No importa el tiempo, solo da a conocer a Dios

Dr. Luis Gómez

No es que yo sea pesimista, pero el tiempo que vivimos no es mejor que el que está por venir, pues cada día será peor. Lo digo porque así dice la Biblia, que los postreros tiempos serán difíciles y peligrosos. Los últimos días, se refiere al tiempo previo a la Segunda Venida de Jesucristo, cuando venga a levantar su Iglesia antes que comience los siete años de tribulación en la tierra y después, Jesucristo vendrá con la Iglesia desde las nubes para establecer su reino sobre la tierra por mil años. Así que, cada vez que se acerque la venida de Cristo, más difícil será el tiempo.

¿En qué sentido será más difícil el tiempo? Por un lado, la pérdida de valores entre los seres humanos, la poca sensibilidad humana, el incremento de la intolerancia y la tolerancia, el sentido liberal y el libertinaje, la búsqueda de algo en que creer y los muchos objetos o sujetos en quien creer. Por el otro lado, la violencia injustificada, la maldad en todos los niveles, el antropocentrismo como el poder más valioso, los grandes vacios por la irresponsabilidad paternal. Por último, los cambios climáticos, los fenómenos de la naturaleza, el incremento de los falsos herejes, apostatas y el estilo bélico adquirido por muchos países como el nuevo estilo de vida, el de vivir solo en guerra.

Este es la clase de tiempo a cual se refiere la Biblia. Sin embargo, como cristianos no debemos preocuparnos por eso, pues nuestro Dios ha prometido cuidarnos, guardarnos y librarnos de todo mal. Él dijo: “Estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”. Esto nos da seguridad. Por lo cual o debemos temer, ni preocuparos por los cabios sociopolíticos y económicos que se están dando. Al contrario, nuestra actitud ante el tiempo difícil en que vivimos debe ser positiva, optimista y pro activa. Quiero decir que debemos aprovechar este tiempo como la gran oportunidad, como la puerta grande y amplia que Dios no ha abierto para cumplir el encargo sublime de presentar el evangelio de salvación, de dar a conocer el único Dios verdadero y Salvador a todo aquel que aun no le conoce.

Nadie ha dicho que es fácil presentar el evangelio en medio de violencia, inmoralidad, libertinaje, desorden social, guerras entre naciones, inestabilidad espiritual de muchos cristianos, y la avalancha causada por la proliferación del evangelio por causa de muchos falsos. Pero no importa, la Biblia dice, predica e insta a tiempo y fuera de tiempo, en medio de toda circunstancia, debemos dar a conocer el único mensaje que puede transformar la vida de los seres humanos. El mensaje que presenta a Jesús como el único Salvador. Así que, o importa el tiempo, solo da a conocer a nuestro Dios. Si lo haces con fidelidad, al final podrás decir lo que dijo Pablo: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe” (2 Ti. 4:7-8). Este es su tiempo, aprovéchelo, no lo desperdicies, solo da a conocer a Dios.

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Es el secreto para vivir en paz

Dr. Luis Gómez

La Biblia dice, “en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos” (Ro. 12.18). Aparentemente, lograr esto es fácil, sin embargo, es muy difícil, aunque no imposible. Requiere sabiduría, amor, humildad, comprensión, madurez, dominio propio y un sentido de humanidad. Vivir en paz con todos es hermoso y gratificante porque da libertad, confianza y alegría no solo pensar, sentir y actuar. Hay armonía, comunicación, participación, cooperación, y un profundo deseo de vivir en medio de los que le rodean. ¿Cómo lograr esto que en algunas veces parece una utopía? El camino a la paz es el respeto que tenemos hacia los demás, comenzando con Dios, su Palabra, y al prójimo por ser creados por Dios.

Este es uno de los vacíos más grande de nuestra sociedad y la mayor responsabilidad que tenemos nosotros los padres. No hemos enseñado, modelado, e influenciado lo suficiente a nuestros hijos al punto que deseen imitarnos y estén listos para vivir en paz en esta sociedad. El respeto ha de ser igual para el presidente, el gobernador, a los representantes en la cámara, a los senadores, a los alcaldes, a los policías, a los vigilantes, a todos los que están en puesto de autoridad. Obedecer es hacer el bien y esto agrada a Dios porque es hacer la voluntad de Dios. El respeto a los demás, es el camino hacia una vida de paz y armonía.

