La enseñanza del ministerio de la consolación.-

   Dr. Luis Gomez

2 Corintios 1:3-7     

               Primero, Pablo emplea la técnica causa y efecto.    Lo que causa el sufrimiento son los ataques de los oponentes del evangelio, que en una manera simple, la oposición viene del diablo, porque la lucha no es de humanos (Ef. 6:12-13).  Lo maravilloso y paradójico es que, el sufrimiento siendo el efecto de los ataques  del enemigo se convierte en causa de la consolación que Dios da al que sufre.     En otras palabras, si alguien desea sentir y disfrutar del consuelo de Dios, necesita estar bajo presión, sufrimiento, ataque, prueba y nunca estará en estas condiciones a menos que se involucre en el cumplimiento de la voluntad de Dios, o se comprometa en vivir fiel, servir fiel, entregarse con toda su fuerza a vivir apegado a la Palabra.

Oposición = Sufrimiento                      Sufrimiento = Consolación

Segundo, Pablo impulsa la filosofía de discipulado. (v.4, 6).  Así como nosotros somos consolados por nuestro Dios, quien es consolado está capacitado para consolar a otro que está en medio de una prueba de sufrimiento.  Cuando entendemos el propósito de Dios al darnos la fuerza, al revitalizarnos, al poner esperanza, y un espíritu positivo es para que nosotros podamos hacerlo con otra persona que lo necesita.   Lo lindo de todo es que cuando consolamos al necesitado, si este no conoce del consuelo de Dios, por fe puede alcanzar no solo consolación sino salvación.

Tercero, Pablo es claro en revelar que la fuente del consuelo es Dios. (v.3, 4ª).  Por naturaleza, el ser humano al sentirse atribulado, presionado, afligido y en sufrimiento busca de manera natural como resolver la situación, y nos olvidamos que el único que verdaderamente consuela es Dios, pues el usa a personas, medios, pero debemos buscarlo a el primero.  Como dice la Palabra, ¿a quién iremos si solo tú tienes palabras de vida?

En fin, cuando nos encontremos en dura prueba, profunda aflicción, constante sufrimiento, debemos sentirnos bienaventurados por tres razones, uno porque tenemos la bendición de recibir el consuelo de Dios, tenemos la oportunidad  de ayudar a otros, y finalmente, las pruebas o sufrimiento solo es una puerta abierta para crecer espiritualmente y ser más fuertes.  Así que, en vez de hablar, renegar, quejarnos y reaccionar negativamente, escuchemos con prontitud la suave voz de Dios quien nos ayudará con toda seguridad (Stg. 1:21).

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