Principios bíblicos para una pastoral

Dr. Luis Gomez Chavez
*Parte del libro en proyecto “Lo que callamos los pastores”

Generalidades

Desde hace unos dos años he estado recopilando, analizando y escribiendo acerca del tema de las paradojas en el ministerio pastoral. Lo que me ha motivado a escribir sobre este tema es porque he descubierto dos realidades que son las responsables de la crisis que hay en el ministerio pastoral. He escuchado, he visto y he vivido personalmente no solo injusticia en el trato a los pastores, sino lágrima, soledad, tristeza, decepción, desilusión y hasta resentimiento en muchos pastores. Por lo anterior, el pastor realiza el ministerio en un claro vacío, o en un árido desierto acompañado de soledad, escasez, peligro, miseria, oposición y a veces hasta tirantez. Pero por el otro lado, he encontrado súper pastores haciendo el ministerio de manera dominante, manipulador, indiferente, cómodos, sin exigencia, y sin control o supervisión donde se rinda cuentas, al estilo de un monarca.

La crisis ministerial se ve en las relaciones de pastor y congregación, de pastor y liderazgo, y de visión pastoral y realidad congregacional. Por un lado hay desinterés, poco respaldo, y poco reconocimiento hacia el pastor como siervo, enviado y ungido de Dios. Por el otro lado, hay un empoderamiento o emancipación del liderazgo que no permite, ni da libertad para que el pastor haga el ministerio apegado a la Biblia, controlado por el Espíritu Santo, saturado del amor de Dios y comprometido con la misión de Jesús. El liderazgo no acepta ni permite la visión del pastor porque esto implica trabajo, sacrificio, esfuerzo, despojo, renuncia, entrega, y mucho compromiso. Así que, unos pocos son los que dominan el curso de la iglesia, evitando así que la iglesia sea pastoreada como Dios lo manda (1 Pe. 5:1-4, 1 Te. 5:12-13; He. 13:7,17).

La primera realidad responsable de la crisis ministerial en una iglesia es que hay pastores que hacen el ministerio pastoral sin motivación, respaldo, satisfacción, y visión. Hay un gran porcentaje de siervos que están insatisfechos y desmotivados para hacer el ministerio como Dios lo manda, apegado a la Biblia, porque no reciben el apoyo necesario del liderazgo, y no siente libertad ni autoridad para hacerlo tal como les ha sido encomendado. No hay estímulos para los pastores, solo reclamos, señalamiento, crítica, fiscalización, y una enorme deuda de respeto, aprecio, amor, y cuidado.

El estimulo, la motivación y el respaldo no necesariamente es económico sino emocional. Aunque al decir verdad, cuando el pastor no es reconocido económicamente repercute en muchas otras áreas: emocional, social, familiar, y espiritual. Por ejemplo, las relaciones matrimoniales y familiares se ven duramente afectadas cuando esto pasa. Es triste saber que el pastor no recibe de la iglesia lo suficiente como para tener una vida normal: ni rico ni pobre. El pastor debe vivir a la altura del promedio de la congregación, si es posible un poquito más, debido a que tiene gastos de representación todo el tiempo: con una familia, un joven, un matrimonio o alguien más que atiende en su casa o una visita a personas necesitadas.
Además, el pastor es la carta de presentación de la iglesia, por lo cual debe estar bien presentable todo el tiempo, y eso requiere gastos extras. La esposa debe mantenerse bien presentable pues refleja su satisfacción en la iglesia. Los hijos deben estar bien vestidos porque al fin de cuenta son los hijos del pastor, de quienes se demanda lo mejor. Bueno, en fin, la imagen de una iglesia se mide por el grado de satisfacción, contentamiento y felicidad que hay en la familia pastoral, y esto muchas veces se descubre con solo ver el rostro de ellos.

Cuando el pastor es atendido, cuidado, apreciado, valorado y reconocido con dignidad y tiene lo necesario como para cubrir holgadamente los gastos normales de su casa, este siente libertad, y satisfacción para hablar con autoridad acerca de la fidelidad y provisión de Dios; del cuidado de la familia, de la generosidad y fidelidad de la iglesia. El ambiente de la iglesia, de las relaciones y del liderazgo que ama, respeta, cuida, aprecia y provee para su pastor, es agradable, bueno, perfecto y propicio no solo para que Dios envíe bendición, sino también vida eterna. La iglesia es bendecida cuando cumple fielmente con su pastor. Esta es responsabilidad del liderazgo en funciones atender, cuidar, proporcionar y proveer lo necesario a su pastor y familia no solo como lo manda la ley sino como lo ordena la Biblia, “el obrero es digno de su salario” y “los que se encargan de enseñar y predicar tenlos por dignos de doble estima” (1 Ti. 5:17).

Cuando la iglesia tiene la capacidad financiera, para cuidar de su pastor para que este cuide a la iglesia, pero que por el monopolio del liderazgo, el pastor es descuidado, y no es reconocido, valorado, ni sostenido con dignidad se está cometiendo uno de los errores más graves. El resultado es que Dios detiene la bendición, el estancamiento de la iglesia se nota con facilidad, y/o la renuncia inesperada de su pastor puede llegar, y se da mal testimonio. Un pastor que calla en silencio la injusticia, el mal trato, y la falta de motivación por parte del liderazgo y de la iglesia es un candidato a renuncia, enfermedad, problema familiar, y hasta un problema dentro de la iglesia. Un pastor descontento, insatisfecho, desmotivado y poco reconocido termina haciendo las cosas a la fuerza, por obligación, y esto no agrada a Dios, no edifica a la iglesia y no ayuda a dar testimonio de Cristo al mundo necesitado.

