A Dios no se le pasa nada

Día 269, Lectura de la Biblia en un año, Amós 1-4

Dr. Gomez Chavez

He conocido padres que olvidan cumplir lo que han prometido a sus hijos. Creo que más de alguna vez me ha pasado a mí como padre en que prometí disciplina a mi hijo si regresaba más tarde de la hora acordada. Cuando los hijos ven que olvidamos lo que hemos prometido, vuelven a hacer lo mismo con la confianza que a nosotros los padres se nos olvida lo que prometemos o nos pueden engañar con facilidad. Por ejemplo, si el hijo sale a jugar con sus amiguitos por solo 30 minutos, pero regresa una hora después, y el padre no dice nada, el hijo asumirá que al padre no le importa desobedecer sus órdenes. Si al hijo le dices que solo vea una hora de TV, o juegue solo 30 minutos en su playstation, pero no le dice nada cuando alarga hasta la hora y media, los hijos ya no toman en serio ni las palabras del padre ni las reglas de comportamiento. Esto, es un error de nosotros los padres que debemos superar.

A Dios no se le pasa nada, él no olvida nada de lo que hacemos. Aun cuando dice la Biblia que ya no se recordará de nuestros pecados, claro que si los recuerda, solo que una vez los perdona, esos pecados nunca más tienen poder condenatorio ni Dios los usará para culparnos. Sin embargo, no pasará por alto todos aquellos pecados que cometemos y que no los hayamos reconocido, confesado y no hemos pedido perdón por ellos. Es más, aun cuando Dios ya los perdonó, no pasa por alto las consecuencias por el pecado que él mismo promete. Para que haya coherencia en las Escrituras que dice, “todo lo que el hombre sembrare, eso cosechará”, esto debe suceder así. Dios perdona el pecado, y no toma ese pecado para juzgarte, culparte o condenarte, pero no se olvida de las consecuencias de ese mismo pecado que ya ha sido perdonado.

Esto es lo que está sucediendo en el libro de Amós 1 al 4. El profeta utiliza un estilo literario que usado por Salomón, al decir que tres pecado y por el cuarto, Dios no revocará su castigo. Es un estilo literario no muy común entre los judíos, pero si conocido, y se usa cuando tiene relación con disciplina o castigo. La fórmula es aplicada siete veces: 1:3, 6, 9, 11,13, 2:1,4, 6. En las siete veces Dios les dice que no puede pasar por alto el pecado cometido, no puede olvidar lo mal que se han comportado, y no dejará sin castigo a estas naciones porque no han reconocido ni confesado su pecado y no han pedido perdón por eso. Por otro lado, aunque Dios les hubiera perdonado sus pecados, Dios no pasará por algo las consecuencias del pecado, no revocará su castigo, o sea la consecuencia.

Esto sirve de llamado de atención, uno para no cometer pecados, y dos, para estar preparados para recibir las consecuencias de algún pecado cometido, que es el fruto legitimo del pecado cometido. Lo importante no es cometer pecados, pero si alguno ha cometido pecado, lo mejor que puede hacer es reconocerlo, confesarlo, pedir perdón por este porque así, Dios elimina el poder condenatorio del pecado, y el poder mortal del mismo. Una vez se obtiene el perdón de Dios, juntamente con esto viene la paz, la libertad, la tranquilidad y la confianza que son de mucha ayuda para enfrentar las consecuencias. Los efectos resultantes de un pecado dependen de la magnitud del pecado. En el caso de estas naciones, el pecado había sido muy fuerte y desagradable contra Dios, por lo tanto, el castigo o la disciplina es fuerte.

La lección inmediata para ti y para mi es a no pecar, y si pecamos, de inmediato pedir perdón a Dios reconociéndolo por su nombre. Entre más escondemos un pecado, mayores estragos harán no solo en nosotros y las consecuencias del mismo serán aterradoras. Es debido a que a Dios no se le pasa ni el más mínimo pecado que cometemos, es que por el más pequeño pecado que cometemos debemos confesarlo delante de Dios y pedirle perdón. Es mejor sufrir la consecuencia del pecado estando en paz con Dios, que sufrir el poder condenatorio y la consecuencia del mismo alejados de Dios.

Vamos, si tienes algo escondido, confiésalo delante de Dios, porque a Dios nada se le escapa, todo lo sabe, todo lo ve, y todo lo puede perdonar. Si lo guardas o lo escondes sabiendo que a Dios no lo puedes engañar, a ti mismo te estás engañando, y por consiguiente, te estás haciendo mal tu mismo, y tarde o temprano dará a luz el pecado, y entonces, todos los sabrán. Deja de hacer lo malo que estás haciendo y comienza una nueva vida en Cristo.

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