Lo que incluye la Gran Comisión

Dr. Luis Alberto Gómez Chávez

Ha existido debate en cuanto a la definición de lo que incluye la Gran Comisión que Jesús pronuncio antes de mudarse a su morada celestial. Muchos han fraccionado, limitado y/o abusado de la gran comisión. Unos se han inclinado a lo social, otros a lo espiritual, y otros más han hecho un balance. Pensándolo lo bien, ¿Qué incluye la Gran Comisión? Jesús dijo: “Id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándoles en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo; ensenándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días; hasta el fin del mundo.”(Mt. 28:19-20). Marcos 16:15- dice: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”.

En ambos pasajes es claro lo que incluye la Gran Comisión, Jesús ensenó y ordeno a los discípulos y nos ordena a todos sus hijos, predicar el evangelio a toda persona de toda raza, lengua y nación del mundo. ¿Qué tiene en mente Marcos cuando cita las palabras del Maestro? Cumplir la GC es presentar el evangelio al no cristiano de una manera completa y clara a tal punto pueda conscientemente rechazar o aceptar a Jesucristo o agrega la conservación o consolidación del nuevo convertido hasta que pueda reproducir el proceso, como discípulo de Jesús.

Parece que en Mateo, la GC es mas descriptiva al decir que la tarea es “hacer discípulos” en todas las naciones del mundo. ¿Cómo se hacen discípulos? Evangelizando, bautizando y enseñando hasta que el nuevo creyente obedezca a Jesús y pueda repetir lo aprendido. Esto significa que los maestros, pastores, teólogos, escritores y los miembros de las iglesias que evangelizan, enseñan y discipulan, están haciendo el mismo trabajo que todo misionero hace en el campo de las misiones.

En fin, no hay mucha diferencia entre el trabajo que un misionero autentico hace con lo que hacen los pastores, maestros, teólogos y escritores, pues todos hacen el trabajo que Dios les ha mandado hacer, cumplir la gran comisión. La diferencia es que Dios llama a hombres y mujeres a dejar su tierra y su parentela para ir a otras tierras extrañas para predicar el evangelio, que en esencia es hacer discípulos de Jesús. Los misioneros que no hacen esto, no son misioneros legítimos, son otra cosa pero no misioneros. En las iglesias locales, si no hay personas capaces de dejar su lugar para ir a otras tierras, en su lugar deben cumplir esta tarea misionera, predicar el evangelio y hacer discípulos. Pero también, según posibilidades y compromiso con la Gran Comisión, la iglesia debe orar, y ofrendar para aquellos que están en otras tierras.

Todos, en cierta forma somos misioneros. Todos hemos sido enviados a predicar el evangelio, unos en su tierra y otros en otras tierras. Lo importante es cumplirla la misión, sea que tenga el titulo de misionero o no. El estilo novotestamentario es simple, Pablo iba de pueblo en pueblo predicando el evangelio, luego consolidaba a los convertidos, formaba una iglesia, luego se iba a otro pueblo para hacer lo mismo. De tiempo en tiempo, regresaba a esos lugares para reforzar la fe de los creyentes. Esa es la tarea de un misionero, de un pastor, de un evangelista, de un escritor, de un teólogo y de un maestro; hacer discípulos de Jesucristo.

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La extinción de los gigantes

Dr. Luis Alberto Gómez Chávez

Aun siendo joven, uno de mis mejores pasatiempos era escuchar “cuentos” por la radio nacional. Era capaz de pasar horas y horas escuchando cuentos como “La caperucita roja” “El patito feo” “La cenicienta” “Los tres cochinitos” “El pastorcito mentiroso” “La gallina que pone huevos de oro” “Hans y los frijoles mágicos” “Aladino y los 40 ladrones”. Es un tipo de literatura que permite la ficción, el drama, la comedia, la parodia, la imaginación y el invento. Es por ello que se usa las fabulas, anécdotas, leyendas, cuentos, hasta novelas y cuentos, etc.