La segunda realidad responsable de la crisis ministerial es la existencia de líderes insensibles, sin visión, sin celo por la obra, descontextualizados de lo que en realidad es el ministerio pastoral y de los líderes según la Biblia, no según la costumbre, la tradición, etc. En otras palabras, cuando los ancianos, los diáconos, los maestros de la iglesia no han entendido el significado bíblico del ministerio, lo más seguro es que reinara el despotismo, el vanaglorismo, el caciquismo, y el legalismo recalcitrante. Alguien ha dicho que el liderazgo es el que decide que la iglesia caiga o avance.

Hay líderes dentro de las iglesias insensibles y poco espirituales, pero si legalistas, y bien posesionados de sus puestos hasta el punto que monopolizan el poder porque han personificado el poder. No dejan hacer ni hacen, y de lejos se muestra la falta de oración, de lectura de la Palabra, de una buena relación con Dios con solo escucharlos hablar, verlos reaccionar o actuar. Es tanto su empoderamiento y adueñamiento de la iglesia, que aunque no están haciendo nada, nadie se atreve a quitarlos de sus puestos. Yo estoy seguro, que estos líderes, porque no son siervos, no han sido elegidos por Dios como Saúl, pero allí están como aguijones, haciendo a cuadritos la vida del pastor o de aquellos que se atrevan a enfrentarlos.

Por favor observe con mucho cuidado lo que dice Jeremías 23:30-33, “Por tanto, he aquí que yo estoy contra los profetas, dice Jehová, que hurtan mis palabras cada uno de su más cercano. Dice Jehová: He aquí que yo estoy en contra de los profetas que endulzan sus lenguas y dicen: El ha dicho. He aquí, dice Jehová, yo estoy en contra de los que profetizan sueños mentirosos, y los cuentan, y hacen errar a mi pueblo con sus mentiras, y con sus lisonjas, y yo no los envié ni les mandé; y ningún provecho hicieron en este pueblo, dice Jehová”. Al comparar esto con Dt. 18:15-21 podemos comprobar que el profeta verdadero habla solo la Palabra de Dios y no la suya, y lo que dice se cumple. Pero el falso profeta, era castigado con la muerte, porque solo mentía.

Nosotros los cristianos hoy debemos abrir no solo los ojos físicos, sino todos los sentidos para estar alerta a esta realidad. Jesús edifico su Iglesia para que anunciara el evangelio de salvación sin condición alguna, pero muchos falsos anuncian un evangelio sin la cruz, sin necesidad de Jesús, sin sangre, ni sacrificio, es un evangelio superficial, tolerante, comerciante, es puro negocio. Con seguridad puedo decir que no todos los que se autonombran apóstoles, profetas, pastores, misioneros, ministros, siervos, líderes de las iglesias están aprobados por Dios. Muchos solo son encantadores, caudillos, manipuladores, engañadores, que en vez de presentar un evangelio regido a la Biblia, están presentando un evangelio de conveniencia, caprichos, interpretaciones humanas, legalismos, e intereses personales, etc. Muchos líderes no están velando por la pureza del evangelio sino la continuidad de ellos en sus puestos.

Abre bien los ojos, y asegúrate que estás en el lugar correcto donde se predica el evangelio tal como Jesús lo enseñó. Un evangelio que exige arrepentimiento y confesión de sus pecados, fe total en la persona y obra de Jesucristo como el único que puede salvarlo, y un evangelio que después de haber recibido a Cristo exige vivir separado del mundo, apartado del pecado, dedicado al servicio de Dios, comprometido con la iglesia, y entregado a cumplir la misión de Jesús guiado por el Espíritu, y saturado del amor de Dios. Un evangelio que reconoce que la Biblia, la Palabra de Dios, es la máxima autoridad de Dios para la vida de cada cristiano. Un evangelio que por obedecer la Palabra hace que el creyente crezca espiritualmente hasta parecerse a Jesús, camino que implica pruebas, sufrimiento, limitaciones, y tentaciones como lo vivió Jesús.

Los verdaderos enviados de Dios dicen lo que Dios les ha mandado decir, viven de acuerdo al mensaje que Dios les ha dado, y todo el tiempo se dedican a enseñar al hombre a dar gloria y honra solo a Dios. El mayor énfasis del profeta verdadero, del apóstol verdadero, del pastor verdadero, del misionero verdadero, del ministro verdadero y de los líderes verdaderos de las iglesias es dar a conocer a Dios, es vivir como siervos (dulos) de Jesús. No se enriquece de los demás, no manipula, no engaña para que lo sigan sino que dice la verdad, vive la verdad, obedece la verdad, enseña a seguir la verdad, y Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida, nadie viene al Padre sino solo por Jesús. Son líderes que reconocen a sus pastores, y los pastores reconocen a sus líderes, ambos están dedicados a ser fieles a Dios, a respetarse, amarse y cuidarse.

No todo el que dice predicar a Jesús y ser un predicador de Jesús es auténtico representante de Jesús. No te dejes impresionar por su encanto al predicar, por su elocuencia al predicar, por su fama como predicador, por la cantidad de personas que asisten para escuchar su discurso, evaluad su vida de acuerdo a lo que predica, si dice, y vive lo enseña. Si enseña a honrar, adorar, glorificar solo a Dios por sobre todo, a este oíd. Si predica apegado a la Biblia, sometido al Espíritu, saturado del amor de Dios y comprometido con la misión de Jesús, a este oíd.

