¿Eres un vencedor o perdedor?

Dr. Luis Gómez Chavez

Una de las características más comunes en los niños es que siempre les gusta ganar.  Y cuando pierden, de inmediato comienzan a llorar y a hacer berrinches.  Significa que los niños han llegado a comprobar que ganar es mejor que perder o por lo menos que a los ganadores se les aplaude y se les felicita.  Mientras que los perdedores no los toman en cuenta y son olvidados por los demás. Por otro lado, la sensación de ser un ganador es humanamente gratificante y satisfactoria.  Sin embargo, es necesario preguntarnos si esta sensación es válida, legítima y honesta o si es egoísta, ambiciosa y vana.

Personalmente no he visto ni he escuchado que una persona normal diga que desea ser un perdedor.  El futbolista desea ganar el juego, el trabajador quiere que lo promuevan a una mejor posición, el atleta quiere ganar la competencia, el estudiante anhela pasar el examen, el obrero espera mejor salario….El hombre por naturaleza quiere ser un vencedor.  Sin embargo, las leyes de competencia solo consideran a los vencedores y los perdedores.  La pregunta es ¿puede un perdedor sentirse satisfecho porque perdió aún cuando sabe que le ganador ganó con justicia.

Hablar de ganadores y perdedores en la vida cotidiana es algo normal. Todos estamos acostumbrados a ver que unos ganan y otros pierdan, que unos saben ganar y otros saben perder. En todos lados, a toda hora, en todo nivel social y  en toda edad es real que existe un espíritu y un fuerte deseo de ser ganadores.  Cuando es honesto el deseo, es bueno y positivo.  Todos debemos desear, luchar, anhelar, y esforzarnos por ser ganadores. Seamos vencedores…

Pablo enseñó sobre el “espíritu de vencedores”(1 Co. 9:24-27; 2 Ti. 2:3-5; Ro. 8:28-39).  Uno solo vence, Pablo lucha para no ser descalificado, solo que él insiste en la honestidad, legitimidad y autenticidad al competir.  Debemos ser vencedores y tener un espíritu de vencedores para las cosas buenas, haciendo lo que es honesto, lo legal, lo legítimo, lo que beneficia a los demás, y no por egoísmo, envidia, vanidad, orgullo, para satisfacción humana, sino para glorificar a Dios, edificar a los demás y para dar buen testimonio del evangelio.

En esta vida solo hay: vencedores y perdedores. Los vencedores son los que aman, confían y esperan en Dios.  Los perdedores son los han ganado todo en esta vida sin tomar en cuenta a Dios y por tanto, la perderán, mientras que quienes la pierdan por servir a Cristo, la salvarán.

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