El triunfo de un país, de una sociedad y de una familia se basa en la clase de relación y educación que cultivemos en el hogar. Los padres responsables son los que hacen la diferencia en la familia y quien hace la diferencia en un Padre responsable es Cristo quien mora en su corazón. Los valores son elementos que se transmiten de generación a generación, de familia a familia, de padre a hijo. Solo que para que estos mantengan su pureza y eficacia requiere que se mantenga el proceso de cultivación. Una nota positiva es que nunca se es viejo para cultivarlos y nunca es tarde para comenzar a practicarlos ya que en todo tiempo y a toda edad traen satisfacción, remuneración y son preventivos.

Los valores no son la vida, pero son necesarios para la vida. Son más que enseñanzas, son convicciones que se enseñan, modelan y demuestran. Los valores son principios, enseñanzas, convicciones y verdades que no se imponen sino que se enseñan para ser adoptados. En Proverbio 22:6, los padres enseñan e instruyen pero no lo imponen a la fuerza, sino que el hijo es quien decide aceptarlos, adoptarlos o rechazarlos. Así que, un valor es una virtud, una cualidad o habilidad que tienen las personas, las cosas, las acciones, las enseñanzas y las verdades. Y el respeto es el valor asociado al temor a Dios, que es tan fundamental en las relaciones que por la buena práctica viene el vivir en paz.

El valor de los valores es que éstos contribuyen en la formación integral de la personalidad de nuestros hijos, de la próxima generación que sostendrá y guiará a la sociedad. Recuerde la iglesia y la escuela son un remanso de valores, pero el hogar es el crisol donde se forja el carácter de ellos, Salmo 144:12. La tarea de ser padres responsables es la más difícil de todo el mundo, pero es la más importante de todas en la vida y es la más gratificante de todas las cosas que hay. Requiere unidad, compromiso, fidelidad, responsabilidad y trabajo en equipo.

El pecado que Dios no perdona

Marcos 3:13-35
Lectura del Nuevo Testamento
Dia 53.

Seguramente ya ha escuchado decir que para Dios no hay nada imposible y que él todo lo puede hacer. También ya escucho decir que Dios es amor y que él todo lo perdona, que no hay ningún pecado que él no pueda perdonar. Si tienen razón, todos, para Dios nada es imposible y él todo lo puede hacer. Sin embargo, la Biblia dice con toda claridad que hay un solo pecado que Dios no perdona, no es que no puede perdonar, sino que no perdona, es la blasfemia contra el Espíritu Santo.

¿Qué clase de pecado es este como para que Dios no lo perdone? Jesús dice: “pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, sino que es reo del juicio eterno”. Es hablar en contra de Dios, hablar en contra de Jesús, es hablar en contra del Espíritu Santo, literalmente es no creer en la Obra de Dios a través de Jesucristo en la cruz, por el poder del Espíritu Santo. El pecado que Dios no perdona y que lleva al ser humano al castigo eterno, es la incredulidad. El único pecado que Dios no perdona por lo cual el ser humano es condenado eternamente, y que es una decisión no de Dios, sino del hombre mismo, es el no creer en Jesús como el único que puede dar salvación y vida eterna.

La vida eterna es un regalo que Dios da por medio de Jesucristo, la cual se recibe por el Espíritu Santo quien hace nacer de nuevo a la persona. Es el Espíritu quien convence al hombre de pecado, de juicio y de justicia, al llevarlo a creer en Jesús quien murió en la cruz para librar al hombre de esa muerte eterna por causa de su pecado (Ro. 3:23, 6:23). Por consiguiente, Jesús dice a los fariseos que la blasfemia que ellos estaban armando en sus mentes era una literal incredulidad, un rechazo pleno a la obra salvadora de Jesús a través del Espíritu Santo. Así que, al rechazar o no creer en Jesús estaban blasfemando contra el Espíritu, y eso es lo que Dios no perdona.

