El respeto es hacia Dios

Mateo 21:1-17
Dr. Luis Gomez Chavez
Lectura diaria del Nuevo Testamento.

Uno de los temas más leídos en mi blog personal en los más de 40,000 personas de más de 65 países del mundo es el tema sobre el valor del respeto. Solo en este año, cerca de 30,000 personas han entrado a mi blog personal, y en cada semana, no baja de 70 personas que leen el artículo sobre el respeto y sobre como fortalecer la fe. Esto me ha hecho ampliar el articulo y prepararlo para ser publicado en mi tercer libro titulado, “Al rescate de los valores”, ¿A dónde se han ido? Pero más que escribir o ampliar el tema del respeto me ha hecho evaluar la cultura de respeto que tenemos en pleno siglo XXI. Sin mucho pensar, concluimos que el valor del respeto debe ser rescatado porque desde los más pequeños hasta los más grandes nos hace falta aprender a respetar, comenzando con el respeto hacia Dios.

No creamos que irrespetar a Dios es decir malas palabras delante de él. No, a Dios se le falta el respeto cuando no hacemos lo que él nos ha ordenado hacer. Cuando no somos puntuales, cuando lo dejamos por otra actividad, cuando aun estando en la casa de Dios lo hacemos a la fuerza, sin deseo, por obligación, o compromiso. Cuando hacemos un ministerio guardando ciertas actitudes incorrectas dentro del corazón, cuando no estamos bien con los demás, cuando no somos honestos, cuando tenemos un interés personal, cuando solo buscamos ser vistos. Todo eso es no respetar a Dios. Ahora imagínese como deshonramos a Dios, cuando dejamos de asistir al templo por hacer otras cosas, cuando asistimos a la casa de Dios mal vestidos, cuando servimos a Dios pero solo pasamos hablando mal de los demás, o no damos lo que le pertenece a Dios, cuando cantamos solo con los labios, cuando mentimos a los mismos hermanos, cuando criticamos, etc. Todo eso es falta de respeto a Dios.

Jesús estando próximo a su muerte en la cruz, en cumplimiento de las profecías, entro a Jerusalén cabalgando un pollino hijo de una asna y se dirigió directamente al Templo, su casa de oración. Lea con cuidado y descubrirá los elementos que confirman que quien está entrenado montado en un pollino es el Rey. La aclamación de hosanna, tendían mantos y ramas de árboles en el camino, el canto especial, y Jesús montado en el pollino. Pero al llegar al templo se encontró con una demostración de falta de respeto tan exagerado que hizo que el recién aclamado rey, dueño del templo, su casa de oración, se enojara y con autoridad amonestara a todos los presentes en el templo, quienes no estaban allí para adorar a Dios, ni edificarse espiritualmente, mucho menos para proclamar el evangelio. La gente había convertido el templo en un mercado libre, un mercado de intercambio, en un mercado negro, ilegal, pues no había sido construido para ello.

Cuando no aprendemos a respetar a Dios somos capaces de justificar todo lo que hacemos. Cuando irrespetamos a Dios, no tomamos en cuenta el lugar donde estamos, nos olvidamos el propósito de nuestra existencia, con facilidad cambiamos las cosas y nos da igual se hipócritas. Esta gente vendía, compraba, gritaba, cambiaba, hacían negocios, en la casa de Dios, olvidándose que era un lugar santo. En ese lugar comían, hacían sus necesidades fisiológicas, hablaban barbaridades y todo porque en su corazón no existía la palabra respeto a Dios, porque no lo sentían, lo pensaban y mucho menos lo mostraban. Cualquiera de nosotros diría, que gente más abusiva e irrespetuosa la de ese tiempo. No se alarme, que por lo menos ellos lo hacían en público, creían no estar ofendiendo a Dios y lo hacían para sobrevivir. En este tiempo, Dios es irrespetado a escondidas, y en público, conscientes e inconscientes, y abiertamente, con pleno conocimiento. A Dios se respeta en todo lugar, porque el hijo de Dios se ha convertido en la casa de Dios, y por ende, con todo lo que sentimos, pensamos y hacemos podemos respetar o irrespetar a Dios. Quiere decir entonces, que hoy somos más responsables de respetar a Dios que las personas que estaban vendiendo en el templo en tiempos de Jesús. No olvide que a Dios se respeta con palabras, gestos, acciones, miradas, pensamientos, deseos, y actividades. Pidamos perdón a Dios, cada vez que no reconocemos su presencia, su grandeza, su santidad, su amor, su perdón, su misericordia, cada vez que no le damos honra, cada vez que lo ocultamos y no lo damos a conocer, porque todo eso es falta de respeto.

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