Tercer elemento de la edificacion de la Iglesia, Parte IV

¿Cómo amar a Dios?

Nadie puede decir que ama a Dios si no ha creído en Jesús (1 Juan 4:7-8). Jesús dijo: “El primer y gran mandamiento es amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu mente, con toda tu alma y con todas tus fuerzas” (Mr. 12:28-29). El amor no sólo es una emoción, sino una decisión; no es sólo un afecto, sino una convicción. El amar a Dios es el Gran Mandamiento de toda la Biblia (Éx. 20:1-7; Dt. 10:12-13; Jo. 22:5), se demuestra no por lo que sentimos sino por lo que creemos, es una acción que se hace por obediencia. El amor en la iglesia no se debe practicar solo por el afecto, sentimiento y buena relación sino por lo que creemos, lo que sabemos y lo que obedecemos. Lo que pide Dios de nosotros es que le amemos. Lo que hará la diferencia en este mundo es el amor de Dios en nuestras vidas. Para Jesús, el amar a Dios es lo más importante que debemos cumplir. 1 Corintios 13:13 dice que el amor es lo principal en lo que la iglesia debe invertir más. El mayor interés de la iglesia más que ganar al mundo para Cristo es amar a Dios con toda su intensidad.
El amor es la actitud normal que todo verdadero y saludable hijo de Dios debe manifestar hacia Dios antes que cualquier otra cosa en esta vida. Esto es normal porque ya hemos recibido ese amor divino, lo tenemos dentro de nosotros, nacimos de su amor (Ro. 5:5; Jn 1:12). Y el amor de Dios en nosotros es lo más grande, visible, atractivo y transformador que tenemos (1 Juan 3:1). Este amor hacia Dios debe incluir toda nuestra personalidad.
 Nuestro amor hacia Dios debe partir desde el corazón.
El corazón es el órgano visible y palpable de la vida del ser humano. Los dos testamentos en la Biblia hablan del corazón como “el centro de la vida”. Este se encarga de enviar la sangre a todos los rincones del organismo. La Biblia dice que la sangre es la vida tanto de los humanos como de los animales (Lv. 17:11). Por tanto, siendo el corazón el depósito de la sangre y la sangre la vida, debemos amar a Dios con la vida y con la sangre.
Cuando recibimos a Cristo en nuestro corazón por el precio de su sangre y el amor de Dios llega al centro de la vida, tal acontecimiento causa un cambio maravilloso, y como resultado, hoy, cada cristiano debe vivir agradecido con Dios. Dios da todo su amor para salvar al hombre de la muerte y él espera que el hombre le ame por toda su vida (Jn.3:16; 1 Jn. 3:16). Cuando una persona no ama a Dios, su corazón está sucio y no es feliz, pero cuando ama, vide mejor.
 Nuestro amor hacia Dios debe incluir la mente.

Dice la Biblia que todo aquel que ha recibido a Dios tiene la mente de Cristo (1 Co. 2:16). Nuestra mente debe estar en constante renovación y comunicación con el Espíritu (Ro. 12:2). Cada pensamiento debe nacer del corazón controlado por Dios. Amar a Dios con la mente significa amarlo con los pensamientos emitidos del corazón. De tal corazón tal es la mente y de tal mente tales son los pensamientos.

Si el corazón está limpio, la mente tendrá limpios pensamientos. Si el corazón ama a Dios, la mente pensará todo lo que agrada a Dios. Para que la mente piense, medite, y se goce en lo que es bueno, el corazón debe estar lleno de la Palabra de Dios. La mente es el asiento de los pensamientos que nacen del corazón. Si deseamos amar a Dios con la mente, debemos permitir que el Espíritu Santo ejerza su fuerza y control sobre nosotros para llenarnos de todo lo que agrada a Dios.

 También nuestro amor hacia Dios es con el alma.

El alma es el asiento de las emociones y es con la cual nos comunicamos con Dios. Es amar a Dios con la sustancia abstracta, espiritual, emocional e inmortal. Viene a ser como la respiración del ser. El alma como la vida es el principio que impulsa o anima a la sangre. El alma brota del espíritu y existe por voluntad de Dios (Job 33:4) “El Espíritu de Dios me hizo, es decir ordenó la existencia del alma, y el soplo del Omnipotente me dio vida (es decir puso energía y fortaleza al alma)”. Así que, amar con el alma es amar a Dios con cada latido del corazón, en cada respiración, con pasión, deseo, apetito, con todas las emociones, con toda manifestación que brota del alma. Mientras respiramos amemos a Dios, mientras sentimos amemos a Dios, mientras pensamos amemos a Dios y mientras existamos amemos a Dios.

 Además, nuestro amor hacia Dios incluye todas las fuerzas de la vida.
¿Qué quiere decir amar con todas tus fuerzas? Es amar con las fuerzas que rutinariamente emplean las personas para vivir y con las fuerzas de reserva que sólo son usadas en casos de emergencia o especiales. Dios es especial y merece que le amemos con todas las fuerzas. Esta es una acción integral y totalitaria porque se está usando “todas” como un adjetivo absoluto y completo. Además, el verbo está en modo imperativo que indica una orden que atenderse.

Resumen: Debemos amar a Dios porque lo necesitamos para vivir, porque es la virtud de mayor preeminencia en la vida cristiana e incluye toda nuestra personalidad. ¿Ya tiene usted el amor de Dios? ¿Está disfrutando esta dimensión del amor? ¿Se siente amado por Dios y que está amando a Dios? Si le amamos, obedezcamos su Palabra (Jn. 15:10).
Existimos para Amar a Dios.

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