Si aun no has creído en Jesús como tu salvador personal, hoy mismo el Espíritu Santo te está invitando a creerlo. Si lo haces, con seguridad la Biblia dice que serás llamado hijo de Dios (Jn. 1:12) y que serás declarado libre de culpa y de condenación (Ro. 5:1, 8:1). La decisión es tuya, ¿deseas creer por fe en Jesús para vida eterna, o rechazaras esta invitación de amor que te hace el Espíritu Santo lo cual significa condenarte a ti mismo al castigo eterno? Si decides creer, házmelo saber, orare por ti y por fe, serás llamado hijo de Dios para siempre.

La fuente de la ética del cristiano

Dr. Luis Gomez

Romanos 2:18 tiene tres frases progresivas que ayudan para conocer la voluntad de Dios. El conocimiento de la voluntad de Dios es descubrir lo que es correcto lo cual se logra por medio de la instrucción bíblica (Sal. 19:7-10; 119:9-11; Jn. 5:39; 1 Co. 11:1; 2 Ti. 3:15-17). Mantener una ética de altura en la vida cristiana, da valor, posición, felicidad, satisfacción y dignifica, pero tiene un alto precio que pagar (Ef. 4-5; Fil. 4:8-9).

Nuestra conducta, comportamiento y costumbres deben centrarse en Jesús y han de buscar que todos los hechos agraden a Dios (He. 12:1-2). Es una búsqueda constante por hacer lo que es correcto, bueno y satisfactorio, un comportamiento que se conforme a lo que es bueno, correcto y perfecto (Ro. 12:1-2). Vuelve a exigir la ética en Efesios 4:17, 22, 23, 24,5:2 un correcto andar delante de Dios, integridad según el (Sal 15) por medio del abandono de lo que no se ajusta a la ética cristiana, una renovación que no es más que una evaluación, depuración de nuestro ser y hacer y un revestirnos del nuevo hombre que significa la toma de nuevas decisiones como paso final seguros de que somos responsables de tal acción. Finalmente, Fil. 4:8-9 enseña que se debe pensar lo que es bueno, lo que tiene virtud o valor, lo que merece alabanza, luego hacer o practicar lo que se determinó que es bueno, virtuoso, honroso y esto traerá como resultado la satisfacción y respaldo de Dios a nuestras acciones o decisiones.

La ética cristiana como parte de la integridad humana tiene que ver con lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos; nuestro andar (conducta- comportamiento) y nuestro actuar o hacer (acciones y decisiones) en todo lo que es bueno y agradable a Dios. Entre más escudriñamos las Escrituras, mayor es el conocimiento que llegamos a tener acerca de la voluntad de Dios, lo cual nos capacita, autoriza y responsabiliza por el comportamiento, conducta, costumbres, andar y decisiones que tomamos. Mantener una conducta o un comportamiento que agrade a Dios por ajustarse a la Palabra de Dios, al señorío del Espíritu Santo, es la que está bajo la cobertura de la voluntad de Dios. Esto da satisfacción a nosotros mismos, y a la sociedad a la que pertenecemos, pero tiene hay un alto costo que pagar: 1) Tener la aprobación de Dios, 2) Abandono de lo que es malo, 3) Conducirnos vestido del nuevo hombre en Cristo y 4) Pensar, actuar, y hacer todo conforme a nuestra nueva identidad y vocación en Cristo.

Beneficios por la educación

Dr. Luis Gómez

Hay maneras de cultivar amor hacia la educación. Hacer esto es de suma importancia porque termina en parte con el ciclo de pobreza a causa del conformismo que trae la poca educación. Por otro lado, esa pobreza es lo que apresura otros males como la delincuencia, la enfermedad, la acomodación al mismo estilo de vida aprendido de sus padres y el poco desarrollo integral de la sociedad en que vivimos. Es por ello que enseñarles a amar la educación es el segundo valor que nosotros los padres debemos insistir en nuestros hijos, después de cultivar la fe en Dios.

Es verdad que un buen número de personas que ahora son millonarias no alcanzaron a terminar sus estudios universitarios, y algunos ni la secundaria. No obstante, son muchísimas más las personas que por sus estudios han alcanzado su plena realización, que no necesariamente es la riqueza o el éxito según el mundo, sino la satisfacción personal de haber culminado su carrera, haber completado sus sueños, y el haber sido entrenado para ser una mejor persona, un mejor ciudadano, un mejor vecino, un mejor trabajador, un mejor padre, un mejor esposo, y un mejor hijo de Dios.

