Aférrate a tu fe

Día 134

Hechos 27

Dr. Luis Gómez Chávez
Lectura del Nuevo Testamento

           Estar dominado por la duda es sentir incertidumbre, temor, miedo, desconfianza y hasta tener la enfermedad de paranoia al pensar, desconfiar y dudar de todos. La duda tiene el poder de controlar la mente y la voluntad, o sea que, controla nuestros pensamientos, sentimientos y la capacidad de tomar decisiones. Es por ello que por sentir duda decidimos no ir a determinado lugar, no hacer x cosa, no hablarle a cierta persona, no sentarme con el grupo, sospechar de los que se ríen o hablan de uno, y hasta desear lo malo para todos ellos (as) o simplemente apartarme. Por esta causa, de la duda, se pierden amistades, trabajos, buenas relaciones, oportunidades, y se toman decisiones de las cuales más tarde nos arrepentimos, etc.

La duda desespera, presiona, aflige, confunde, agiliza el accionar y a veces traiciona. La duda supone un estado de incertidumbre: donde hay dudas no hay certezas. Si una persona duda sobre algo, o alguien, no está seguro de la validez de esa cuestión o de lo que dice ese alguien. La duda es un límite a la confianza ya que, donde hay dudas, no existe la creencia en la verdad de un conocimiento. Incredulidad es un sinónimo de duda, pero la duda a veces no tiene  fundamentos que la justifiquen mientras que la incredulidad a veces se sostiene por una enseñanza recibida o por una experiencia vivida.  Con todo, sentir o estar en duda es algo totalmente negativo y peligroso.

Pensando en las personas que acompañaban a Pablo en la nave donde lo llevaban preso rumbo a Roma en Hechos 27-28, podríamos hasta justificar su miedo,  temor y  duda sobre si vivirían o no y/o de las palabras que Pablo les decía.   Había viento, lluvia y amenazas de huracán y el movimiento del barco era tan fuerte como de espanto por las olas que se elevaban para todos lados colaboraba para acrecentara el miedo, el terror y la duda en todos.  Humanamente, no había escape, ni salvación para todos, y debían tomar decisiones, alivianar la carga del barco, y con ser así, no cambiaba nada el destino.  Los soldados temían por sus vidas pues es con lo que pagarían si los presos escapaban, pero en fin, ellos morirían por el mar o por el castigo.

Sin embargo, cuando la fe es mayor que la duda, nada de lo que suceda a nuestro alrededor puede robar la seguridad, la confianza, la certeza que hay en el corazón y la mente.  Cuando se tiene esto, la duda no tiene cabida, el miedo no hace ningún destrozo, no puede desestabilizar el estado de ánimo.    La fe es lo que da contentamiento, y contentamiento es la capacidad de mantenerse tranquilo, estable, satisfecho, seguro y confiado aunque se esté en las más terrible tempestad, en la desesperante oscuridad, en la angustiosa soledad, y en la insoportable calamidad.    Esta fe en Dios, alimentada por su Palabra, por la presencia del Espíritu, y el recuerdo de lo que es Dios, sus promesas y su persona, es lo que permite desestimar todo lo que suceda a nuestro alrededor, y mantener firme la esperanza, la confianza y la seguridad de la vida.

De todos, y del que menos se podía esperar que actuara con tanta valentía, fe, tranquilidad, seguridad porque iba preso y con el presentimiento de que iba a final de su vida, de su carrera y de alcanzar el objetivo era de Pablo.   Sin embargo, Pablo posee una confianza, seguridad en Dios, y mantiene una repeine comunicación y relación con él, que recibe alimentación espiritual en cada momento de parte de él.   Si, es su relación con el Espíritu lo que le hace estar seguro y no sentir miedo de morir porque sabe que no va a morir aun cuando ve venir las olas altas y arrasadoras en contra del barco (27:14,15).  No se deja manipular por la actitud negativa, pesimista y desesperada del resto de los tripulantes. Al contrario, les hace ver las cosas, les sugiere que hacer, y les exhorta a tener animo (fe) (27:24-25), y creer en la Palabra que él les dice, a creer en el Dios al cual él representa y por el cual está preso (28:20).

Tal como Pablo les dijo así sucedió.  Ninguno pereció, todos se salvaron, ningún preso huyo.   Lo que Pablo tiene es lo que todos debemos tener, una fe segura, firme, y viva. Necesitamos estar seguros de nuestra relación con Dios cuando estemos en tempestades, cuando la duda como un monstro gigante nos quiera destruir, cuando la desconfianza, la incertidumbre, las presiones, y las circunstancias adversas atenten contra nuestra fe, por favor, aférrate a la fe viva en Dios.  Cree y recuerda las promesas de Dios, no te olvides quien es el que las prometió. Él es quien te dijo, cuando pases por el fuego no te quemarás, y cuando pases por las aguas, estas no te ahogaran, porque yo estaré contigo… Isa. 43:3.  Solo recuerda, la fe es superior a la duda, y Dios es superior a todo. Si Dios está contigo, nadie puede hacerte daño.

 

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