los vv. 23-33 hace una lista de sufrimientos, ¿Quién de los falsos apóstoles de ese tiempo y de los de hoy podría soportar tanto sufrimiento sin negar la fe en Cristo o renunciar al ministerio?

Cuando se ama y se está convencido del llamado y de la misión; se está dispuesto a pagar el precio no importando lo alto que este sea.   San Pablo, convencido del llamado de Dios, agradecido por el amor de Dios, con seguridad y disposición sufre lo que sea con tal de cumplir la tarea que Dios le había designado.  La prueba de su apostolado es que aguantó todo clase de sufrimiento sin abandonar su misión. Él siempre mantuvo convicción, disposición y fervor y no abusó para volverse soberbio, orgulloso, grande, superior, sino que mantuvo su mismo espíritu de ser siervo de Jesús y con plena disposición de vivir solo para él.

Cuando nos envanecemos por los intereses personales, cuando el ego, la ambición, la avaricia, y las ansias de poder o fama es lo que motiva el espíritu de grandeza y superioridad; esa gloria y ese pudor es pecado, desagrada a Dios, ofende y mancha el evangelio.   Y lo tremendo es que de ese mal todos podemos padecer en menor o mayor grado.  Es un mal por la naturaleza pecaminosa que está en nosotros, y que solo puede ser controlada por el Espíritu Santo, lo cual implica someternos a él.

Es por lo dicho arriba,  que debemos tener cuidado con la soberbia, el orgullo, el sentirse mejor o superior que los demás, el vanagloriarse a uno mismo, el sentirse triste porque no lo reconocen o lo aplaudan, eso es pecado.   Si en algún momento ha sentido o se ha sentido mejor o superior que otra persona, pida perdón a Dios, porque eso es señal de soberbia y vanagloria.

 

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