El respeto hacia Dios

Dr. Luis Gómez

02-02-14

          Lo primero que Dios pide de nosotros es que tengamos cuidado con lo que decimos. Levítico 24:10-23 narra el ejemplo del hijo de un matrimonio mixto, madre judía y padre egipcio quien uso el nombre de Dios para proferir una maldición, acción considerada blasfemia delante de Dios. El primer castigo fue, la cárcel y después Dios determinó que muriera. Uno de los diez mandamientos en Éxodo 20:7 dice “No tomarás el nombre de Dios en vano”. Usar el nombre de Dios incorrectamente, es pecado, blasfemia y en ese tiempo el castigo era la muerte.   ¿Qué es más grave, saber que usas el nombre de Dios en vano y no sentir nada, o sentirse mal y no hacer nada?

El nombre de Dios debe ser protegido, guardado, honrado y respetado. Los israelitas no podían usar el nombre de Dios con propósitos ociosos, frívolos o falsos, con fines egoístas, malvados, porque al hacerlo estaban usurpando su autoridad, y blasfemaban contra su nombre santo. No debe ser comparado con otros dioses, estructuras o imágenes. Prohíben usar el nombre de Dios en forma profana, con intenciones manipuladoras, ni se puede usar para actos de magia, brujería, o para maldecir a alguien.   Este gran pecado se ha convertido en algo común en  este siglo XXI, tomar el nombre de Dios en vano, aun dentro de las iglesias evangélicas, y los pastores.

Con frecuencia escucho decir “Oh my God” y no es malo, solo que se usa sin sentido, sin propósito, sin necesidad y sin espíritu de adoración, se dice solo por decir pues lo dice cualquier persona. Esa frase ya se ha convertido en un modismo universal. Este uso aunque no mal intencionado, pero por usarse en un vacío sin sentido, es como de decir el nombre de Dios en vano. Esta expresión puede ser de admiración o de clamor cuando se hace en contexto de oración porque viene de un corazón que tiene una relación personal con Dios. Sin embargo, en otros casos, hay personas que usan el nombre de Dios en un juramento y ponen el nombre de Dios como testigo para obtener intereses personales y/o pecaminosos. El colmo de la blasfemia se da cuando es utilizado para maldecir a alguien o en transacciones pecaminosas o es maldecido el nombre de Dios

Hacemos mal uso del nombre de Dios cuando damos mal ejemplo, cuando decimos malas palabras, cuando contamos chistes con doble sentido, cuando criticamos a la gente, cuando robamos tiempo del trabajo para hacer cosas personales, cuando faltamos a un compromiso sin avisar, cuando vamos a lugares que Dios no autoriza que vallamos. Todo lo que hacemos, siendo que ya somos hijos de Dios y miembros del pueblo santo de Dios, hablan o dicen algo de Dios. La Biblia dice que de una sola fuente no puede salir agua dulce y agua amarga, sin embargo, también dice que de nuestro corazón salen los malos y buenos pensamientos. Así que, lo que debemos cuidar es de lo que dice nuestra boca, porque puede decir palabras que bendigan o maldigan, pueden salir palabras que edifiquen o destruyen, palabras que estimulen u ofenden y palabras que honren  o deshonren a Dios.

Debemos tener mucho cuidado con lo que sale de nuestra boca, corazón, pensamientos y con lo que hacemos cada vez que mencionamos el nombre de Dios, pues debemos hacerlo solo para honrarlo, reverenciarlo y darlo a conocer a aquellas personas que aun no lo conocen. Cada día usted y yo representamos a Dios con nuestra vida, ejemplo, testimonio, y debemos tener cuidado  en cómo estamos dando a conocer a Dios.   Desde ahora en adelante, piense antes de hablar y al hablar recuerde su identidad, es un hijo (a) de Dios, y  como tal, debe hablar solo lo que Dios quiere que diga y de la manera que la Biblia enseña  que se debe hablar.

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Vida comunitaria de la Iglesia

Dr. Luis Gómez
Ahora le llaman “capilla comunitaria” a las capillas donde asiste todo el personal que trabaja en el Seminario Teológico Centroamericano. En mi tiempo de estudiante en el mismo seminario, en los 90´s y aun en el 2003, todo era muy diferente, todos los días teníamos capilla, con excepción de los trabajadores de mantenimiento. Era lindo; porque todos los maestros, todos los estudiantes, aun esposas de los estudiantes y a veces visitas asistíamos a estos tiempos de refrigerio con Biblia en mano. Era un tiempo de verdadero compañerismo, era tener vida comunitaria, de amistad, retroalimentación, tanto entre los estudiantes de todos los años como con los mismos maestros.

Tener vida en comunidad tanto en una seminario como en una iglesia es un asunto fundamental para el buen desarrollo de cada integrante y es evidencia de la buena salud que allí se disfruta. Claro está que se debe tener mucho cuidado en mantener lineamientos, reglas, y control para que no haya abuso en ese estilo de vida. Por ejemplo, en la Iglesia de Jerusalén, era tanto el deseo de vivir en comunidad que todos se ayudaban, se animaban, acompañaban, servían, visitaban y se preocupaban unos por los otros. Sin embargo, hubo algunos que mal entendieron ese estilo de vida y se quisieron aprovechar o trataron de engañar. El cuidado que se ha de tener es de no confundir vida en comunidad con comunismo.

