Hablemos entre colegas

Dr. Luis Gómez

Pastores consiervos y colegas, el acto de “comunicarnos unos  con otros” es un privilegio que Dios nos ha dejado, pero también es un recurso  valioso que podemos aprovechar para fortalecer los lasos pastorales.  Mantener conexión “entre pastores” es de gran ayuda, por los momentos de debilidad, necesidad, gloria, prueba y dolor que muchas veces vivimos. Reconocer que necesitamos de otros, y saber que podemos contar con otros  requiere  no solo humildad y carácter sino reconocer que necesitamos crecer y mejorar cada día.

Cuando compartimos alguna experiencia entre pastores, es algo así como una catarsis ministerial.  En esta experiencia, compartimos ideas, consejos, sugerencias, proyectos y confesamos y confiamos alguna debilidad.    Para llegar a este nivel de confianza nada debe manipularnos ni debemos manipular a otros para que lo hagan.  Si la experiencia del consiervo, el consejo del predicador, el triunfo del  hermano ayuda a fortalecer o a declinar acerca de una decisión importante, se debe poner mucha atención.    Proverbios 11:14 dice: “Donde no hay dirección sabia, caerá el pueblo, más en la multitud de consejeros hay seguridad”.

Es refrescante saber que se tiene a alguien a quien confiar las experiencias del ministerio, las debilidades del ministro, y los desafíos que desvelan.  El ministerio tiene valles, sombras, oleadas de frio, terribles soledades, extrañas tentaciones, desiertos interminables y dificultades que obligan a buscar a Dios de rodillas.   La mejor decisión de un siervo de Dios es resolver los problemas ministeriales, los conflictos familiares, y los desafíos de la carne en el mismo trono de Dios.    Luego, al estar en la tierra misma, escuchar el consejo de aquellos que pueden ayudarle ya que eso amplía la perspectiva sobre lo que se está pasando.

Es maravilloso recordar que nosotros los siervos de Dios, contamos con una promesa inigualable hecha por Dios, el Príncipe de los pastores, el Maestro de los  maestros; él dijo: “Yo estaré con vosotros todos los días de tu vida hasta el fin del mundo” (Mt. 28:20).    Por consiguiente, si dependemos de Dios, “si permanecemos en él, y sus palabras permanecen en nosotros, podemos pedir todo lo que queramos y él nos lo dará” (Jn.15:7).    Además, al leer en Ro. 8:31, 37, nuestro corazón se fortalece y es estimulado con la gran verdad, que si Dios está de nuestro lado, nada ni nadie podrá vencernos, pues en Cristo somos vencedores sobre todas las cosas.

Todo siervo o ministro de Dios debe saber no por afición sino por convicción  de que si Dios lo ha llamado al ministerio, su tarea principal es ser fiel al que lo llamo, cueste lo que cueste, emplique lo que implique (Jo. 24:14; 1 Co. 4.1-2).  Además de ser fiel, ha de estar dispuesto a dar hasta su propia vida con tal de mantenerse leal al pacto hecho con Dios.     Esta es la primera relación que todo siervo de Dios debe cuidar y jamás descuidar ni sustituir o vender por nada.   Significa poner a Dios en primer lugar para garantizar (Josué 1:8)  que “todo saldrá bien”.   Esto demanda mucho esfuerzo no para demostrar al mundo lo que podemos hacer y lo que realmente somos, sino para demostrar a Dios que lo necesitamos en cada momento de nuestra existencia para hacer aquello para lo cual él mismo nos creó y nos tiene sobre la tierra.

El ministerio será más agradable a Dios y aceptado por la iglesia y muy satisfactorio para el siervo mismo si su esposa e hijos comparten la misma visión ministerial (Jo. 24:15).   Durante 28 años he comprobado esta gran verdad.    Si no se está seguro de lo que significa e implica estar en la milicia del ministerio, con seguridad vendrán muchos conflictos, desacuerdos, y constantes discusiones.   En el ministerio, se viven difíciles experiencias, tan difíciles que solo los que están convencidos del llamado, de la tarea encomendada, y de la visión que comparte con la esposa al  pasar por los valles de desolación, soledad, y hasta pensamientos de deserción, se mantienen fieles a Dios y a la vocación.

Es por ello que todo siervo (a) de Dios desde que está en la escuela de entrenamiento bíblico-teológico debe en oración pedir a Dios por la persona que le pondrá para hacer el ministerio.   Debe ser una esposa o un esposo con la misma visión, lenguaje, disposición y compromiso.   Esa persona debe estar dispuesta a compartir todo momento de triunfo,  gloria, dolor, tristeza y fracaso.   Habrá de estar dispuesta  a vivir en todo ambiente según el lugar donde Dios lo quiera usar y adaptarse sin queja alguna a la vida ministerial que le toque pasar.  Pero por sobre todo, que haya disposición a renunciar a todo con tal que su cónyuge sea el siervo (a) de los demás, su pastor, pero también el de toda la congregación.

Todo campo de ministerio encomendado por Dios provoca aspiraciones, pero la mayor aspiración del ministro es lo que Dios le ha mandado hacer.  Cuando nos enamoramos de las aspiraciones de Dios, nuestras propias aspiraciones serán grandes y maravillosas.  Un ministerio en las manos de un siervo fiel, donde cuenta con el apoyo, ánimo y ayuda de su esposa y de sus hijos, los resultados se pondrán de manifiesto, Dios será agradado y habrá satisfacción.

El ministerio debe darnos satisfacción, nos debe gustar hacer lo que Dios nos ha ordenado hacer y debemos hacerlo con mucha paz en el corazón.    Asegúrese de estar donde Dios quiere que esté, haciendo exactamente lo que él le ha prescrito hacer, con las personas escogidas por Dios como complemento y con el claro compromiso de vivir solo para hacer aquello para lo cual ha sido llamado.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s