Este es el camino más corto y recto para eliminar la crisis ministerial que viven muchas iglesias hoy. Por un lado, la iglesia y los líderes deben apreciar, cuidar, respetar, sustentar, y reconocer a sus pastores de tal manera que se sientan estimulados, satisfechos, respaldados y motivados para hacer el ministerio como Dios lo ha ordenado. Pero también, los líderes deben decir, vivir, y enseñar la verdad con coherencia, gobernando a la iglesia como lo enseña el apóstol Pedro 5:1-4. Los líderes y los pastores necesitan dejar de ser insensibles, sin visión, sin celo por la obra, descontextualizados de lo que es la realidad del ministerio pastoral y ser líderes según la Biblia, no según costumbre, y tradición, etc., (1 Pe. 5:1-4, 1 Te. 5:12-13; He. 13:7,17). El ejemplo mejor lo tenemos en Jesús como el buen pastor, en Pablo como el pastor de los gentiles, y en Pedro como el pastor de los judíos.

Anuncios

De emigrar todos sabemos un poco

Día 240, Lectura de la Biblia en un año, Jeremías 44-47

Dr. Luis Gomez Chavez

Pareciera que la idea de emigrar comenzó en los últimos siglos y que se arrecio en el siglo XXI. Es más, todo indica que Estados Unidos es el país más enfocado para que las personas busquen hacia donde emigrar. La conclusión a la que se ha llegado es que este país está compuesto por personas o que emigraron de otros países o son parientes de padres que anteriormente llegaron de otros países. Sin embargo, cuando uno revisa las estadísticas de todos los países del mundo, siempre encontraremos a personas que han llegados de otros países y se han quedado a vivir en esos nuevos países. Por supuesto que hay países con mayor afluencia de inmigrantes que han emigrado de sus países y que viven en otros países que no son los suyos.

Desde el inicio de la humanidad, la idea de emigrar de una tierra a otra era común. Lo interesante es que antes había mucha libertad para movilizarse o apropiarse de tierras, pues era poca la humanidad, me refiero al tiempo de Adán, y Noé. Las cosas comenzaron a cambiar ya en el tiempo de Abraham donde los descendientes de Noé: Sem, Can y Jafet ya se habían convertido en poderosas civilizaciones por el año 3000 antes de Cristo. Significa que cada una de estas civilizaciones representaba naciones con terrenos enmarcados como de su propiedad, con leyes y normas en cuanto a la residencia de personas extranjeras. Tanto así que, cuando Jacob emigro de Canaán a Egipto junto con sus 70 descendientes para unirse a José por voluntad de Dios, vivieron como extranjeros en tierras ajenas aun cuando tenían todo para vivir.

En el tiempo del profeta Jeremías, los judíos son expertos en emigrar e inmigrar de un lugar a otro y de regresar a su tierra. En este caso, la gran mayoría de los judíos fueron llevados a Babilonia a la fuerza, como un castigo de Dios, en calidad de cautivos, para vivir como residentes en una tierra extranjera, ellos son residentes legales e ilegales al mismo tiempo. Mientras que los pocos que quedaron en Judá, pobres, niños, los menos habilidosos y preparados intelectualmente, todos decidieron emigrar a Egipto en contra de la Palabra de Dios (Je.43). Bueno, en si el emigrar ilegalmente a otro país es incorrecto porque viola la ley que prohíbe ingresar y habitar en un país que no es el suyo sin un permiso legal. Este remanente de judíos emigraron ilegalmente a Egipto, pero eso no es solamente lo grave, sino que están regresando al país del cual fueron liberados de la esclavitud hacía unos 900 años. La inmigración ilegal todo el tiempo no es aprobada por Dios, y hacerlo significa estar expuesto a sufrimiento, desprecios, injusticias, persecución, etc., por parte de las autoridades del nuevo país.

Cuando no se toma en cuenta lo que Dios dice en su Palabra y no se obedece lo que él enseña en cuanto a emigrar ilegalmente a otro país, se viola cuanta ley exista y siempre habrá una justificación que no siempre será válida. El remanente de Judá, no les importo emigrar a su antiguo verdugo, ni desobedecer a Dios quien 900 años antes los liberto con poder de la mano del Faraón. Cuando Jacob con sus hijos llegaron a Egipto mientras José era el segundo en el palacio, emigraron legalmente, y con ser así los convirtieron en esclavos, al considerarlos extranjeros, una vez José murió. En el tiempo cuando Jeremías era el profeta, los pocos que emigraron a Egipto lo hacen ilegalmente y esto les trajo consecuencias terribles, lo cual Dios se los había advertido de antemano, con todo no le hicieron caso (Jer. 44).

La Biblia dice que nosotros los cristianos somos extranjeros viviendo en una tierra que no es nuestra porque nuestra ciudadanía está en los cielos. Dice que Abraham obedeció a Dios al dejar su tierra de Ur de los Caldeos para ir a una tierra extranjera que pertenecía a Dios. La tierra que le estaba ofreciendo era un tipo de la que Dios le había ofrecido la cual era una tierra mejor, una ciudad mejor, una ciudad celestial, a la cual él no pudo llegar en vida, pero al morir fue llevado a esa ciudad celestial a la cual todos los hijos de Dios un día llegaremos, la Nueva Jerusalén. Así que, hoy residimos temporalmente en una tierra que no es nuestra, aun si vives en tu propia nación, ese solo es tu residencia temporal, porque si eres hijo de Dios, a ti te espera la residencia eterna o permanente donde viviremos con Cristo para siempre.

