El precio de la Independencia

Dr. Luis Gomez

El concepto  de la independencia o libertad varía de un país a otro, de una región a otra, de un continente a otro  y de una cultura a otra cultura. Con todo, la decisión de adquirir o dar libertad o  independencia en todos los lugares tiene un precio que lo paga tanto el que concede ese privilegio como el que lo recibe.    Por ejemplo, la Biblia cuenta de un joven que sintiéndose ya mayor y con derecho pidió al padre la oportunidad de vivir la libertad e independencia.    El padre concedió con sabiduría  ese privilegio y el joven lo recibió con alegría e imprudencia.    El padre pagó el precio alto de quedarse solo sufriendo al saber  lo que le esperaba a su hijo  si no sabe vivir en contentamiento y obediencia. El joven por no saber vivir en esa libertad e independencia; pagó tan alto precio  por su desobediencia, autosuficiencia, arrogancia y falta de temor  que terminó en el más denigrante fracaso.

¿Qué le hacía falta a este joven en casa de sus padres?  ¿Era tan mala la relación con sus padres como para desear vivir fuera de esta?   ¿Acaso vivir fuera de casa es mejor que vivir dentro de ella?  ¿Qué es lo más valioso que hay en casa que todo lo que esta fuera lo puede superar?  ¿Acaso lo que hay  fuera del hogar con los padres y hermanos  no es mejor que lo que lo que hay afuera tales como amigos, diversiones  y lo demás?   ¿Realmente se llega a ser libre o independiente con el solo hecho de dejar el seno del hogar donde se vive gobernado por reglas, valores, principios, disciplina, horarios, costumbres, y acciones comunes?

¿No es verdad que jamás se es totalmente libre estando liberado del yugo natural del hogar?   ¿No es libertinaje en lo que se convierte la libertad o la independencia cuando esta no toma en cuenta el estilo de vida que tuvo dentro del hogar?  ¿Acaso no son mejores personas que deciden vivir bajo los patrones del hogar donde se enseña el temor a Dios, la obediencia a la Biblia, la practicas de valores eternos comparado con aquellos que por el deseo de libertad e independencia terminan siendo esclavos de otras cosas peores u otras personas peores que los padres?

Quien alcanza la mayoría de edad, se espera que ya esté preparado para vivir la vida de independencia aunque no siempre se da.  En el contexto americano, muchos padres se apresuran para que sus hijos lleguen a esa edad,  pareciera que sus hijos son  una carga en sus casas.   Por lo general, la cultura americana ve como algo  normal que los hijos después de la High School  se independicen.  La cultura hispana por lo general aboga por un estilo de vida hogareño al no impulsar que los hijos salgan de sus casas a no ser que ya sean mayores de edad, gocen de madurez, confianza y capacidad de mantener un estilo de vida con cordura.

El precio que paga el padre por conceder la libertad o independencia a sus hijos  por un lado es la confianza que sus hijos sabrán tomar las mejores decisiones para sus vidas basado en la formación  que recibieron mientras estuvieron bajo  la cobertura  familiar.   ¿Es total la libertad o la independencia que el padre debe dar a los hijos o ha de estar pendiente de sus hijos como responsabilidad delante de Dios?   El padre será padre del hijo (a) siempre, sea que este se va  del hogar o se queda.   La responsabilidad es tan latente que aunque esté lejos del hogar en una semi independencia,  si ve que este (a) va rumbo al abismo, el padre no se quedará cruzado de brazos, sino que como responsable delante de Dios, irá en busca del hijo  (a) y lo recibirá cuando regrese golpeado  como resultado de su desobediencia.

El precio que paga el hijo (a) que decide independizarse de sus padres o liberarse de las ligaduras de su casa, es la responsabilidad de sus decisiones, acciones y consecuencias.  La vida de independencia  sin temor de Dios y obediencia a la Palabra es como el licor según Prov. 23:31-35 que entra suavemente hasta dominar todos los sentidos. Es una vida sin las comodidades de la casa, sin los cuidados de los padres, sin las atenciones familiares y el calor familiar.  Un hijo (a) temeroso (a) de Dios, y que  reconoce  el respeto que merecen o el valor que tienen sus padres en sus vidas, jamás podrá estar separado del estilo de vida aprendido en su casa.  Significa que su libertad siempre estará gobernada por los valores, principios, enseñanzas, el amor, la obediencia y el reconocimiento de sus padres.    Quiere decir que esta libertad no será independencia total, pues siempre dependerá de los padres al tomarlos en cuenta en sus decisiones, proyectos, acciones y será no solo  humilde sino sabio  al obedecer más a los padres que el resto del mundo, pues ellos (los padres) con la guía de Dios, experiencia de la vida, sabiduría  espiritual y su profundo amor siempre buscarán lo mejor para sus hijos.

