La incredulidad en dos sentidos

Dr. Luis A Gómez Chávez

¿Conoce usted a alguien que es profundamente incrédulo? ¿Alguna vez ha sentido incredulidad usted?  ¿Por qué ha llegado a no creer en alguien? ¿Se puede creer en algo que no tiene vida? En realidad, ¿qué es incredulidad?  La palabra incredulidad, es in (puede verse como un adverbio, no), credu (raíz del verbo creer) y dad (finalización que lo convierte en sustantivo).   Es una actitud mental que se conecta con cierto conocimiento que sirve de referencia para tomar una decisión en cuanto al trato de una persona. En el disco duro de la memoria guardamos cierta información acerca de la persona lo cual sirve de base para decidir si esa persona es confiable o digna de creer.

La incredulidad generalmente está asociada con una cualidad negativa.   Por otro lado, en la Biblia, la incredulidad es sinónima de no creer, falta de fe en Dios, característica que describe a las personas sin Cristo.  Más que una característica, la Biblia ve la incredulidad de las personas una condición espiritual negativa que los separa de Dios y los condena para siempre.

Sin embargo, es necesario aclarar que hay personas incrédulas que no han reconocido a Jesús como salvador e hijos de Dios que también son incrédulos.  La gran diferencia es  el destino final para  ambos pues este depende de la relación que tengan con Cristo.  La primera por no haber creído en Cristo como salvador de sus vidas su final es la muerte eterna y su incredulidad se convierte en el pecado imperdonable de sus vidas.

Mientras que los otros, ya han creído en Jesús como el Salvador de sus vidas por lo que no son condenados, pero si son amonestados a confiar más en Jesús y sus promesas.  La salvación no está en juego sino la vida de triunfo por depender más en Cristo.  Primero, los que viven en incredulidad permanente rechazan el amor de Jesús y no lo aceptan como su Salvador (Ro. 2:1,3:9-23; 9:30-10:6).  Luego, los cristianos que por no depender de Dios se convierten débiles, infructuosos, y son amonestados por no confiar en Jesús (Mr.3:1-5; 6:6, 11,16-25-52; 8:14-21).  Los cristianos que no desarrollan su ve en Cristo no experimentan el poder de la vida cristiana.   No olvide que la mejor definición de fe es la obediencia.   Quien tiene fe y practica la fe es quien obedece a Dios en todo.

En fin, la incredulidad en ninguno de los casos es buena.  La incredulidad como estado de separación de Dios y de rechazo del amor de Cristo, es el pecado imperdonable que condena al ser humano. Y la incredulidad como falta de fe en Dios y sus promesas es un pecado que ofende a Dios y no ayuda al buen desarrollo espiritual del cristiano.   Dejemos de ser incrédulos.

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