Implicaciones del llamado

Dr. Luis Gómez

Ayer escuche a un pastor decir, “hermano la iglesia no quiere asistir a los cultos de oración y de estudio de la Palabra”. Hoy por la mañana, otro hermano me dijo, “mi pastor está preocupado porque a pesar de que la iglesia tiene unos 300 miembros, en los días de oración solo hay unos 5 a 10 hermanos, ni aun los líderes llegan”. El pastor continuó, “y lo más triste es que en el día de estudio bíblico, lo que se les enseña como que no ayuda en nada porque no lo ponen en práctica, todos sigue igual”. Mientras que otro buen amigo y hermano me dijo, “pastor dentro de mi hay como una llama que arde y siento que es Dios quien me está llamado para que me dedique a servirle y yo estoy dispuesto a hacerlo”.

La verdad es que la Iglesia en general y el cristiano en particular ha perdido de vista el llamado que Dios les ha hecho. Es cierto que hay llamados especiales que Dios hace a un individuo en particular para realizar un específico ministerio. Por ejemplo, a Abraham Dios lo llamó para ser padre de muchas naciones, a Moisés para ser el líder libertador del pueblo de Israel, a Josué para terminar de introducir al pueblo hebreo a la tierra prometida, a Jeremías para traer un mensaje de juicio el pueblo que es llevado cautivo a Babilonia y a San Pablo para ser apóstol de los gentiles. Sin embargo, hay un llamado general que Dios ha hecho a cada cristiano y es el de dar a conocer a Dios a todo aquel que aún no conoce a Cristo.

Usted y yo al fin de cuanta hemos sido llamados como Jeremías lo fue. Nos toca cumplir el ministerio con fidelidad lo cual significa a veces destruir, derribar y echar fuera; pero también nos toca edificar, remendar, reconstruir, animar y levantar. Dentro de la Iglesia, usted como parte de ella, tiene una función única que debe cumplir porque así lo dice la Biblia. Realizarlo requiere un alto precio a pagar, y esa son las implicaciones del llamado de Dios. Requiere disposición para servir, ayudar, salir y hacer; pero también requiere amor, compromiso, lealtad y entrega.

Estoy seguro de lo siguiente, que no todos los miembros de la Iglesia hemos entendido el significado y el costo del llamado con todas sus implicaciones. Resultado del no entendimiento es que muchos o están perdidos haciendo lo que no debería hacer, o están desocupados hasta indiferentes sin hacer ni lo que no se les ha mandado hacer, porque no están haciendo nada. Es por ello que en las iglesias hay mucha indiferencia y poca proyección. Muchos en la Iglesia hemos olvidado que Dios nos ha llamado para dar a conocer a Dios con nuestro estilo de vida o con una dedicación publica evangelizadora o misionera. El reto hoy es a comprometerse en hacer aquello para lo cual Dios nos ha llamado. Hacer aquello para lo cual Dios nos ha llamado sin importar todo lo que esto implica no solo da satisfacción personal, seguridad ministerial sino que hay mayor impacto como Iglesia en la comunidad donde estamos.

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