Con todo y los riesgos, esta iglesia de Hechos 2 descubrió que tener vida comunitaria es una de las mejores maneras para honrar a Dios, edificarse como cuerpo y expandir el evangelio. Estoy muy seguro que toda comunidad, aun cuando no sea cristiana, si practican el servicio, la visitación, la amistad, la unidad, la generosidad, y el compañerismo, es una comunidad muy especial. Pero en cuanto a la iglesia, ésta llega a ser saludable, estable, atractiva y ejemplar cuando hace de estos cinco ministerios parte de su estilo de vida. Así lo creo, la Biblia lo demuestra, cuando la iglesia aprende a vivir en compañerismo, amistad, preocupación por los demás, siempre está dispuesta a servir, dar, ayudar, cuidar, llamar, visitar, y orar, la iglesia logra un crecimiento integral.

Dios desea y espera que cada cristiano experimente un desarrollo normal, estable, saludable e integral en su vida cristiana. Eso mismo desea y espera de Su Iglesia, que experimente un desarrollo normal, progresivo, saludable e integral. Una buena forma de medir el nivel espiritual de un cristiano y de una iglesia es por el estilo de vida que tienen. Si un cristiano está comprometido con la oración, el evangelismo, el discipulado, el servicio, la unidad, la comunión y la visitación, estoy seguro que es el resultado de su buena relación con Dios. Si una iglesia está comprometida con la oración, el evangelismo, la comunión, el discipulado, el servicio y la visitación, es el resultado de que cada miembro vive este estilo de vida..

Ruego a todas las iglesias, a todos los pastores, a todos los líderes, y a todos los miembros de las iglesias a que volvamos al estilo de vida que hizo que la iglesia del primer siglo d.c. experimentara un crecimiento integral. Dicho estilo de vida se caracterizó por mucha oración, evangelismo sistemático, discipulado como prioridad, servicio como una de las pasiones y la visitación como una estrategia complementaria.

Invito a todos a considerar este regreso a la Biblia.

El poder de la Palabra

Dr. Luis Gómez

En otras ocasiones me he referido a ciertos movimientos y a ciertas personas que afirman tener poder en la mente y en las palabras que pronuncian. Movimientos y personas que no tienen que ver con Dios pero que pretenden usurpar el lugar de Dios. Movimientos y personas que están más relacionadas con ellos mismos, y con otros intereses pero que lo hacen en nombre de Dios. Movimientos y personas que están dando más autoridad a su propia razón que a la Biblia misma, la cual es la máxima autoridad en todo sentido.

El pensamiento común, moderno y posmoderno que también ha llegado a algunos predicadores, evangelista y pastores es que nuestra palabra pronunciada tiene poder. La idea es que si nuestra mente piensa en algo (positivo o negativo) y luego nuestros labios la pronuncian, eso se hará y no hay nada ni nadie que lo impida. Uno de los exponentes de esta forma de pensar fue Norman Vincent quien puso de moda el “pensamiento tenaz” “pensamiento positivo”. Uno de los pastores famosos que adoptó esa forma de pensar y la mezcló con términos teológicos, bíblicos y espirituales para promover el crecimiento de la iglesia fue el Dr. Yongi Cho.

La influencia del poder que se le atribuye a la palabra ahora se ha extendido y popularizado tanto que ahora se practica en todos lados. Por ejemplo: se escucha decir, “yo declaro” “yo ordeno” “yo confirmo” “Si” “No”. El peligro se da cuando usamos las palabras para cosas malas, intereses egoístas, y le adjudicamos mayor poder y autoridad que el que debe tener con tal de obtener lo que buscamos. El abuso y el mal uso de las palabras tergiversan el significado, distorsionan el uso y función normal de las palabras. Cada palabra dentro tiene una función, un significado, y un poder normal cuando se usa no solo dentro de una oración, un contexto gramatical, semántico y sintáctico sino que está en consonancia con un sentido natural, teológico, exegético, bíblico, y de acuerdo al creador del lenguaje mismo, nuestro Dios.

El único que tiene poder en su palabra, y que ha delegado autoridad a sus hijos es Jesús. Él es la palabra encarnada, el logos divino, quien tiene poder en cada palabra que pronuncia, pero que cada palabra está de acuerdo al propósito santo, justo, natural y perfecto de Dios plasmado en la Biblia. Nadie puede pensar, decir y hacer algo solo por su propia palabra si Jesús no lo ha autoriza. Si alguien pretende tener autoridad y poder para crear y hacer algo si no está autorizado por Dios y si no es para honrar a Dios eso es un abuso, y es parte de la influencia del pensamiento tenaz de Norman Vincent, o de los movimientos neo pentecostales basados en la ideología teológica del liberalismo donde dan mayor poder y autoridad a la razón que al mismo Dios y la Biblia.

Tengamos cuidado no solo con lo que pensamos, sentimos y decimos sino con la motivación, propósito e interés con que lo hacemos.