Sin darnos cuenta fracasamos

Dr. Luis Gómez Chávez

06-21-15

El camino hacia el fracaso familiar inicia en el descuido de las cosas más pequeñas o en la poca atención a las cosas más importantes, y aún más, en la tolerancia de permitir cosas dudosas.  Muchos padres no nos percatamos de los cambios biológicos que experimentan nuestros hijos y del crecimiento físico que no se detiene, de sus sueños o aspiraciones y mucho menos de los apuros que pasan día a día.  No tenemos cuidado  de los amigos (as) que tienen, de los lugares que frecuentan, de las horas de salida  y llegada a la casa.  Es más, no sabemos cómo está su cuarto, que hay en estos, los gustos en comida, las actividades preferidas y sus diversiones.

Claro, se dan algunas excepciones  en cuanto a la clase de hijos.  Hay algunos casos donde  por pura misericordia de Dios  o por lo que sus ancestros sembraron, los beneficios han alcanzado a la tercera generación quienes han venido a ser buenos hijos aun cuando sus padres no se han preocupado por ellos ni por su formación integral.  Por el otro lado, se da el caso donde  hijos quienes han tenido excelentes padres por haber provisto todo lo necesario para venir a ser ejemplares, sin embargo terminan siendo hijos rebeldes, malcriados, desobedientes y de mal comportamiento.  Lo he visto muchas veces, pero no es la regla.

Ahora bien,   el resultado del trabajo responsable que hacen los padres con sus hijos obedece a un principio bíblico, “todo lo que el hombre sembrare, eso cosechará”.  Quiere decir que, si los padres cumplen fielmente con la tarea encomendada por Dios, esto dará como resultado, hijos de buen comportamiento, obedientes y con valores duraderos.  La tesis es esta, si en una familia dirigida por buenos padres según la opinión de los demás,  pero  uno de sus hijos (as) resulta ser no ejemplar, es porque en algo fallaron los padres, y es muy importante reevaluar donde estuvo la falla.  Por otro lado, se debe considerar que aunque los padres hayan ofrecido una educación adecuada, los hijos son personas con emociones, inteligencia y voluntad.  En otras palabras, pueden tomar decisiones correctas o incorrectas, pero también tienen la naturaleza pecaminosa que influencia en sus comportamientos.

En fin, es mejor preguntarnos, ¿Dónde estuvo la falla de nosotros los  padres para que hayamos fracasado con nuestro (a) hijo (a)? Es porque no pusimos atención a las cosas que realmente tenían valor desde que estaban en el vientre de su madre  en el proceso de la educación integral. ¿Nos dimos cuenta de esos cambios? ¿Estuvimos ahí cuando desarrollaron?  ¿Lo animó cuando el hijo cambió de voz, y empezó a usar desodorante?  ¿Corrió con usted para contarle lo que le paso en la escuela?  ¿Se sentó con sus hijos para hablar, reír o por lo menos comer juntos?  ¿Estaba con él cuando más lo necesitaba? ¿Lo entendió, lo guio, lo amó verdaderamente? ¿Cuándo fue con su hijo a un restaurante? ¿Siempre ha estado a su lado ofreciéndole su amor, amistad, tiempo y confianza?

Bien lo dice el proverbista en Eclesiastés que la vida es como una ilusión, pasa sin darnos cuenta. Mis hijos dejaron de ser niños, y ahora, ¿Qué puedo decir sobre como son ellos? ¿Me siento orgulloso por lo que son?  Nunca es tarde para enmendar, y nunca se es demasiado viejo para comenzar.    Con la ayuda de Dios todo es posible. Quienes tienen hijos en el vientre, o están pequeños, no pierda tiempo en cosas que no son importantes, sus hijos es la herencia que debe cuidar con prioridad.

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