Uno de los cuentos que me encanta es el de Hans y los frijolitos mágicos por el final revelador que este tiene. Así comienza…Había una vez un terrible ogro que le robó a un mercader todo su dinero. Cuando el mercader murió, su viuda y su hijo, el pequeño Hans, quedaron muy pobres. Cierto día, la mamá del pequeño Hans le ordenó que llevara su única vaca al mercado, y que tratara de que le dieran por ella la mayor cantidad de dinero posible. El pequeño Hans obedeció y, en el camino, se encontró con un extraño viejito de acento irlandés y una larga barba blanca. El anciano llevaba en una bolsita de cuero amarrada a su cinturón, unas cuantas semillas de colores. El viejito le ofreció las semillas de frijol a cambio de la vaca, diciéndole que eran semillas mágicas. Al pequeño Hans le pareció una buena oferta y aceptó.

Hans tuvo problemas con su mamá quien tiro los frijoles por la ventana los que para sorpresa de Hans al despertar se volvieron en una planta tan alta que llegaba hasta las nubes donde vivía un gigante que tenía una gallina que ponía huevos de oro. La mamá del gigante aconsejo a Hans que tomara todo el oro y la gallina porque este gigante era quien robo el dinero a su padre después de matarlo. Hans hizo tal como le aconsejo la mujer gigante, y al llegar a la tierra corto la planta de frijol trayendo abajo al gigante que allí murió.

Parece que así como en los cuentos, en la vida real, los gigantes se mueren. El 5 de octubre del 2011, se apago la vida de uno de los gigantes de la tecnología, Steve Jobs. Pero no solo la tecnología y la ciencia están perdiendo gigantes, sino la ciencia, industria, teatro, literatura, cine, teología, e iglesias, etc. La ley de la vida establece que el hombre nace, crece, desarrolla y muere. Ningún gigante puede contra esta ley que solo Dios controla. Es por ello que, los gigantes que no reconocen que la única fuente de la inmortalidad está en Jesús, por muy gigantes que sean, una vez lleguen la cuarta parte de la ley de la vida, nada pueden hacer para evitarla.

Sin ninguna duda, para ser un gigante en la vida no se necesita tener estatura alta como la de Goliat, brazos y piernas fuertes como Schwarzenegger, y genio como Steve Jobs; solo se necesita tener fe en Dios como el tamaño de un grano de mostaza. ¡Todos podemos ser gigantes! Noé y Abraham fueron hombres comunes, expuestos a las mismas pasiones, tentaciones, deseos y debilidades como nosotros, pero con una virtud que les llevo a pensar, sentir y actuar según el deseo y la voluntad de Dios. Lo que hace gigante a un cristiano no son los años de vida cristiana, ni la cantidad de ministerios desarrollados, ni la fidelidad en asistir a los cultos, es mas ni las ofrendas que da, sino la manera como le cree a Dios por medio de una relación de santidad, obediencia y de compromiso con El.

¿Dónde están estos gigantes entregados a Dios? ¿Se han extinguido o nos hemos extinguido?

¿Yo quiero ser grande?

Dr. Luis Alberto Gómez Chávez
10-16-11
¡Las cosas cambian! Muchas veces se escucha a niños decir que les gustaría ser grandes y a grandes decir que les gustaría ser jóvenes. Es más, no solo mis hijos, sino yo mismo jugué mas de alguna vez a “papá y la mamá”. Estas son expresiones que declaran el deseo de ser grande. También se escucha a grandes que añoran con nostalgia la juventud con deseo del volver a ser pequeños.

Sin embargo, la expresión “yo quiero ser grande” no solo revela el deseo sincero e inocente de los pequeños por ser grandes, y el de los grandes por volver a la niñez o juventud. Pero esta frase asume dos intenciones mas, la primera, el deseo sincero y sano por superarse, y la segunda, una búsqueda enfermiza por llegar a ser grande sin importar los medios y los costos.

La Biblia habla de ambas intenciones o motivaciones pero respalda la primera, donde la persona anhele, aspire, y busque superarse, ser grande, profesional, jefe, estar en los mejores lugares, siempre y cuando esta motivación este aprobada por Dios y respaldada por el Espíritu. Pablo escribió que deseaba alcanzar la meta, ser perfecto, parecerse a Jesús, seguir las pisadas del más grande ejemplo en la tierra, Jesús (Fil. 3:7-17, 1 Co. 11:1). El dice, busquen y anhelen los mejores dones espirituales, pero practiquen y vivan lo mejor, el amor (1 Co. 13:13, 14:1). No es malo anhelar ser grande siempre y cuando no perdamos de vista la filosofía de vida que nos hace triunfar, la humildad, la honradez, la sencillez, el seguir siendo nosotros mismos.