La educación forma el carácter de las persona, enseña el camino hacia una vida de independencia responsable, contribuye hacia la formación integral de las personas y prepara al individuo para saber vivir en medio de cualquier circunstancia o condición social y cultural. Los padres que se esfuerzan por ofrecer la mejor educación a sus hijos reciben beneficios también. Primero, hay satisfacción por haber hecho lo que tenía que hacer, preparar a sus hijos para que sepan saber vivir en medio de una sociedad donde ya no estarán con los padres. Segundo, satisfacción al ver que sus hijos han alcanzado las metas, y que en algunos casos, hasta los han superado como padres. Tercero, en algunos casos, son los hijos los que más tarde velarán por sus padres y podrán retribuir en parte el esfuerzo de los padres al darles la mejor educación.

Con una generación de personas bien educadas, se puede asegurar un mejor futuro. Los mismos que se educan hasta llegar a ser profesionales llegan a vivir mejor, a trabajar en condiciones más favorable, y a contribuir para una sociedad mejor. Quienes rodean a los profesionales bien educados, llegan a vivir en mejores condiciones, el estado, la sociedad, las iglesias, las familias, y los matrimonios. Subir cada peldaño en la escalera de la superación requiere mucho amor, disciplina, esfuerzo, sacrificio y dedicación. No se puede llegar a ser mejor si no lo ama. Proverbios 6:22 expresa esta gran verdad, “Instruye al niño en su camino y cuando este sea grande no se apartará”. La educación inicia en el vientre, alguien dijo, que en la cuna, y termina en la tumba. Nunca es tarde para educarse, nadie es viejo para educarse, y mientras tengamos vida, cada día es una oportunidad que Dios nos da para seguir escalando peldaños en la escalera de la superación por medio de la educación.

“Sean nuestros hijos como plantas crecidas en su juventud, Nuestra hijas como esquinas labradas como las de un palacio” (Salmo 144:12).

El Señor del tiempo

Marcos 2:13-28
Lectura diaria del Nuevo Testamento

Me he dado cuenta que por lo general, nosotros los humanos abusamos en el uso del tiempo. Por ejemplo, decimos “mañana hare esto, aquello y lo otro” sin tomar en cuenta a Dios que es quien da el permiso de vivir. Precisamente en este momento recién termine de hablar con un señor que ha estado alejado de las cosas de Dios durante 12 años, y siendo conocedor del evangelio, reconoce que necesita volver a los caminos de Dios, pero cuando le hago la invitación a reconciliarse, él dice, se que debo hacerlo, pero espéreme que les visite el domingo. Mis planes son ir a tal parte la próxima semana, me quedare tres días en tu casa, bueno si puedo te visito y si no, no.

El único que es dueño y señor del tiempo es nuestro Señor Jesucristo siendo que él es el Dios Creador y Sustentador de todo. Él hizo el sol, la luna, el día y la noche y a cada tiempo le dio su duración, hasta declarar que la semana tiene siete días, cada uno de 24 horas, cada año de 12 meses, y eso es el tiempo. El movimiento de la tierra alrededor del sol es lo que determina el tiempo, y es Dios el encargado de darle el mantenimiento perfecto al Sol y la luna, a la tierra y todo el sistema planetario para que cada movimiento provean los recursos necesarios para que el ser humano pueda disponer del tiempo.

Es por ello que ningún ser humano puede vivir un minuto sin que Dios lo autorice. El hacer planes sobre el uso del tiempo que va de la mano de la vida es solo un abuso del derecho soberano que solo Jesucristo tiene. En este pasaje, hay una demostración del poder que tiene Jesús como Señor y Dueño del tiempo. A Levi le dice sin mucha introducción, “sígueme”, a quienes le señalaron que sus discípulos no ayunaban como lo hacían los discípulos de Juan y los de los fariseos, Jesús les dijo que mientras él este con sus discípulos no necesitan ayunar, pues cuando se hace se ora al Padre a través de Jesús. Por último, los fariseos criticaron porque los discípulos de Jesús cortaban espigas de trigo en el día de reposo, y él les demostró que es el Señor del tiempo.