Con dolor y enojo puedo decir que los principales responsables de las mayorías de las tragedias juveniles tanto en las escuelas como en otros lugares son los padres, sin excusar la responsabilidad individual de cada joven (cita).   Miles de jóvenes mueren  día a día por drogas, por alcohol, por enfermedades venéreas, por violencias, por accidentes, por malas amistades, por conductas irresponsables, sencillamente porque padres tolerantes, irresponsables, indecisos, flojos permitieron la libertad a sus hijos sin haberlos preparado.

La libertad o independencia por un lado exige que los padres confíen en sus hijos, y que los hijos obedezcan a sus padres.    Por el otro lado, la independencia exige que los hijos valoren más a los padres que lo nuevo que van a conocer en su nueva vida, y que los padres estén siempre con los brazos abiertos ante el fracaso por la imprudencia de sus hijos.   Finalmente, los hijos (as) deben recordar que la  independencia no es una vida  de suerte o el camino para descubrir la felicidad, sino una vida a la cual se llega con valores, convicciones, y una identidad definida basada en la relación con Dios y los padres.   Cuando el hijo o la hija reclama por libertad o independencia debe no solo estar preparado (a) a la clase de vida que esta escogiendo sino que debe estar seguro (a) de que es capaz de vivir en ese nuevo estilo sin poner en riesgo sus valores, convicciones, identidad, relación con Dios y con los padres.

La libertad es como soltar las riendas a los hijos para dejarlos volar como un barrilete o piscucha que se eleva tan alto en el espacio del cielo que al estar allá se mueve para todos lados sin darse cuenta que hay dos cosas que no dejan que su libertad sea completa.  El hilo que la conecta con la persona que lo está sosteniendo, y el viento que la lleva a donde él quiere y por lo tanto la piscucha o barrilete, jamás goza de una libertad propia, siempre depende o del hilo que la conecta desde la tierra o de la voluntad, fuerza y dirección que el viento le da.  Gracias a estas dos fuentes que le controlan, el barrilete nunca caerá al vacío.   Gracias a los padres que siempre serán los padres, y de Dios que siempre será Dios, todo hijo (a) que mantiene su relación con Dios y sus padres, sabrá vivir una libertad e independencia no a la ventura, no a la suerte, sino será una libertad en dependencia que le evitará llegar al fracaso como el hijo pródigo.

Efesios 6:1-3 dice: “Hijos obedeced en el Señor a vuestros padres porque esto es justo, honra a tu padre y a tu madre porque es el primer mandamiento con promesa para que te vaya bien y sea de larga vida sobre la tierra”.   Un hijo jamás tendrá independencia total aun cuando sus padres mueran, ya que su enseñanza, su recuerdo, su figura, y su relación con ellos jamás terminará mientras viva.   Bienaventurados los padres que dejan que sus hijos aprendan a vivir independiente pero sin soltarlos para que vuelen sin control sino que siempre como un padre responsable vela por ellos.

Bienaventurados los hijos (as) que aunque han decidido vivir en libertad o independencia, aman, respetan, consultan y obedecen a sus padres y mantienen una estrecha relación aun en la distancia como el barrilete está conectado con la persona que lo controla por medio de un hilo.  En fin, son mejores los hijos  y las hijas que viven en dependencia de sus padres temerosos de Dios que aquellos que por su  inconformidad, deseos de libertad, curiosidad por la vida o el cansancio de la dependencia con los padres deciden alejarse de ellos y resistir a la autoridad y control de sus padres.  Los padres debemos aprender a confiar en nuestros hijos pero nunca abandonarlos del todo como que si no fuéramos sus padres, y los hijos debemos ser responsables y leales a la confianza que los padres nos han depositado sin dejar de llamarnos sus hijos  cada día en esta  vida.

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