Este es el consejo, si tú vives en un país que no es el tuyo, sea que estés residiendo legal o ilegalmente, sea que entraste legal o ilegalmente, tu responsabilidad es ser un residente ejemplar. Acatemos las leyes, seamos los mejores habitantes, comportémonos mejor que los que han vivido acá por toda la vida. Declare cada año sus impuestos, participe en las cosas que la ley le pide, mantenga limpia su yarda, cuide de no votar basura en las calles, respete a las autoridades, obedezca toda ley de transito, ore por el presidente y los que están en eminencia. Si ya vive acá porque ha emigrado de su país natal, no importa su status legal, sea un residente ejemplar.

Aprovecha las oportunidades que te da su nuevo país de residencia, trata de superarte todos los días, y cada día se una mejor persona que honre a Dios, represente a tu país, y contribuya a la superación de tu nuevo país. De emigrar todos sabemos un poco… nos corresponde seber vivir como buenos inmigrantes.

Ni un paso atrás

Día 239, Lectura de la Biblia en un año, Jeremías 39-43

Dr. Luis Gomez Chavez

La idea de no dar ni un paso atrás incluye hasta hacer una mirada. Este fue el caso de la esposa de Lot. Dios les había dicho que ninguno volviera su mirada a Sodoma y Gomorra pues quien lo hiciera moriría y se convertiría de inmediato en estatua de sal. ¿Qué significa dar una mirada hacia atrás? Puede significar que está pensando, le está pesando, está deseando volver a ese lugar porque aun no está convencido de que la decisión de dejar ese lugar, el pasado, lo que esta atrás es lo mejor. Por otro lado, está de por medio la palabra de Dios quien prohibió mirar hacia atrás, y hacerlo es desobediencia, y la desobediencia tiene castigo. La Biblia dice que esta mujer miró hacia atrás, para mirar como Sodoma y Gomorra era destruida por fuego, y ella fue convertida en una estatua de sal, no por mirar sino por su desobediencia, por no creer en la Palabra de Dios, por no estar completamente satisfecha con la acción que Dios tomó.

El mismo principio se aplica a nuestras vidas hoy. Dios nos ha ordenado hacer muchas cosas y nos ha prohibido hacer otras cosas. Lo que él busca de nosotros es obediencia, simplemente obediencia. Mientras Jeremías aun permanecía encadenado, el rey de Babilonia le permite escoger si regresar a Judá o permanecer en Babilonia, esto por voluntad de Dios quien le ordeno a Nabucodonosor permitir esto a Jeremías. Según Jeremías 40:6, el profeta opto por quedarse con el pequeño remanente en Judá donde Gedalias había sido designado rey. El remanente estaba formado por la gente más pobre (40:7), con menos habilidades, menos preparados y con poca destreza para el trabajo, pues la gente con mayor y mejor potencial fue llevada a Babilonia.

A esta gente que se quedó en Judá, Dios les prohíbe regresara a Egipto porque si lo hacen morirán de hambre, pestilencia (42:15-19). La acción de volver atrás es pecado no solo por la desobediencia sino por la falta de fe en Dios. Si Dios les ha dicho que no regresen a Egipto que para nosotros es un tipo del mundo, y que si lo hacen no solo enojaran a Dios sino que por su desobediencia estarán expuestos a las consecuencias naturales por su pecado. Así paso, este remanente no atendió la palabra de Dios y dieron un paso atrás, regresaron a la misma tierra que los mantuvo como esclavos por más de 420 años, no solo desobedecieron a Dios sino que no creyeron en la Palabra que Dios les dio por medio del profeta Jeremías. No le dieron importancia a lo que Dios les advirtió, y esto sí es un asunto grave, cuando tomamos con indiferencia lo que Dios nos dice (43:2-13) y los castiga (44:11-17). Dios castiga la desobediencia, porque desobedecer no solamente es no hacer lo que Dios manda hacer sino que es incredulidad, es no creerle la Palabra que él ha dicho, y eso es pecado.

Mis apreciados consiervos y amigos de lectura de la Biblia, el mismo principio domina hoy. La orden de Dios es no dar un paso atrás, no mirar al pasado pecaminoso, al pasado que no agrada a Dios, al pasado que estuvo dominado por la incredulidad, inclinado hacia la maldad, y lleno de acciones de carnalidad. No dar un paso atrás para recordar el fracaso, el error, la derrota, los malos sentimientos, las acciones que hirieron su alma, su fe, su corazón, etc. No dar un paso a tras para añorar lo que le ha tocado dejar atrás por seguir a Jesús porque eso suena a reclamo, lamento, y deseo de volver atrás. No dar un paso atrás para negar la fe, para encontrarse con los deseos de la carne, con los amigos del pecado, con las cosas viejas del pasado, con las costumbres del mundo, con el estilo del viejo hombre, o con las relaciones no agradables a Dios. No dar un paso atrás cuando ya se ha avanzado en un proyecto, en una carrera, en un trabajo, en un negocio, en una empresa, en un sueño con la aprobación de Dios y que por un leve fracaso se piensa en dejar o dar un paso atrás, no, definitivamente no.

San Pablo dice, “No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto, sino que prosigo para ver si logro asir aquello para lo cual he sido asido por Cristo” “Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que esta adelante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Fil. 3:12-14). No mires ni a los lados, porque ninguno que toma el arado es bueno para arar si no mantiene su mirada fijamente hacia delante. Hebreos 12:2 “Puestos los ojos en Jesús el autor y consumador de la fe”. Significa poner la mirada en las cosas de arriba y no en las de la tierra.