Jesús es eterno, Creador y Señor del tiempo. Él puede hacer lo que sea con el tiempo y todo lo que haga no estará en contra de su perfecta voluntad. ¿Acaso es pecado lo que hicieron los discípulos en el día de reposo? ¿Es malo comer en el día de reposo? Había una ley que decía que los agricultores debían dejar la orilla de la plantación de trigo sin cortar para que quienes caminaban pudieran cortar y comer sin que fuera considerado como robo. Entonces, los fariseos estaban cuestionando el hecho que lo hacían en el día de reposo. Jesús, como lo dice en otras ocasiones, que él es el dueño del día, del tiempo, y él soberanamente decide qué hacer con este.

Bueno, concluyo afirmando que cada uno de nosotros somos simples administradores del tiempo, de la vida, de lo que tenemos y somos. Pero en cuanto al tiempo, planes y las cosas que pretendemos hacer, antes debemos hacerlo en el nombre de Dios, con el permiso de Dios. Porque sin él nada podemos hacer, y si lo hacemos sin ese permiso, es abuso. Consejo, antes de hacer cualquier cosa, pida la aprobación de Dios, y todo le saldrá mejor y habrá menos riesgos.

Soberanía de Jesús al ejercitar su poder

Lectura diaria del Nuevo Testamento
Marcos 2:1-12
Dr. Luis Gomez

Ya hemos visto en el libro de San Mateo diferentes maneras en que Jesús ha hecho milagros. Con todo, a pesar de las diferentes maneras de demostrar que tiene poder, siempre ha tenido a su alrededor, personas que son incrédulas u oponentes declarados o recalcitrantes. Digo esto porque aunque el milagro beneficia a una persona, anima e inspira a muchos otros más, y a la misma sociedad le conviene, estas personas siempre encuentran algo negativo o manera de oponerse. Tal es así, que esto confirma el cumplimiento de Génesis 3:15, donde se profetiza la lucha que Jesús tendría, una oposición impulsada por el mismo Satanás. De manera que esta gente que se opone a Jesús son enviados o manipulados por Satanás.

En este pasaje, Jesús ejercita su poder bajo la dimensión de su soberanía, la cual muchos ni la entienden, y otros mejor la cuestionan en vez de aceptarla con satisfacción y felicidad. ¿Qué es más fácil para Jesús, tus pecados te son perdonados o levántate y anda, siendo que él es Dios y tiene todo el poder necesario y la libertad soberana para hacerlo? Dígame usted, ¿Qué es más fácil, sanar enfermedad o perdonar pecados? Que en este caso, los pecados del enfermo son los que matan, y los que lo condenan para siempre. La acción de perdonar este tipo de pecado, todo el tiempo se había atribuido a Dios, solo él puede perdonar pecados, y estamos de acuerdo con esto. Significa que lo que esta gente no aceptaba es que Jesús expresara estas palabras que solo Dios lo puede hacer. Sin embargo, el milagro de sanar a un enfermo, es obra que solo se atribuye a Dios.

Entonces, ¿Cuál es el problema de esta gente? ¿Implica que si aceptan que Jesús le diga al paralitico, “levántate y anda” lo cual significa sanidad, un milagro que ninguno puede hacer, obra que solo Dios lo puede hacer? Sin embargo, no están dispuestos a que Jesús diga, “Tus pecados te son perdonados”. Ambas acciones pertenecen a Dios en el ejercicio del derecho soberano de usar su poder según su voluntad. En este caso, a Jesús le plació, perdonar sus pecados porque vio la fe del enfermo más que la misma enfermedad. Los pecados matan eternamente, la enfermedad solo puede llevar a la muerte física del cuerpo pero no del alma. Así que, entre sanar o salvar a un enfermo, Jesús decidió soberanamente por salvarlo al perdonar sus pecados que lo condenaban.

Eso es lo que Satanás no quería, perder un alma, pues él quiere que todos lo acompañen al infierno eterno. Más del deseo de Dios es que ninguno se pierda y que todos vengan al arrepentimiento, lo cual solo es posible por el regalo de Dios, el perdón de pecados y la salvación eterna. Jesús mismo está haciendo esto con el enfermo, darle primero salvación y luego sanidad física, este es el orden de prioridad en el ministerio de Jesús, salvar y no tanto sanar. Hoy, Dios quiere salvar, y cuando una persona cree en él, Dios se encarga de las demás necesidades, sea enfermedad o algo más. Lo importante es creer en él de todo corazón.