Por el otro lado, existe la pretensión, motivación o búsqueda desmedida por llegar a ser grande sin importar que otros sufran, pierdan, y queden burlados, si al final se logra lo deseado, esperado y buscado. Dios está en contra de esta pretensión soberbia, egocentrismo, y autosuficiencia y la aborrece. Esta es la pretensión que no debe tener cabida en el corazón del cristiano, ni en la fraternidad de la iglesia pues esta en vez del triunfo deja fracaso o derrota.

Con esta segunda actitud Goliat reto y desafío al pueblo de Israel y blasfemo contra Dios. Su arrogancia, autosuficiencia, soberbia y sentido de grandeza lo llevaron no solo a la derrota sino a la muerte. El rey Nabucodonosor sintió lo mismo, tan grande era su orgullo y autosuficiencia que Dios lo humillo hasta hacerlo vivir como un animal. Escuche las sabias palabras en la Biblia, “El que se humilla será engrandecido mas el que se engrandece será humillado”. La grandeza según Dios está en la humildad de quien es como un pequeño, un niño y un siervo que no busca grandeza sino solo complacer a su Amo”. Así que, la grandeza de todo cristiano esta en dejar que Cristo sea grande en nuestra vida (Jn. 3:30). ¡Anhele ser grande en Cristo viviendo como un niño sincero, siervo obediente, y un discípulo entregado!

¿Yo quiero ser grande?

Dr. Luis Alberto Gómez Chávez

¡Las cosas cambian! Muchas veces se escucha a niños decir que les gustaría ser grandes y a grandes decir que les gustaría ser jóvenes. Es más, no solo mis hijos, sino yo mismo jugué mas de alguna vez a “papá y la mamá”. Estas son expresiones que declaran el deseo de ser grande. También se escucha a grandes que añoran con nostalgia la juventud con deseo del volver a ser pequeños.

Sin embargo, la expresión “yo quiero ser grande” no solo revela el deseo sincero e inocente de los pequeños por ser grandes, y el de los grandes por volver a la niñez o juventud. Pero esta frase asume dos intenciones mas, la primera, el deseo sincero y sano por superarse, y la segunda, una búsqueda enfermiza por llegar a ser grande sin importar los medios y los costos.

La Biblia habla de ambas intenciones o motivaciones pero respalda la primera, donde la persona anhele, aspire, y busque superarse, ser grande, profesional, jefe, estar en los mejores lugares, siempre y cuando esta motivación este aprobada por Dios y respaldada por el Espíritu. Pablo escribió que deseaba alcanzar la meta, ser perfecto, parecerse a Jesús, seguir las pisadas del más grande ejemplo en la tierra, Jesús (Fil. 3:7-17, 1 Co. 11:1). El dice, busquen y anhelen los mejores dones espirituales, pero practiquen y vivan lo mejor, el amor (1 Co. 13:13, 14:1). No es malo anhelar ser grande siempre y cuando no perdamos de vista la filosofía de vida que nos hace triunfar, la humildad, la honradez, la sencillez, el seguir siendo nosotros mismos.

Por el otro lado, existe la pretensión, motivación o búsqueda desmedida por llegar a ser grande sin importar que otros sufran, pierdan, y queden burlados, si al final se logra lo deseado, esperado y buscado. Dios está en contra de esta pretensión soberbia, egocentrismo, y autosuficiencia y la aborrece. Esta es la pretensión que no debe tener cabida en el corazón del cristiano, ni en la fraternidad de la iglesia pues esta en vez del triunfo deja fracaso o derrota.

Con esta segunda actitud Goliat reto y desafío al pueblo de Israel y blasfemo contra Dios. Su arrogancia, autosuficiencia, soberbia y sentido de grandeza lo llevaron no solo a la derrota sino a la muerte. El rey Nabucodonosor sintió lo mismo, tan grande era su orgullo y autosuficiencia que Dios lo humillo hasta hacerlo vivir como un animal. Escuche las sabias palabras en la Biblia, “El que se humilla será engrandecido mas el que se engrandece será humillado”. La grandeza según Dios está en la humildad de quien es como un pequeño, un niño y un siervo que no busca grandeza sino solo complacer a su Amo”. Así que, la grandeza de todo cristiano esta en dejar que Cristo sea grande en nuestra vida (Jn. 3:30). ¡Anhele ser grande en Cristo viviendo como un niño sincero, siervo obediente, y un discípulo entregado!