No sé si tu estas a punto de retroceder en lo que ya has logrado, o de darte por vencido después de todo lo que has luchado, o estas pensando que no vale la pena seguir o luchar más porque sientes que no tiene sentido. Vamos, no des una paso atrás, ni siquiera para pensar o respirar o mirar, al contrario, “keep going” “press on” mantente en el camino, mantente en la meta, no te des por vencido, sigue adelante, la batalla es dura, pero tú eres un ganador, las ofertas del mundo son tentadoras, pero son ilusorias, no valen nada, pronto terminan, pero las que Dios te ofrece son permanentes, duran por toda la eternidad, nadie nos las puede robar ni destruir. Cree en Dios, cree en su Palabra, cree en sus promesas, cree en la vitoria, en el triunfo que Dios ya te dio cuando Cristo murió en la cruz. El te dijo “Ya eres un vencedor porque yo ya vencí”.

Di en oración a Dios lo siguiente: “Señor te prometo seguir adelante haciendo lo que tú me has dicho que haga y nada de lo que esta atrás, ni de lo que esta a los lados podrán apartar la mirada que he puesto en ti. Estoy seguro (a) que obedecerte, creer en ti, y creer en tu Palabra es la mejor manera para seguir siendo el triunfador que ya soy, gracias por hacerme un triunfador, en el nombre de Cristo, amen”. Romanos 8:28-35…. Jamás pienses en dar un paso atrás en la vida cristiana, ni en dejar tu relación con Dios o en dejar de hacer lo que Dios te ha mandado hacer, porque si lo haces, te expones al castigo de Dios asi como se los dijo al remanente que decidió desobecer al dar un paso atrás al regresar al Egipto que los oprimió por 420 años.

El costo de ser fiel

Día 238, Lectura de la Biblia en un año, Jeremías 36-38

Dr. Luis Gomez

Uno de los temas que he estado investigando desde hace dos años es sobre las paradojas en la vida cristiana, pero principalmente en la vida de los siervos del Señor. La meta de esta investigación es escribir un libro titulado “Lo que callamos los pastores”. Jeremías, identificado con el profeta llorón no solo porque se queja, sino porque sufre al ver la realidad de su nación, la realidad de su tierra, y la realidad del ministerio es quien le tocó vivir muchas de las paradojas ministeriales. Sin embargo, esto mismo le toca vivir al cristiano que se propone ser fiel a Dios y a su fe, porque le toca experimentar contradicciones, paradojas, criticas, rechazos, abandonos, oposición y adversidades en vez de bendiciones, apoyo, respaldo y alegrías.

Si hay un profeta que sufrió en el ministerio es Jeremías. Si usted recuerda, Jeremías fue escogido y apartado por Dios desde antes que naciera para ser profeta a las naciones con la peculiar misión de destruir, arrancar, arruinar y derribar, pero también para edificar y plantar. Su trabajo como profeta anticipaba sufrimiento, oposición y resistencia pero por parte de los extranjeros, y no se esperaba que la mayor oposición, rechazo y sufrimiento lo recibiría de su propia nación. Cuando un pueblo, una iglesia, una familia, un matrimonio o un cristiano no quiere aceptar ni reconocer la Palabra traída por el siervo de Dios, que en este caso es el profeta, lo más seguro que habrá oposición, sufrimiento, contradicciones, critica, rechazo para el enviado de Dios quien solo se ha limitado a decir lo que Dios le ha ordenado decir.

Jeremías simplemente dice lo que Dios le ha ordenado decir. El profeta debía pregonar un mensaje de juicio y castigo, pero a los judíos no les gusta que les señalen el error en que están, por lo tanto arremeten en contra del portador de este mensaje. ¿No es eso una realidad paradójica en la vida de muchos siervos de Dios, sean pastores, misioneros, maestros, evangelistas, u otros líderes? Cuando alguien que queriendo ser recto, justo, y obediente a lo que Dios manda que se haga le dice la verdad a otra persona, o le señala el error en que se encuentra, o le advierte de las consecuencias que pueden venir por la clase de vida que lleva, muchas veces es criticado, rechazado, desobedecido, aislado, señalado, y/o hasta amenazado.

Ser fiel a Dios y al mensaje a dar requiere estar dispuesto a pagar un costo alto. Lea Jeremías 38:3-4 donde es sentenciado a muerte por decirles lo que Dios había determinado, pero luego cambia la sentencia y lo echaron en una cisterna (38:9-10) con la intención de que muriera de hambre pero luego lo sacan y lo dejan en el patio de la cárcel, aun sigue preso (38:13) y Jeremías aun con todo lo que le ha pasado, se mantiene fiel y obediente a Dios al declarar el mismo mensaje (38:15-17), y lo dejaron en la cárcel hasta el siguiente día cuando se cumplió la palabra que él les dijo (38:28).

A esto se le llama fidelidad. Esto es lo que yo llamo paradojas o contradicciones, pues por ser fiel a Dios uno debe estar dispuesto a sufrir todo lo que sea necesario. Es la experiencia de José, Job, Daniel y sus amigos, Jeremías, Pablo y los apóstoles, quienes experimentaron el costo de la fidelidad con dolor, angustia, rechazo, abandono, critica, oposición, sufrimiento, e incomprensión. ¿Cómo puede una persona sin Cristo entregar su vida a él cuando sabe que a demás de apartarse de sus deleites y placeres, estará sometido a una vida de prueba, sufrimiento, crítica, rechazo, abandono e incomprensión? Esta es la parte profunda de las paradojas, que entre más fiel eres a Dios mayor es la oposición que tendrás, pero a mayor fidelidad más aprobación de Dios tienes, Dios es mayormente exaltado, glorificado, honrado, y ese es el fin de toda la vida, que Dios sea honrado aunque nos cueste la vida.

