Encuentro de reconciliación

Dr. Luis Alberto Gómez,

Pensado en el tema de la reconciliación, viene a mi mente algunos ejemplos en la Biblia.  El primero,  por ejemplo es el de Jacob y Esaú, otro más es el de José y sus hermanos. Cabe aclarar que no todos los encuentros  terminan en un final feliz como es el caso de Jacob y Esaú sino que algunos terminan mal como fue el de Caín y Abel, y el de David y Saúl.  Sin embargo, es importante reconocer que el mero hecho de que se encuentren  dos personas que no han tenido buenas relaciones, personalmente lo considero como el primer paso para alcanzar la reconciliación.

Perdonar es tomar la responsabilidad del ofensor para liberarlo de la pena, vergüenza, dolor, tristeza, abandono, y del castigo que lo atormenta.  En este caso, el ofendido (siguiendo el ejemplo de Dios) que acepta perdonar al ofensor es consciente que lo está eximiendo de culpa.  Sin embargo, una cosa es el perdón, decisión de sembrar la planta del perdón  que no es por deseo, sentimiento, sino por obediencia a Dios. Otra cosa es la reconciliación, que puede tomarse mucho tiempo, es el proceso de cuidar, regar, proteger, abonar y limpiar la planta hasta que de fruto

Ha de considerarse seriamente  que aunque ya ha habido perdón, durante el proceso de reconciliación, se experimentara desaires, desánimos, desprecios, vergüenzas,  lo cual ha de verse como  parte de la consecuencia por el pecado mas no como el modus vivendus.  No olvidemos que reconstruir una relación, una amistad y una confianza traicionada, ofendida, y dañada, toma mucho tiempo y está supeditada al esfuerzo de ambas partes.  Dios ya perdono, ambos se perdonaron, ahora necesitan reconciliarse hasta que de fruto. El primer  beneficio por perdonar es la reconciliación con Dios que restaura la paz, tranquilidad, libertad, armonía, alegría y el gozo de vivir. Pero el segundo beneficio del perdón es la reconciliación con la persona ofendida u ofensor, lo cual da libertad, tranquilidad y autoridad moral.

Lo que paso con José y sus hermanos y  con Esaú y Jacob,  es que tuvieron un encuentro de  perdón.  Encuentros que Dios espera de nosotros porque estos engalanan al evangelio, fortalece nuestra predica, y glorifica a Dios.  Por un momento,   trate de imaginarse la escena del encuentro de José y sus  hermanos.  Piense en la expectación de José, el ofendido, más que la de sus hermanos, los ofensores.  Lo que a José le hicieron sus hermanos fue algo criminal, y no solo eso, sino que mintieron al padre y luego vivieron como que si nada, sin tomar en cuenta que de Dios nadie se burla.

Se desarrollan dos historias paralelas, una de fondo, la historia de los hermanos y la otra en la pantalla gigante, la de José. Dios era el director y productor de esta historia de perdón.  Es lindo, y emocionante ver los detalles que  en la preparación y en el momento del encuentro.   Es un torrente de emociones, pero al mismo tiempo surge la duda, temor y la  desconfianza por lo que pasaba, a pesar  del perdón sincero  que  su hermano les concedió.

Por otro lado está el encuentro de Jacob con Esaú.  La enemistad entre estos dos hermanos era abismal, hasta la muerte.  La causa fue el cambio de  la primogenitura, la bendición paternal. Los culpables en parte, los padres, pues  ambos estaban actuando incorrectamente al hacer favoritismo.  La madre influencio tanto en Jacob que  lo llevo a engañar, robar y traicionar la amistad y la confianza de su hermano.   Esaú, por su parte, favorecido por su padre Isaac y no muy amado por su madre, sin mucho valorar, vendió su primogenitura por un plato de lentejas y cuando reacciono por lo que había hecho, era demasiado tarde haciendo una interpretación humana del incidente que despertó en él un odio maligno hacia su hermano, quiera matarlo.

Lo que estas dos parejas hicieron fue encontrarse para perdonarse y lo lograron.  Pero eso no es todo. La siguiente fase es la reconciliación.   En la predicación de ayer acerca de los beneficios del perdón, remarque una gran verdad ilustrada en la parábola de la planta.   El perdón es la decisión  de obedecer a Dios, y  es el trabajo que el Espíritu Santo hace en las dos partes  hasta lograr que la planta sembrada comience a dar fruto.   ¿Qué hacer para que , la reconciliación sea una realidad?  Nieder sugiere algunas cosas simples pero valiosas: enviar una carta, abrir la puerta para el amor, programar mas encuentros, buscar la perspectiva común de ambas partes, invitar a cenar, enviar una tarjeta, hágale saber que es valiosa  (a) su relación.

La reconciliación requiere esfuerzo, esmero y disposición;  virtudes  comunes en los dos casos anteriores.   Es  dar sin esperar nada a cambio,  cuidar, regar, proteger y esperar con paciencia que la planta no solo se desarrolle sino que dé frutos.  No recordar los incidentes  pasados para dañar, lastimar, ofender, o justificar, deje todo  atrás.  Pida perdón a Dios, pida perdón a quien haya ofendido, y deje que el Espíritu Santo ponga cada cosa en su lugar. La reconciliación es dulce, placentera, abundante y gozosa.

¿Hay alguien  en su vida con quien no tiene buena relación?  Primero, pida perdón a Dios, luego valla donde la persona y pida perdón.   Este acto es lo que Dios espera de nosotros y es el comienzo del proceso de la reconciliación.  Cuando todos en una iglesia practicamos el perdón, la armonía, la paz, el buen ambiente es promovido y las bendiciones del cielo comienzan a llegar.

La cosecha inicia cuando decida sembrar.   Sembrar la planta del perdón es una decisión y la reconciliación se realiza en la medida que cuidamos la planta. ¡No espere mas, hágalo y vivirá mejor!.

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