Decir lo mismo no es repetir

Dia 133

Hechos 26

Dr. Luis Gómez Chávez
Lectura del Nuevo Testamento

Estudiando el capítulo 6 de Deuteronomio descubrí un principio pedagógico que lo he enseñado y lo he repetido muchas veces en diferentes seminarios e iglesias.   En los primeros 9 versículos de este capítulo descubro que el principio de la repetición produce un aprendizaje más duradero.  En otras palabras, entre más se repite algo más es gravada en la memoria permanente, a la cual podemos recurrir cuando sea requerido.    Quiere decir entonces que, decir lo mismo no es repetir, sino seguir el proceso por el cual se puede aprender, enseñar, o crear un hábito o un aprendizaje permanente y duradero.

Cuando veo la vida de Pablo y su experiencia en la conversión, veo que él decidió utilizar este principio pedagógico no solo para que en él estuviera presente la obra que Dios hizo en su vida, sino para que muchas otras personas escucharan del poder de Dios.   Este principio, de decir lo mismo o de contar o narrar la experiencia de su conversión se convirtió en una técnica de evangelización.  Observe las veces que él dice lo mismo, lo cual no es repetir porque son diferentes audiencias, y en cada vez que lo cuenta, agrega otras palabras y él lo cuando en diferentes escenarios o circunstancias.

En Hechos 9 se da la conversión de Pablo, en Hechos 22:6-16 cuenta cómo fue su conversión.   Finalmente en Hechos 26:12-23 vuelve a compartir la historia de su vida desde que era un perseguidor de los cristianos y como Dios cambio su vida.    San Pablo dice lo mismo que  no es lo mismo que repetir.    Cuando Jesús  dio la gran comisión a los discípulos en Mt. 28 y en Hechos 1:8, les dijo, vayan a todas las partes del mundo y cuenten lo que Dios ha hecho pos sus vidas, repitan el mensaje que han escuchado de mi, pero cada vez que lo digan, no solo lo repitan, sino que cuéntenlo con convicción, pasión, compasión, amor, misericordia y entrega.

Repetir algo muchas veces es bueno porque crea un hábito y un aprendizaje que nunca se olvida, y esto nos lleva a quererlo decir, contar, compartir.  Cuando hemos aprendido muy bien el significado de nuestra conversión, siempre tendremos mucho deseo de contarlo y no en blanco y negro sino a todo color, con convicción, seguridad, entusiasmo, como una carga pero con amor y fidelidad.   No lo repetiremos como algo obligado, algo encomendado, sino que lo contaremos como lo conto San Pablo.  El rey Agripa, al escuchar la experiencia de la conversión de Pablo, y la manera tan convincente que lo decía, que dice: “Por poco me convences para ser cristiano” (v.28).

Vamos, no repita simplemente el evangelio, cuéntelo con toda convicción de tal menara que quienes le escuchen se convenzan que Jesús tiene poder para cambiar vidas.   Cuente la historia de su conversión cuantas veces sea necesario, pues cada vez, será una nueva experiencia por las diferentes audiencias, diferentes situaciones, y no solo será una repetición. Busque a una persona en este día y cuéntele la historia de su conversión a Cristo.     Decir el mismo evangelio todas las veces no es repetir lo mismo, sino que es cumplir la tarea de llevar el evangelio todos los dias.

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