Sin embargo, deseo compartir esto que ha sido lo que yo he vivido. El rechazo, el abandono, la soledad, la incomprensión, las injusticias, la crítica, y la oposición que nos hace sufrir en la vida ministerial no es comparada en nada con la eternidad que nos espera donde el gozo, la paz, la bendición, la alegría y la tranquilidad jamás menguara, porque estaremos con Cristo para siempre. Así que, recordemos los que dice Jesús, “Mas bienaventurados sois cuando por mi causa sois vituperados”. Este es el verdadero evangelio, un evangelio de vida eterna pero que en el presente requiere entrega, y disposición a sufrir todo con tal de ser fiel a Dios, al ministerio, al evangelio, a la fe, a los valores, a las convicciones.

Jeremías aunque lloro con toda el alma por la injusticia, y el sufrimiento que le trajo el ministerio, jamás se hizo atrás, siempre fue fiel al decir el mensaje que Dios le encomendó decir. Esa es nuestra tarea, no solo de los pastores, sino de todos los miembros de la iglesia, no de estar en el grupo de los opositores, de los espectadores, señaladores o de los que se enojan porque se les predica un mensaje que les señala el error, sino de estar en el grupo de los que están dispuestos a sufrir, trabajar, servir, y a entregarse a Dios con compromiso, a pesar de la oposición, critica, rechazo, opresión, y abandono con tal de honrar a Dios con su fidelidad.

No sé en qué grupo estás tú, porque yo con seguridad se cual estoy. Sé que es difícil, y durante 26 años lo he experimentado, lo he vivido junto a mi familia, y si Dios me permitiera nacer nuevamente y me llamara al ministerio, volvería a escoger esta vocación ministerial, la de ser pastor, y estar en las iglesias donde me ha permitido pastorear y estar con las personas que me ha permitido ministrar, y lo haría con la misma intensidad, fidelidad, disposición, entrega. Solo le pediría más sabiduría a Dios para cometer menos errores. Escoger estar en el grupo donde estaba Jeremías, es lo que honra a Dios, pero se debe estar consciente que el costo es demasiado alto, se debe estar dispuesto a sufrir todo lo que sea necesario con tal de ser fiel y obediente a Dios.

Si quieres agradar a Dios con tu vida, debes estar en el grupo donde esta Jeremías, lo que significa estar dispuesto hasta morir con tal de ser fiel a Dios y a la tarea que se te ha encomendado. Morir para vivir, gozo en medio del dolor, a mayor fidelidad y entrega a Dios mas oposición, rechazo y abandono. A mayor abandono de los demás, más respaldo de Dios si le eres fiel. Si Dios está contigo, que importa lo que te venga en la vida, si al fin de cuenta, las paradojas o sufrimientos, pruebas, dificultades en el ministerio solo duran menos de cien años que comparado con la eternidad con Cristo, es casi nada lo que sufrimos por él.

Si Dios lo dice, es segura la Palabra

Día 237, Lectura de la Biblia en un año, Jeremías 33-35

Dr. Gomez Chavez

Uno de los versículos más conocidos por los cristianos es Jeremías 33:3 que dice: “Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñare cosas grandes y ocultas que tu no conoces”. Se lo he escuchado decir a pastores, maestros, oradores, a madres, padres, hermanos, jóvenes, y hasta niños. Se repite más en circunstancias difíciles o cuando se desea dar ánimo o motivación a alguien para creer en Dios. Es un texto que sirve de fuerza, aliento, ánimo, solo que se debe entender lo que tiene de fondo contextual.

Jeremías escribe este versículo por inspiración de Dios para animar, fortalecer y motivar a un pueblo que está en esclavitud bajo el régimen de Nabucodonosor. El asunto es más serio de lo que uno se puede imaginar. El pueblo de Israel, tanto las diez tribus del norte como las dos tribus del sur han sido castigadas por su desobediencia, y para eso utilizo primero a los asirios para llevar cautivos a las 10 tribus del norte y luego el mismo Nabucodonor los tomo cautivos a los asirios incluyendo las 10 tribus de Israel, quedando solo las dos tribus de Judá, las que en el 605, 598, 586 las termino de ponerlas en cautiverio el mismo imperio Babilónico. De manera que cuando Jeremías les escribe este maravilloso texto, los judíos están en uno de los peores momentos de sus vidas, en cautiverio, con limitaciones, sin sus propias casas y comodidades.

Sin embargo, bajo estas circunstancias de penuria, Dios les dice, les invita, les anima, les exhorta a clamar a Dios con todo su corazón, porque él está decidido a responderles y mostrarles cosas que aun no han visto. Al pensar en esto, yo pensé, ¿Qué les faltaba ver más los hijos de Israel que Dios no les haya mostrado con su poder? Los saco de Egipto, ante sus ojos abrió el mar rojo, les dio comida durante 40 años en el desierto, les puso una nube todos los días para que el sol no los quemara, por la noche la luna no dejo de alumbrarles, les protegió de los animales, les dio agua para ver todos los días, los vestidos, los zapatos no se envejecieron, los guardo y los protegió de enemigos vecinos, sano enfermos, levanto a caídos, les dio los mandamientos, hizo muchos otros milagros frente a ellos. ¿Qué más necesitaban ver ellos para creer en Dios?

Con todo, después de estar en sus propias casas, haber presenciado innumerables milagros bajo el ministerio de profetas, jueces, sacerdotes, hoy están en cautiverio, están limitados a todos, y sometidos a un nuevo estilo de vida al cual no están ya acostumbrados. Recuerden que cuando tuvieron jueces, siempre desobedecieron y clamaron cuando estaban en esclavitud por causa de sus pecados. Hoy es el mejor momento para que vuelvan a creer en la Palabra de Dios y es él quien les dice, “Clama a mí y yo te responderé”. Seguramente habían clamado a otros dioses, o habían clamado mal y por eso no tenían respuesta. Pero ahora les dice “Y les enseñare cosas grandes y ocultas que aun no conocen” y esto si me imagino que despertó en ellos la curiosidad, ¿Qué cosas grandes y ocultas nos puede dar?

