Incredulidad de los cristianos II

Dr. Luis A Gómez Chávez

La incredulidad es una característica que no solo se ve en las personas que no han creído en Jesús sino que también puede verse en las personas que confiesan haber creído en Jesús como su Salvador.  Es más, hay incredulidad aún en los llamados seguidores de Jesús, me refiero a los discípulos, quienes tuvieron el privilegio de  estar, caminar, ver y vivir al lado de Jesús.   En fin, quiere decir que hay incredulidad que no puede ser perdonada, porque el único pecado imperdonable, y que lleva a la muerte eterna es el no creer en Jesús como Salvador personal.  Pero también está la incredulidad de los hijos de Dios que estorba la relación con Dios por no tener fe en Dios, pues por su causa, la comunión con Dios es estropeada.

Claro, el hecho de afirmar que aún los discípulos mostraron incredulidad, y que Elías en un momento de debilidad dejó de confiar de Dios y que Pedro por dejar de mirar a Jesús se hundió en el mar, no justifica que nosotros los cristianos seamos incrédulos de Dios y su poder.  Siento que debo hacer una aclaración, todo ser humano en un momento determinado puede dejar de confiar en Dios, esto es pecado.  Sin embargo, cuando hablo de la incredulidad del cristiano en medio de una oración, estoy pensando en una incredulidad como estilo de vida, no algo ocasional como Elías y Pedro.  El problema de la incredulidad en el cristiano es que duda todo el tiempo, vive en constante incredulidad, y por ende, las oraciones no son efectivas porque está cargando con el pecado de la incredulidad.

¿Cómo podemos ser cristianos victoriosos e iglesias pujantes si continuamos en una clara incredulidad cristiana al no creer en las promesas de Dios, al no vivir de acuerdo a las exigencias del evangelio, al no hacer las cosas sometidos al Espíritu Santo y al no declarar abiertamente lo que Jesús vino a hacer a la tierra? Nos falta mucho para vivir verdaderamente el evangelio, la fe, las promesas y la misión del evangelio. Es necesario retornar al verdadero orden de prioridad donde las cosas espirituales están en el primer lugar, donde la fe en Jesús es lo más importante.

Nuestra vida es demasiada conformista, indiferente, apegada más a este mundo, a este sistema materialista, pues aún seguimos siendo individualistas, egoístas, y no tenemos el valor de hablar de Cristo abiertamente, sin reserva y sin tapujos. Nos da miedo hablar del Cristo resucitado, no por temor a lo que nos digan, sino porque esa es una verdad que no la vivimos con convicción. La incredulidad del cristiano es igual a la falta de fe de María y Marta y a la de los discípulos que no pudieron alimentar a la multitud.   Sin embargo, lo más delicado de la incredulidad cristiana es cuando se vuelve un estilo de vida.

 

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