El olvido que no se debe dar

Día 266, Lectura de la Biblia en un año, Oseas 7-9

Dr. Luis Gomez Chavez

Cuenta la historia de un señor que era muy olvidadizo. Este hombre en una ocasión fue acompañado de su esposa a la ciudad cercana a su pueblo natal. Después de hacer todo lo que tenía que hacer, este hombre se regreso a su casa con todas las compras y después de haber caminado más de una hora, se dio cuenta que había olvidado a su esposa y se regreso para buscarla. ¿Cómo cree usted que pudo haber estado la esposa después de tan grande olvido? ¿A caso ella era un animal, objeto o cosa? Sin embargo, la historia no cuenta si la esposa le reclamo de enojada o que, simplemente lo sorprendente e imperdonable de la historia es que este hombre olvido a su esposa en el pueblo grande.

El problema del olvido no es tan común en las personas menores de los 40 años, pero si comienza a darse en las personas de edad mayor de los 40. Olvidarse de una información es algo común, y a veces se olvida las cosas dependiendo del grado de importancia, interés o relación que haya con lo que se olvida. Claro, no se aprueba, pero si es real y común que alguien falte a una cita, reunión, o una fecha por olvido, que una persona olvide un dato importante, una fecha o una información determinante para la vida. Pero que una persona olvide el día del cumpleaños de la esposa o esposo, del hijo o la hija, del papá o la mamá, no es muy agradable, pero se da de vez en cuando. Más aun, es imperdonable que un esposo deje olvidada la esposa en algún lugar y regrese a su casa como que si nada ha pasado.

Todo, puede ser perdonado, todo hasta puede ser justificado porque a todos de pronto nos puede fallar la memoria permanente. Sin embargo, lo que es imperdonable e inaceptable es que nos olvidemos de Dios después de todo lo que ha hecho a nuestro favor. Dios ha sido bueno, Dios es realmente bueno, Dios ha sido fiel y Dios sigue siendo muy fiel con cada uno. Todos los días se preocupa por buenos y malos al dejar salir el sol, al enviar lluvia, el dejar encendido el aparato que nos da el aire, al evitar que x animal nos contamine, al cuidarnos mientras dormimos. ¿Qué hay en este mundo, que tiene el ser humano, quien puede acreditarse como autor de algo que hay en la tierra? Nadie, ninguno y nada, porque todo este mundo existe, lo hay en él, todo es de Dios y para Dios (Salmo 24:1).

¿Quién puede olvidarse de Dios? Eso es exactamente lo que el pueblo de Israel había hecho, incluyendo los de Judá, se habían olvidado de Dios, su Creador, su Libertador, su Protector, y su Sustentador. Oseas 8:14 dice: “Olvido, pues, Israel a su Hacedor”. Es un reclamo, y es una llamada de atención, porque no es un simple olvido, porque cuando nos olvidamos de Dios es porque estamos cometiendo otro pecado, lo estamos sustituyendo por otra cosa que no es Dios, y esto se llama idolatría, fornicación e infidelidad espiritual. Esto es exactamente lo que Dios quiere que Israel reconozca por medio del ejemplo del matrimonio de Oseas, que han sido infieles, han fornicado, han adulterado espiritualmente contra Dios al ir tras otros dioses, al poner su confianza en otras cosas, al darle mayor importancia a otras personas, cosas, objetos, o actividades. El 9:1 confirma su pecado de fornicación espiritual, olvido y practica de la idolatría (8:1b).

Mis amados, si Dios nos juzgara como juzgo al pueblo de Israel por medio del profeta Oseas, yo creo que la dimensión de infidelidad espiritual en nuestras iglesias seria exorbitante. Porque muchos no solo nos hemos olvidado de Dios, le hemos dado la espalda a Dios, sino que lo hemos sustituido por otras cosas. Ya Dios no es lo mas importante en nuestra vida, sino que otras cosas tales como el trabajo, deporte, juegos, aparatos de tecnología, hijos, familia, amigos, dinero, carros, internet, viajes, negocios, o simplemente nosotros mismo. Esto es muy triste, porque a veces nos cansamos tanto en el trabajo que cuando venimos a darle ofrenda a Dios, lo hacemos cansados, a la fuerza, sin mucho entusiasmo y entrega.

Este es el olvido que no se debe dar. Jamás nos olvidemos de Dios, y nunca sustituyamos a Dios por otra cosa. Dios merece el primer lugar, Dios merece mi mejor adoración, mi mejor tiempo, mi mejor ofrenda. Ponga en acción su fe, y dedíquele más y mejor tiempo a Dios, y compruebe la fidelidad de Dios. No deje que el trabajo, la tecnología, el modernismo, los lujos, lo que hay en este mundo lo deslumbre, mantenga siempre su confianza en Dios, mantenga su lealtad a Dios, no se aparte de [el, sea fiel a Dios siempre es fiel, nunca falla.

Cuidado con el olvido de Dios porque esto conlleva no solo a la apostasía, sino a la idolatría espiritual. Caer en esto, es exponerse a la disciplina y castigo de Dios.

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