Para todos, necesitamos volver a creer en Dios y su palabra, porque para él no hay nada imposible, todo lo puede hacer y ante nuestros ojos puede hacer hasta lo que nos es imposible. El asunto es que debemos volver a clamar a Dios con fe, no dudando, sino con mucha fe, sabiendo que él puede y que aun no ha mostrado todo lo que él puede hacer. ¿Qué es lo oculto para Israel? Ya les dijo que los traerá a su tierra después de los 70 años, ya les dijo que nunca quedara vacio el trono de David, pero que vendrá un rey que traerá justicia y salvación, y eso es lo nuevo, porque acá se está profetizando la venida del Mesías Rey, el único que dará libertad a todos ellos. Pero aun más, la profecía es de doble cumplimiento porque hace referencia a la liberación milenial por medio del Mesías, y no solo al nacimiento de Jesús, sino a la coronación de Jesús como rey después de la gran tribulación.

Hágamelo más fácil. ¿Qué cosas necesita usted que Dios le responda hoy? Si son cosas pequeñas, no se preocupe, si son cosas grandes, para Dios no hay nada imposible, si son cosas que jamás ha visto con sus propios ojos, Dios dice que desea mostrarlos. Solo que es necesario tener mucha fe en Dios, creerle su Palabra, porque si Dios ha dicho alguna palabra, téngalo por seguro que eso se cumplirá, Dios lo hará. Vamos, si hoy esta triste, solo, desilusionado, en desencanto, no sabe qué hacer, ya no puede más, repita este texto, y créale a Dios, clame con todas sus fuerzas, y dígale a Dios con todo su corazón que necesita su ayuda, y con seguridad él le ayudará.

Ore mi amigo (a) o hermano (o), Dios no ha terminado aún su trabajo en usted, solo confíe en él, y deje que él haga su trabajo. Dios tiene grandes cosas para usted, solo que debe creerle y obedecerle.

Pacificadores de corazón

Día 235, Lectura de la Biblia en un año, Jeremías 29-30

Dr. Luis Gomez Chavez

La Biblia dice que desde que aceptamos a Cristo como nuestro Salvador, la paz de Dios fue derramada en nuestros corazones. Luego que hemos sido declarados embajadores del Príncipe de paz. Por consiguiente, nuestro trabajo principal en la tierra es representar al Dios de paz que da paz verdadera. Los cristianos somos los promotores, impulsores y los modeladores de la verdadera paz. Por consiguiente, en todo lugar, en toda circunstancia, bajo toda situación, debemos se pacificadores de corazón, pacificadores de verdad.

¿Cómo ser promotores de la paz en un país extranjero, bajo un sistema de leyes diferentes, y donde estamos absorbidos por una cultura que desconoce el verdadero significado de la paz que Dios da? Jeremías 29.7-11 hace esta declaración a los judíos que fueron llevados cautivos a Babilonia, quienes están sometidos a otro tipo de leyes y obligaciones. Sin embargo, Jeremías les advierte que ellos son promotores, impulsores y representantes de la paz, por lo tanto, son exhortados a practicar la paz, a distribuir paz, a impulsar la paz, y cultivar una cultura de paz verdadera basada en la relación con Dios.

En el Nuevo Testamento encontramos que San Pablo nos exhorta a cultivar la paz, a ser promotores de la paz, a ser embajadores de la paz. En cuanto sea posible, si esta de nuestra parte, estad en paz con todos. ¿No es esto difícil para todo ser humano tomando en cuenta lo diferentes que somos en todo? Una cosa es que busquemos la paz, otra es que impulsemos la paz, y aun más, que seamos pacificadores. En otras palabras, esto significa tener buenas relaciones con los demás, impulsadores de la amistad, evitar todo aquello que causa conflicto, no crear pleitos, no ser legalistas hasta el punto de desesperar a las otras personas, sino evitar hasta donde sea posible las fricciones, y las dificultades.

La tarea que tenemos es delicada pero hermosa. Uno representar al Príncipe de Paz, que nos ha enviado a anunciar buenas noticias de paz. La paz acá es la misma palabra shalom que entre otras traducciones esta salud, bienestar, armonía, y hasta salvación. Por ejemplo, Melquisedec, el que se le apareció a Abraham en Génesis, entre otros nombres tenía que era el rey de Salem, rey de paz, shalom, porque era la aparición misma del Jesucristo el Rey que trae paz y salvación a la humanidad. Lucas dice que el nombre del niño quien nació en Belén es Emanuel, Dios con nosotros, quien vino para dar salvación a los judíos. Luego en Hechos 4:12 dice que en ningún otro hay salvación solo en Jesús.

Así que, usted y yo somos representantes del rey de paz, somos heraldos del rey con un mensaje de salvación y de paz, pero que en la vida diaria somos los responsables de cultivar una cultura de paz, armonía, y bienestar. Propóngase impulsar y crear un ambiente de paz, amistad, buenas relaciones y acuerdo en todo y con todos, y la vida será más agradable y bella. En cuanto dependa de ti, estad en paz con todos…

El costo de decir la verdad

Día 234, Lectura de la Biblia en un año, Jeremías 25-28

Dr. Luis Gomez Chavez

He enseñado que decir una verdad a medias es equivalente a decir una mentira. Decir una afirmación que contiene un 99.9 % de verdad y un 0.01% no es verdad, esto equivale a decir una verdad incompleta que se llama mentira. La verdad siempre es 100% verdad. La mentira siempre es lo opuesto a la verdad no importa que la afirmación contenta 50% de verdad y 50% mentira. Nosotros los cristianos somos llamados a ser 100% verdaderos, porque dice la Biblia que si uno infringe una parte de la ley, entonces ha infringido toda la ley.

