Mi regalo a la próxima generación: La amistad

Dr. Luis Gómez

La tecnología está avanzando tanto hoy que ha invadido la privacidad de las persona y el derecho universal de la libertad. Ahora, el internet se encarga de pensar, escoger y decidir por muchas personas que no tienen tiempo para hacerlo. El ofrecimiento obedece no solo a la filosofía consumista, comercial y rápida del tiempo sino a la ideología tolerante y postmodernista del siglo.

En la actualidad, una persona puede tener amigos de todo el mundo y comunicarse con miles ellos en solo segundos. No necesita gastar en sellos postales, escribir las direcciones postales, decir palabras diferentes a cada persona según el nivel de la relación o presentar escusas por retrasos de correspondencia. Es más, el internet tiene suficientes estilos de tarjetas, pensamientos e ideas fascinantes e innumerables candidatos para hacer más amigos.
¿Es genuina la clase de amistad que se cultiva por este medio? ¿Es realmente honesta, completa y satisfactoria la amistad que sostienen dos personas que solo se conocen virtualmente? ¿Contribuye este tipo de amistad moderna a la preservación de los valores que forman una sociedad mejor? ¿Está de acuerdo con que la amistad tradicional está en crisis?

Aunque el internet es un avance valioso para muchas cosas, pero este jamás sustituirá el estilo tradicional y bíblico de hacer amigos porque la amistad es un regalo que viene de Dios 1 Juan 4:8, 21, Proverbios 18:24. El estilo tradicional comienza en la camaradería, donde dos o más personas se conocen personalmente por estar juntos, hablar, mirarse, compartir y escuchar hasta llegar a ser compañeros. Este nivel de relación aún no equivale a amistad pues aún no hay suficiente confianza, conocimiento y libertad pero es la antesala a una amistad saludable.

En fin, el internet es efectivo para muchas cosas, pero no para formar amistades genuinas, satisfactorias y leales. Pues en este tipo de “amistades” es fácil mentir, no hay costo, no hay entrega, o presencia corporal. Todo es palabras, palabras, palabras, tan solo palabras y la amistad es más que palabras Proverbios 24:17.

Yo tenían 27 compañeros en la clase en tercer año de licenciatura en el seminario, con los cuales caminaba, hablaba, jugaba, reía, tenía actividades en conjunto, pero no todos eran mis amigos solo compañeros. De los 27, solo tres consideraba amigos, y de entre estos tres, uno era el de mayor confianza. Hoy, aunque por la distancia, el orden ha cambiado, el mejor amigo paso al tercer lugar, el segundo al primero y el tercero al segundo lugar porque de vez en cuando nos comunicamos, pero siguen siendo amigos. La amistad combinada del amor ágape nunca termina, porque el amor nunca deja de ser.

Prov. 17:17 la amistad como regalo de Dios es para compartirla con los demás. El texto, “En todo tiempo ama el amigo y es como un hermano en tiempos de angustia” revela tres principales suministros que sostienen, alimentan, fortalecen y consolidan la amistad. Tiempo, lealtad y amor. No puede haber amistad sólida si no se dedica tiempo, lealtad y amor. El tiempo debe ser de calidad: hablar y escuchar, caminar y compartir, ayudar y proteger, confesar y perdonar, etc. Luego el amor no es el de atracción física, sino el fraternal combinado con el ágape que se exige en Efesios 5:25-27, el que Juan 15:13, pone la vida por la otra persona. La lealtad debe ser incondicional. Este fue el caso de David y Jonathan (1 Sa. 19,20), Jesús y Juan, Pablo y Timoteo. Esta amistad estuvo sostenida por amor, lealtad y dedicación de tiempo.

Cuando se practica una amistad que nace de un honesto compañerismo, de pasar mucho tiempo juntos, de compartir alegría, tristeza, dolor, enfermedad, escasez, abundancia, etc., es una relación o un vinculo profundo que nace desde el corazón que amarra, y solo desea lo mejor para la otra persona antes que para sí mismo. El verdadero amigo no abandona al amigo, sino que lo protege, lo apoya y lo defiende. Dice el libro de Eclesiastés 4:9-10 “Dos son mejores que uno, si uno cayere, el otro levantará a su compañero, pero ay del solo”.

Cuando reconocemos que la amistad es un regalo que viene de Dios para compartirla con el prójimo, es valorada de tal manera que dicha relación es saludable, beneficiosa y duradera Proverbios 17:17, 27:10a. Cuando los jóvenes establecen una relación de amistad basada en el amor ágape, y todos los días la riega, la cuida y la suministra con tiempo de calidad, palabras sazonadas con amor; esta beneficia a otras personas. La amistad es valorada cuando en la relación se es capaz de dar la vida, esfuerzo, entrega, sinceridad, honestidad y sacrificio por el bien del otro. Es entonces cuando los jóvenes se encaminan hacia un nuevo estilo de vida apegado a la Biblia, al deseo de Dios, a la misión de Dios y el mundo no solo lo oirá, lo sabrá sino que deseará ser parte de este pueblo.

En fin, la amistad es un regalo precioso que Dios ha dejado al ser humano para que la disfrutemos y la compartamos con los demás, haciendo buen uso de esta al valorarla basado en lo que esta produce. Es un valor, una virtud que urge ser cultivada, preservada, cuidada y muy estimada en este tiempo donde reinan muchas otras cosas que no ayudan a las buenas relaciones. La mejor amistad, la que supera a todas, la que nunca termina, ni falla, y en todo el tiempo es agradable y beneficiosa es la amistad con Dios. El mejor amigo que alguien puede tener es a Jesús. Con Jesús puedes hablar, llorar y reír; Él siempre te escuchará, te enjugará y te entenderá. Esta amistad con Dios es la que debemos cultivar, alimentar, promover, vivir y enseñar.

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