Todos necesitamos ayuda

Dr. Luis A Gómez Chávez

La autosuficiencia en una persona es delicada e ilusoria.  Por un lado  es atractiva, halagadora, gratificante y visionaria.  Por el otro lado, es engañosa, traicionera, y vana. Cuando una persona es autosuficiente se siente capaz, suficiente, superior, grande,  que no necesita de nadie, y esto lo lleva a la arrogancia y la soberbia.  Cuando por este sentimiento se llega a tener posiciones altas donde está sobre muchos, el peligro es el endiosamiento de sí mismo. El problema es que ese sentimiento de superioridad, es engañoso, es ilusorio, no es verdadero, es pura vanidad, termina y acaba.

Cuando pensamos  en el desarrollo de la vida cristiana, atenerse solo a lo que uno es, siente y puede hacer no es suficiente para que esta sea eficaz y efectiva.    Dios desde que nos escogió, él definió un plan para cada uno, especificó las cosas en las que íbamos a andar y hacer (Ef. 2:10).   La autosuficiencia no es suficiente para lograr hacer todo lo que Dios ya ha planeado que cada uno haga mientras viva sobre la tierra.  Al contrario, la autosuficiencia solo es suficiente para algunas cosas, lo demás solo es mentira, solo es apariencia, solo es ilusión, pues se vive en una dimensión irreal, en lo que no es verdad.

En el interminable conocimiento de Dios, él ya sabía que el ser humano fue creado con limitaciones para que reconozca que necesita de ayuda, de los demás, de otros recursos que él mismo ha dejado.   La actitud de humildad, es lo que debe distinguir a cada persona, la cual consiste en reconocer que no es suficiente en sí mismo para tener una vida cristiana efectiva y eficaz.    Es el reconocimiento que Dios previó para nuestra no suficiencia muchos recursos espirituales para complemento de nuestras vidas y así lograr el objetivo supremo de vivir solo para la gloria de Dios.

Reconocer que todos necesitamos ayuda, que estamos incompletos sin los demás, que somos mejores si nos unimos a otros, que la vida es mejor si trabajamos como un solo hombre.  Efesios 4:15-16 dice claramente que somos un cuerpo formado por muchos miembros pero que cada uno tiene una función específica que complemente a los demás para lograr el todo, el objetivo del cuerpo.  Sin el cumplimiento fiel de cada uno, no estamos completos, no somos suficientes, no somos capaces, porque nos necesitamos y nos pertenecemos.

Así que, la vida cristiana para que sea eficaz y efectiva y cumpla el propósito por el cual Dios nos escogió, debemos reconocer que Dios nos ha dejado varios recursos para que nos ayudemos: la oración, la palabra, el Espíritu Santo, la iglesia, los dones espirituales, los desafíos, el ministerio, etc.   Así como Jesús hizo buen uso de los recursos espirituales para cumplir la misión por la cual el Padre lo envió, cada uno de nosotros sus hijos, debemos hacer uso de los recursos que tenemos para vivir de una manera agradable y perfecta delante de Dios.

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