Muy sorprendido termine un día domingo cuando pregunte a la congregación sobre cuántos mentirosos habían ese día en la casa de Dios, pues ante mis ojos muchas manos alzadas. Creo que yo no me explique bien, pues no debe ser así, el cristiano no debe decir mentira, sino solo la verdad. Cuando un cristiano tranquilamente acepta que dice mentiras o que es mentiroso está tomando fríamente este pecado, porque decir mentira es pecado, así dice la Biblia, no mentirás. Es probable que no me entendieran, pero me preocupa la conclusión a la que se llega, tal es así, que el decir una mentira hoy y otra pasado, o de vez en cuando, es algo normal. Ninguno se sorprende que cuando sea necesario o lo amerite el caso se pueda mentir, a tal grado que, el decir mentiras se ha vuelto parte de la cultura.

Este tipo de razonamiento, que decir no siempre la verdad es cultural, y que no es tan pecaminoso, es totalmente incorrecto, desagrada a Dios, va en contra de la identidad nueva del cristiano. La Biblia nos ordena a decir siempre la verdad, a vivir siempre en la verdad, a enseñar a los demás a decir y vivir la verdad. Una iglesia, una familia, un matrimonio y un individuo que tiene como su máxima característica decir la verdad, vivir la verdad, y enseñar la verdad, no solo da buen testimonio ante el mundo, contribuye a que el evangelio sea creado como un mensaje que cambia, y por sobre todo, Dios es honrado.

Solo que decir la verdad, vivir la verdad y enseñar a decir y a vivir siempre la verdad tiene un costo demasiado alto, pero es necesario que todos los cristianos lo paguemos, porque es nuestro deber. Debemos no solo tener el carácter y la determinación para decir la verdad en todo tiempo, sino que es nuestra obligación y responsabilidad hacerlo aun cuando esto implique rechazo, critica, oposición, y hasta represalia. La verdad a veces es dolorosa en el presente, en el momento que se nos dice, pero luego es medicina, descanso y felicidad. ¿Está dispuesto usted no solo a decir la verdad cuando sea necesario decirla, sino a ser transparente, genuino, y sincero en todas sus relaciones, en todo lo que es y hace? Lo anterior le da autoridad moral para exigir que los demás sean genuinos y veraces.

El profeta Jeremías fue escogido, preparado y enviado por Dios para ser profeta a las naciones, o sea de Judá mientras estaba como esclavo entre las naciones paganas. Su tarea consistió en arrancar, destruir, pero luego restaurar y edifica. Su misión específica era decir la verdad a los judíos sobre lo que Dios tenía planeado hacer contra ellos por su desobediencia y rebeldía. Usted puede comprobar que decir esta clase de cosas, que es la verdad absoluta de Dios, pero que es anunciar dolor, sufrimiento, aflicción para Judá por causa de su pecado, no es nada agradable, y Jeremías tenía que hacerlo (Je. 26:4-6) y estar preparado ante la reacción del pueblo (Jer. 26:7-12). Jeremías sufrió represalia, prisión, insultos, rechazo, y hasta fue puesto en una fosa como prisionero por decir la verdad que Dios le mando que dijera. Decir la verdad requiere valor, obediencia, carácter, determinación, y un sentido de honestidad la cual no le permite dejar de decir dicha verdad aun cuando sabe que causara dolor, aflicción y hasta confusión.

La recomendación siempre es a decir la verdad con amor, sabiduría, tacto, pero sin dejar de decir toda la verdad. A veces por temor a que no se enoje la otra persona, adornamos la verdad con otras cosas y al final no tenemos el valor de decir lo que se debía de decir, porque la verdad quedó tan cubierta con tantas palabras que no fue entendida. La verdad se debe decir sin tapujos, pero siempre con amor, sabiduría, tacto, y honestidad. Alguien ha dicho que es mejor decir la verdad ahora aunque duela hasta lo más profundo del corazón en vez de callarla toda la vida con tal de no causar dolor, eso no es correcto, porque la verdad amerita ser dicha cuando debe decirse. Jeremías les dijo a los de Judá que Dios los castigaría por su desobediencia, y será castigada por otras naciones, y ellos se enojaron, pero dos costos tuvieron, enojarse y luego reconocer que Dios tenía razón, y reconciliarse con él.

Mis amados, no permitamos que la cultura de la mentira nos controle o la costumbre de decir la verdad a medias, o la de disfrazar la verdad con muchas palabras sea lo normal en nuestras conversaciones, porque esto en vez de dar buen testimonio, nos mancha, y a Dios le desagradamos. Hagamos como Jeremías, él dijo la verdad tal como Dios le ordeno, y aunque sabía que su gente se iba a enojar, no por eso dejo de decirles la misma verdad. Cuando hay pecado, debemos señalarlo, y esconderlo o ser cómplice del que peca, es lo mismo que mentir. De inmediato, venga al trono de Dios a pedirle perdón cuando usted diga hasta la más pequeñita mentira, aun cuando la mentira tenga buenas motivaciones.

No se acomode a decir mentiras innecesarias y no se acostumbre a decir mentiras necesarias, la mentira en todo tiempo, bajo cualquier circunstancia, y por la razón que sea, es y sigue siendo mentira. Y como decir mentira dice la Biblia que es pecado, debemos pedir perdón a Dios, y no acomodarnos a que se dice por costumbre o cultura, porque en todo caso es pecaminosa.