Matrimonio al estilo de Dios.

Día 158

1 Corintios 7

Dr. Luis Gómez

Lectura del Nuevo Testamento

Dios no está de acuerdo con el divorcio, ni lo aprueba.   Sin embargo, tomando en cuenta la perspectiva progresiva de la revelación de Dios, es aceptable la apertura que da Jesús, la de decir que si puede concederse el divorcio, solo cuando uno de los dos ha sido infiel al pacto matrimonial, pero que no puede casarse nuevamente.   También, en la perspectiva de Pablo, por inspiración del Espíritu, se permite el divorcio cuando el cónyuge incrédulo decide separarse.   El hecho de decir que no se puede volver a casar, se basa en el criterio original de Dios, de que no inventó el divorcio, ni aprueba el divorcio, y que al fin de cuenta, este es invento del hombre, es alternativa de la carne, y es una solución humana.

Así que, si un matrimonio está pensando divorciarse, debe recordar las únicas dos alternativas que tiene si desea obedecer a Dios.   Divorciarse pero no volverse a casar, porque si lo hace cometerá adulterio.   O reconciliarse con quien le ha sido infiel, decisión y acción que solo la tomará quien realmente ha aprendido a amar a Dios y practicar el perdón.  No son muchos los que tienen la capacidad de perdonar a los infieles.  Por otro lado, antes de tomar una decisión como esta, debe considerar el costo financiero, la responsabilidad legal, y los efectos psicológicos en los que le rodean, por no decir que el divorcio en todo sentido es un fracaso matrimonial. Ahora, ¿qué haremos con los que quedan divorciados, se quedaran divorciados para toda la vida, sin volverse a casar, aun cuando lo deseen porque no tiene el don de continencia?    ¿Y si se divorcian y se vuelven a casar, quedarán como miembros inactivos dentro de las iglesias, sin poder ser restaurados para tener oportunidad al ministerio?

Esta problemática candente en boga  es muy común en este tiempo.   Hay diferentes posiciones dentro del cristianismo, ya que la Iglesia Católica aunque teóricamente lo prohíbe, entre los feligreses es donde más se practica todos los días.  Las leyes de todos los países lo permiten con facilidad, en algunos con restricciones pero en otros con casi ninguna.  Sin embargo, dentro del ámbito evangélico, las diferentes denominaciones basadas en la escuela de interpretación de la Biblia con que se identifican, así  es la posición en cuanto al divorcio y las segundas o terceras nupcias.    Hay denominaciones que permiten el divorcio y las segundas nupcias sin mayor dificultad.[1]  Otras establecen ciertos requisitos que cumplir, entre estos esta la disciplina que pretende decir que no están totalmente de acuerdo, pero que después de un tiempo, son aceptados y tratados de la misma manera en que son tratados los demás miembros.[2] Sin embargo, hay iglesias conservadoras que lo permiten no porque estén de acuerdo, sino porque es la única salida para dar solución, pero establecen reglas disciplinarias en cuando a ministerios que no podrán ejercer por sus condiciones maritales.    Finalmente, hay iglesias ultraconservadoras que rotundamente no lo permite, y no se habla más del caso.[3]

Hay dos cosas más que deseo agregar que al parecer San Pablo establece en Efesios

5:21-6:9 con mucha relevancia. Lo primero es, que Dios sigue manteniendo su postura de que el matrimonio en su estilo divino y original  es la mejor alternativa para que un hombre y una mujer alcancen el verdadero significado y sentido de la vida sobre la tierra. Yo llamo a esto la plena satisfacción o contentamiento como personas basado en una buena relación con su Creador y como resultado, la felicidad deseada por todo matrimonio. No hay otra manera de reemplazarlo, compararlo, o igualarlo, etc. El matrimonio que sigue las normas establecidas  por Dios para cada uno de las dos partes, un hombre y una mujer, es el que vive feliz, satisfecho, realizado; alcanza la plenitud y el significado de lo que es vivir en matrimonio según el plan de Dios, bajo su temor y siguiendo las instrucciones originales. El orden, la identidad, la integridad, la moral, la educación, el sentido y el significado de una sociedad se alcanzan cuando está formada por familias que tienen como base matrimonios al estilo de Dios y no al estilo del criterio del hombre.

La segunda cosa que deseo resaltar acerca del matrimonio para que se desenvuelva y se desarrolle como Dios lo planeó y que da significado, sentido y satisfacción a quienes lo conforman es el vivir bajo el temor de Dios (Ef. 5:21).   Cuando se ama y se respeta a Dios por sobre todas las cosas, el esposo amará a su esposa como se ama  a sí mismo, y es más, la amará más que a su propia vida independientemente que ella lo respete (Ef. 5: 24-26). Una esposa que se siente amada, apreciada, tratada, estimada  y valorada como lo que es dentro del matrimonio; respetará a su esposo, seguirá las instrucciones de Dios dentro del matrimonio y por su gran amor hacia Dios, amará a su esposo y obedecerá la dirección que el esposo sabio y temeroso de Dios le da.[4] Un matrimonio donde los dos, hombre y mujer entienden la razón de su existencia, el propósito de su vida, la función de cada uno dentro del matrimonio, las responsabilidades, el rol que deben atender y ambos se esfuerzan en vivir bajo estos parámetros y el temor de Dios; el matrimonio es seguro, estable, feliz, satisfecho, pleno y realizado. Consecuentemente, el matrimonio viene a ser la garantía de una sociedad estable, segura, con futuro, con valores y  será muy productiva.

 

                [1] Algunas denominaciones que lo permiten, Iglesias metodistas, episcopales, luteranas, bautistas liberales, etc.

                [2] Denominaciones que lo permiten con condiciones…. Iglesias Bíblicas y bautistas americanas (del norte).

                [3] Denominaciones que no lo permiten…Iglesias Bíblicas conservadoras, Iglesias Centroamericanas, y algunas Iglesias bautistas del sur.

                [4] Recomiendo leer el libro “Amor y Respeto” de Emerson Eggerich para ampliar esta perspectiva.

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